Cepeda liderará una oposición dispersa a De la Espriella mientras Petro se bunkeriza en el escrutinio

La izquierda colombiana perdió la Presidencia, pero no desapareció políticamente. La ajustada derrota del senador Iván Cepeda frente al abogado penalista Abelardo de la Espriella ha dejado al Pacto Histórico ante una nueva realidad en la que pasa del ejercicio del poder a la reconstrucción de una oposición que aspira a seguir siendo decisiva en la política nacional.

Con 12.7 millones de votos y una diferencia inferior a los 250.000 sufragios respecto al presidente electo, Cepeda no consiguió prolongar el ciclo político iniciado por el presidente Gustavo Petro en 2022. Sin embargo, los resultados muestran que casi la mitad del electorado respaldó la continuidad del proyecto progresista en la segunda vuelta, una bolsa de votos lo suficientemente amplia como para exhibir una robusta base política, que convierte al senador en el principal referente opositor de los próximos años.

El propio Cepeda ha querido transmitir esa idea desde la noche electoral. Lejos de adoptar un discurso derrotista, el dirigente de izquierda reivindicó la fortaleza del movimiento progresista y subrayó que el Pacto Histórico seguirá siendo una fuerza central en el Congreso y en la sociedad colombiana. «Somos una fuerza serena«, aseguró, al tiempo que pidió a sus seguidores mantener un comportamiento institucional y descartó cualquier convocatoria de movilizaciones. El mismo día de las elecciones, opositores a De la Espriella tomaron las calles con varios disturbios para expresar su descontento por los resultados del preconteo, especialmente en Cali, capital del Valle del Cauca, y uno de los bastiones del oficialismo.

Ese posicionamiento marca una diferencia significativa respecto a la estrategia seguida por el presidente saliente de Colombia. Mientras Cepeda ha insistido en esperar el resultado definitivo del escrutinio oficial antes de pronunciarse de manera concluyente, Petro ha vuelto a sembrar dudas sobre el preconteo electoral y ha insistido en que el resultado definitivo solo podrá establecerse tras la revisión judicial de las actas.

Aunque el mandatario no ha denunciado expresamente un fraude, sí ha cuestionado nuevamente el sistema de conteo preliminar, prolongando un patrón de desconfianza institucional que ya había exhibido durante la primera vuelta y en anteriores procesos electorales. “No sé puede proclamar ninguno presidente. Es el escrutinio el que determina quién es el presidente. Obedezco a los jueces. Tranquilidad entre la ciudadanía…”, ha dicho el mandatario en funciones, después de que afirmara en domingo, en su cuenta de X y sin aportar más información, que se habrían detectado irregularidades en los servidores y direcciones IP supuestamente provenientes de Israel, el “único” Estado que puede hacer eso, según ha dicho Petro.

Cepeda impugna las mesas del preconteo

La democracia colombiana ha estado históricamente marcada por una fuerte confianza en los mecanismos institucionales y en los procedimientos jurídicos que acompañan las elecciones. Si bien el país ha vivido episodios de enorme controversia electoral, las principales fuerzas políticas han terminado aceptando los resultados oficiales una vez culminados los escrutinios.

Por ello, las reiteradas insinuaciones sobre posibles irregularidades generan preocupación en algunos sectores políticos y académicos, especialmente en un escenario de extrema polarización. La posición de Cepeda parece orientarse en otra dirección. El senador ha recurrido 33.000 de las 122.020 mesas del preconteo, como permite la legislación electoral, pero al mismo tiempo ha dejado claro que reconocerá el resultado definitivo emitido por el escrutinio que hacen los  jueces, notarios y registradores.

 

En realidad, el principal desafío para la izquierda no se limita al escrutinio. El verdadero reto comienza ahora: reorganizar un movimiento político que durante cuatro años tuvo en la Presidencia el principal elemento aglutinador de sus distintas corrientes internas.

Sin Petro en la Casa de Nariño, el Pacto Histórico deberá redefinir liderazgos, prioridades y estrategias. El protagonismo creciente de Cepeda abre una disputa implícita sobre quién conducirá el espacio progresista en la etapa pospetrista. La magnitud parlamentaria del bloque progresista ofrece, sin embargo, una plataforma sólida para ejercer oposición.

El Pacto Histórico, la primera fuerza en el Congreso

El Pacto Histórico dispone de la bancada más numerosa del Congreso con 25 senadores y 42 escaños en la Cámara de Representantes a las que se suman las curules que el Estatuto de la Oposición concede a la fórmula presidencial derrotada en segunda vuelta, por lo que Cepeda podrá ejercer el rol de azote al Ejecutivo desde el Senado, su hábitat natural, y su compañera Aida Quilcué podrá recoger el acta en la Cámara Baja. Aun así, ambos grupos parlamentarios siguen siendo insuficientes para bloquear por sí sola la agenda del nuevo Gobierno.

Ese capital político podría convertirse en un importante contrapeso frente a un Gobierno que promete profundas reformas institucionales, económicas y sociales si logra formar mayorías con los partidos de izquierdas y el centro político, que no está muy por la labor de apoyar a De la Espriella, pero recela de las grandes apuestas de Petro como la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Durante la campaña, Cepeda advirtió reiteradamente sobre los riesgos que, a su juicio, podrían derivarse de algunas propuestas del presidente electo, especialmente en materia de derechos sociales, protección ambiental y garantías institucionales.

Ahora deberá transformar esas advertencias en una estrategia política efectiva. La paradoja es evidente. El triunfo de Abelardo de la Espriella se produjo precisamente gracias a la movilización de un transversal sentimiento antipetrista. Pero el ajustado resultado también evidencia que Colombia continúa dividida prácticamente en dos bloques de dimensiones similares. Esa fractura condicionará tanto al nuevo Gobierno como a la oposición.

Si De la Espriella gobernará bajo la presión de una sociedad profundamente polarizada, Cepeda tendrá el encargo de demostrar que la izquierda puede ejercer una oposición firme sin alimentar la deslegitimación institucional. En ese delicado equilibrio se jugará buena parte de la estabilidad política colombiana durante los próximos cuatro años. @mundiario