Amaia lleva el grito por la vivienda hasta las manos de Pedro Sánchez

Amaia Romero subió al escenario para recoger un premio y terminó protagonizando una imagen política inesperada. Durante la gala de los Premios Vanguardia en Barcelona, la cantante entregó personalmente a Pedro Sánchez un cartel relacionado con el llamado “decreto Maricarmen”, la reivindicación surgida después del desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años. Sánchez recibió el cartel, sonrió y posó con él ante las cámaras, según la información publicada por 20minutos.

El gesto duró apenas unos segundos, pero llega en un momento especialmente sensible. Maricarmen fue desahuciada el pasado 23 de septiembre de la vivienda del barrio madrileño de Retiro en la que había residido durante 71 años. La mujer tuvo que abandonar el inmueble en camilla y fue trasladada al hospital después de que centenares de personas intentaran impedir el lanzamiento.

Desde entonces, su nombre ha dejado de representar únicamente un caso particular. Las protestas se extendieron a distintas ciudades y el sábado una manifestación recorrió Madrid para reclamar medidas sobre vivienda. Parte de los participantes permaneció posteriormente acampada en la Puerta del Sol, donde organizaciones de inquilinos han reclamado, entre otras medidas, contratos indefinidos, límites a los precios y una moratoria de determinados desahucios.

Cuando una pancarta llega al poder

Ahí adquiere otra dimensión la aparición de Amaia. La cantante no pronunció un discurso político ni convirtió la entrega de su Premio al Talento Joven en un mitin. Eligió algo mucho más visual: llevar una de las consignas que circulan en la calle directamente hasta el presidente del Gobierno.

El denominado “decreto Maricarmen” no es únicamente una expresión surgida alrededor de las protestas. La propia Maricarmen pidió desde el hospital a Sánchez que el Consejo de Ministros aprobara un decreto que sirviera como primer paso para modificar el sistema que permitió su desahucio. El Ejecutivo trabaja en un real decreto ley sobre vivienda, pero su contenido está sometido a negociaciones con los distintos grupos parlamentarios y existen diferencias relevantes entre ellos sobre las medidas que debería incorporar.

Por eso la fotografía de Amaia y Sánchez contiene una paradoja interesante. El presidente recibe sonriente una reivindicación que, al mismo tiempo, interpela directamente a su Gobierno. Sánchez había anunciado públicamente que el Ejecutivo trabajaba contra reloj para llevar el decreto al Consejo de Ministros, mientras sus socios mantenían posiciones diferentes sobre cuestiones como la protección frente a los desahucios, los incentivos fiscales o la regulación del alquiler.

Amaia tampoco es la única figura de la cultura que se ha acercado a las movilizaciones. Actores, músicos y comunicadores han expresado públicamente su apoyo a las protestas durante los últimos días. La vivienda ha conseguido así algo que pocas cuestiones económicas logran: salir de las estadísticas para instalarse en la conversación cultural y generacional.

El caso Maricarmen explica buena parte de ese fenómeno. Una mujer de 87 años saliendo en camilla de la casa donde había vivido prácticamente toda su vida ofrece una imagen mucho más difícil de abstraer que cualquier gráfico sobre alquileres. Su desahucio desencadenó concentraciones en 12 ciudades y terminó convirtiéndose en referencia de una movilización que reclama cambios más amplios en las políticas de vivienda.

Ahora una de esas consignas ha pasado de una manifestación a una gala y de una pancarta a las manos del presidente del Gobierno. Eso no determina qué medidas deben aprobarse ni garantiza que exista acuerdo político para hacerlo. Pero demuestra hasta qué punto la vivienda ha desbordado ya el terreno estrictamente económico. Cuando una cantante recoge un premio y decide utilizar esos segundos para hablar de quién puede quedarse en su casa, el problema hace tiempo que dejó de caber únicamente en las páginas de economía. @mundiario