En el fútbol actual, renovar a un entrenador antes de conocer cómo responderá su equipo en Primera División es casi una declaración de intenciones. El Deportivo lo ha hecho con Antonio Hidalgo, ampliando su contrato hasta 2028 justo antes del regreso a la máxima categoría.
La decisión no garantiza que el técnico vaya a completar ese ciclo, porque el fútbol difícilmente respeta los contratos cuando los resultados se tuercen. Pero sí revela algo importante: el Deportivo quiere intentar construir alrededor de una idea y no volver a caer en la lógica de la improvisación. Y ahí comienza el verdadero desafío de Hidalgo.
El entrenador catalán consiguió devolver al conjunto coruñés a Primera después de ocho años de ausencia y ahora afronta una dificultad completamente diferente. En Segunda, el objetivo era alcanzar el ascenso. En Primera, cada punto tendrá un valor distinto y cada error será amplificado por rivales con mayor experiencia, plantillas más profundas y recursos superiores.
La cuestión ya no es si Hidalgo sabe ascender, la pregunta es si sabe consolidar. El Deportivo necesita un entrenador para una etapa, no para una temporada
La historia reciente del Deportivo ofrece suficientes argumentos para entender por qué la continuidad de Hidalgo puede ser relevante.
El club pasó en pocos años de disputar la Champions League a descender, atravesar Segunda División y llegar incluso a la tercera categoría del fútbol español. Ese recorrido no puede explicarse únicamente por decisiones de un entrenador, pero sí refleja una dificultad para mantener proyectos deportivos estables durante largos periodos.
El Deportivo ha regresado a Primera con una plantilla reforzada y una inversión considerable, pero el dinero por sí solo no construye una identidad. El entrenador debe convertir nombres, expectativas y recursos en un equipo reconocible.
La llegada de jugadores como Pierre-Emerick Aubameyang y Angeliño añade experiencia, mientras que incorporaciones jóvenes como Leo Román, Asp Jensen, Bright Ede, Lorenzo Amatucci o Teun Gijselhart apuntan hacia una plantilla con perfiles diferentes.
Hidalgo tendrá que encontrar el equilibrio entre ellos. Y esa puede ser su primera gran batalla.
La Primera División cambia las reglas
Un ascenso puede ocultar determinados problemas porque la dinámica positiva ayuda a sostener al equipo. La Primera División no suele conceder ese margen.
El Deportivo comenzará enfrentándose al Elche en Riazor y después tendrá por delante una secuencia exigente con Málaga, Valencia, Villarreal, Getafe y Sevilla. Es un calendario que permitirá comprobar rápidamente si el equipo está preparado para competir lejos de la comodidad del ascenso.
Hidalgo, además, debutará como entrenador en Primera División. Es un dato que no debería interpretarse como una debilidad, pero sí como una incógnita.
La temporada 2026-27 tendrá varios entrenadores debutantes en la máxima categoría y el técnico del Deportivo forma parte de ese grupo.
Su ventaja es que llega con algo que otros no tienen: conoce perfectamente el vestuario que acaba de ascender y ya ha demostrado que puede gestionar una temporada de máxima presión.
Ahora tendrá que demostrar que puede hacerlo contra rivales de otro nivel.
La presión de Riazor también será parte del examen
Hay otro elemento que no aparece en las estadísticas: la relación con una afición que ha esperado demasiado tiempo para volver a vivir una temporada de Primera.
Riazor no será únicamente el escenario donde el Deportivo busque puntos. Será también el lugar donde se medirán las expectativas.
La plantilla tiene nombres capaces de alimentar la ilusión. Aubameyang es el ejemplo más evidente. El delantero ya se ha integrado en los entrenamientos del equipo y representa una incorporación de enorme impacto para un recién ascendido.
Pero cuanto mayor sea la expectativa, menor será el margen para decepcionar.
Hidalgo tendrá que administrar esa presión sin permitir que el equipo juegue permanentemente condicionado por el miedo a perder. La permanencia no se construye desde el temor, sino desde una identidad competitiva.
El verdadero legado de Hidalgo todavía se está por escribir
El ascenso convirtió a Antonio Hidalgo en una figura importante de la historia reciente del Deportivo. Pero también puede ser apenas el primer capítulo.
Si consigue mantener al equipo en Primera y establecer una estructura reconocible, su nombre quedará asociado no solo al regreso, sino al comienzo de una nueva etapa. Si, por el contrario, el equipo entra rápidamente en una dinámica negativa y aparecen las dudas, la renovación hasta 2028 tendrá un valor más simbólico que real.
Por eso, el Deportivo no solo juega una temporada. Hidalgo también juega su propia prueba de madurez como entrenador.
Y quizá esa sea la historia más interesante que comienza en Riazor: no la de un equipo que vuelve a Primera, sino la de un técnico que ahora debe demostrar que está preparado para quedarse allí.
El ascenso le abrió la puerta. La Primera División decidirá si puede convertirse en el arquitecto de algo mucho más difícil: un Deportivo estable. @mundiario
