Carlos Alcaraz inicia una cuenta atrás de cincuenta días decisivos en los que mantendrá un pulso a distancia frente a Jannik Sinner. El duelo se perfila de forma virtual debido a la grave lesión de rodilla que apartará al tenista italiano de las pistas hasta la campaña 2027. Este parón forzoso de su gran rival generacional brinda al prodigio de El Palmar una ocasión inmejorable para asaltar aquellos grandes cetros del circuito profesional que todavía faltan en sus vitrinas.
El periplo arranca este sábado con su estreno oficial en el Masters 1.000 de Shanghái frente al argentino Juan Manuel Cerúndolo, en una jornada donde su compatriota Rafa Jódar también saltará a pista ante Thiago Agustín Tirante. La meta global pasa por culminar el 29 de noviembre alzando la Ensaladera en las finales de la Copa Davis en Bolonia. Entre medias aguardan las pistas cubiertas de París-Bercy y el Torneo de Maestros de Turín.
En esta fase del calendario, el tenista español nunca ha conseguido proclamarse campeón en ninguno de los cuatro certámenes señalados. Todo lo contrario que el transalpino, quien ha gobernado con puño de hierro este tramo otoñal conquistando los cuatro trofeos en ediciones precedentes. A pesar del largo parón de cuatro meses y medio por su dolencia en la muñeca derecha, el murciano confía en rentabilizar esa menor carga competitiva acumulada a lo largo del año.
«No diría que mi cuerpo esté más fresco porque, después de estar tanto tiempo sin competir, cuando vuelves y comienzas a jugar partidos realmente exigentes, el cuerpo no está acostumbrado y pueden surgir pequeños problemas. Para nosotros es algo muy normal. Pero me siento fresco mentalmente, que para mí es lo más importante. Estoy preparado para afrontar el desafío de este torneo», valoró Alcaraz ante los medios en la sala de prensa del Estadio Qizhong.
El número tres de la clasificación mundial llega impulsado anímicamente tras revalidar con autoridad la corona en el ATP 500 de Tokio. La inercia ganadora sobre suelo asiático invita a soñar con romper su techo en la megalópolis china, donde su mejor actuación hasta la fecha fueron unos meritorios cuartos de final en 2024. El tenista español aspira a enterrar viejos fantasmas otoñales exhibiendo un tenis agresivo y resolutivo desde las rondas iniciales.
La ambición de Turín y el sueño colectivo de la Copa Davis
El gran aliciente individual de este cierre de curso residirá en el asalto al título de maestro en las ATP Finals. Se trata de un torneo que se le resistió históricamente a Rafa Nadal y que en el tenis masculino español únicamente lograron conquistar leyendas como Manuel Orantes en 1976 y Álex Corretja en 1998. El propio Sinner frenó en seco las aspiraciones de Carlos en la final del pasado ejercicio, ratificando su extraordinario idilio con la superficie bajo techo.
En el horizonte asoma con fuerza la Copa Davis, una competición que el murciano cataloga año tras año entre sus grandes prioridades. Con dos títulos continentales ya en el palmarés del astro italiano, España formará una escuadra temible respaldada por el empuje de Rafa Jódar. El debut ante Austria el 26 de noviembre y un hipotético cruce semifinal frente a Alemania o Gran Bretaña demandarán la mejor versión del número uno nacional.
«Si miramos un par de años atrás, probablemente esta gira o esta parte de la temporada nunca ha sido mi mejor momento. Así que ahora mismo quiero estar en un buen estado para este torneo, porque realmente quiero ganar los torneos, este y los que tengo en los próximos meses, al menos algún día. Así que ahora mismo creo que es un impulso extra que tengo para el resto de la temporada», remarcó el pupilo de Juan Carlos Ferrero.
El tenista español es consciente de que una recta final impecable le permitiría acortar distancias en la pugna generacional con Sinner y presionar a Alexander Zverev en la clasificación de la ATP. Dominar el cemento asiático y las pistas europeas supondría un golpe de autoridad sobre la mesa, ratificando que su repertorio técnico también puede ser hegemónico en superficies donde tradicionalmente mandaba la potencia de su oponente transalpino.
A sus 23 años, Carlos Alcaraz dispone de cincuenta días por delante para reescribir sus registros personales y agrandar su leyenda en el deporte de la raqueta. Sin la sombra presencial de Sinner pero con el listón de sus conquistas como estímulo permanente, el murciano asume el reto con la determinación de convertir el otoño de 2026 en la etapa más gloriosa y redonda de toda su carrera deportiva. @mundiario
