La campaña electoral ha sido realmente sucia, plagada de insultos, acusaciones y amenazas mutuas entre las distintas fuerzas políticas. Claros ejemplos de ello fueron el mitin que dio Pashinián, el jueves en Ereván, y el acto convocado al día siguiente por su principal adversario, el expresidente Robert Kocharián. Sus respectivas formaciones, el Partido del Contrato Civil y el Bloque Armenia, son las que previsiblemente acapararán la mayor parte de los escaños en el Parlamento.
Pashinián, que ejerció antes como periodista, se convirtió en jefe del Gobierno de «transición» el 8 de mayo de 2018 tras encabezar una exitosa revuelta que derribó a Serzh Sargsián. Éste había finalizado su mandato como presidente de Armenia e intentó continuar en el cargo de primer ministro, para el que fue designado realmente aunque tuvo que dimitir por la presión popular. Así que Pashinián convocó legislativas para diciembre de aquel mismo año y las ganó con mayoría absoluta. Ahora las encuestas no le dan más de un 25% de apoyo.
Todo iba bien, el flamante jefe del Ejecutivo acometió reformas económicas y de amplio calado político, además de poner coto a la corrupción, que contribuyeron a aumentar su popularidad. Pese a que la forma con la que llegó al poder no gustó nada en Moscú, se preocupó de trabar relación con el presidente Vladímir Putin. Todo se truncó cuando, el 27 de septiembre del año pasado, el presidente azerbaiyano, Ilham Alíev, inició una ofensiva para recuperar Nagorno Karabaj, territorio perteneciente a Azerbaiyán, pero poblado mayoritariamente por armenios y entonces fuera totalmente del control de Bakú.
Pérdida de territorios
Kocharián, al que las encuestas conceden en torno al 24% de los sufragios, fue líder de Nagorno Karabaj entre 1994 y 1997 y presidente de Armenia entre 1997 y 2008. De ahí que se presente como un candidato a dirigir el Gobierno de porte institucional y con experiencia. Sus puntos débiles son el recuerdo de la corrupción generalizada
que amparó y la forma violenta con la que reprimió las protestas tras los comicios de 2008, en los que venció su delfín, Sargsián, que consiguió batir al candidato opositor, Levón Ter-Petrosián. El partido de Sargsián también concurre a las actuales elecciones junto con una veintena de formaciones más, la mayoría de las cuales no obtendrán escaños.
Tras mes y medio de enfrentamientos armados, entre el 27 de septiembre y el 10 de noviembre, Pashinián aceptó un cese de las hostilidades, pero a costa de perder gran parte de los territorios que los armenios controlaban. Fue tachado de «traidor» y le tocó hacer frente durante semanas a las movilizaciones organizadas por la oposición exigiendo su dimisión. Tuvo incluso un choque con la cúpula del Ejército.
En Moscú, pese a los viejos lazos de Putin con Kocharián, los analistas creen que prefieren a Pashinián. El acuerdo de paz firmado con Azerbaiyán, que incluye el despliegue de fuerzas de paz rusas, fue promovido por Putin y la mejor forma de que tal acuerdo no sea sometido a algún tipo de revisión es garantizando que las riendas de Armenia sigan en manos del actual primer ministro.

