El presidente de Chile, José Antonio Kast, ha decidido mantener su defensa del histórico incremento de los precios de los combustibles aplicado a finales de marzo, pese a que la medida se ha convertido en uno de los principales factores del desgaste de su Gobierno. Ante el Consejo General del Partido Republicano, el mandatario aseguró que otros países están observando la estrategia chilena y sostuvo que priorizó la responsabilidad económica frente al impacto en su popularidad.
“Alguien tiene que tomar la decisión”, afirmó Kast, al justificar una subida que trasladó directamente a los consumidores el aumento internacional del coste energético. Según el presidente, el contexto marcado por el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel generó una presión extraordinaria sobre el mercado petrolero, obligando al Ejecutivo a actuar.
La decisión, sin embargo, tuvo un efecto inmediato en los hogares chilenos. El precio de la gasolina de 93 octanos aumentó alrededor de 370 pesos por litro, mientras que el diésel subió cerca de 580 pesos. En la Región Metropolitana, la gasolina pasó de situarse en torno a los 1.170 pesos por litro a superar los 1.500 pesos, un salto que impactó especialmente en las familias con mayor dependencia del transporte privado.
El precio de los combustibles marca un antes y un después en la valoración ciudadana
El incremento de las bencinas se ha convertido en uno de los principales símbolos del deterioro de la imagen presidencial durante los primeros meses de mandato. Las encuestas reflejan un cambio notable respecto al inicio de la Administración, cuando Kast contaba con mayores niveles de respaldo ciudadano.
Los últimos sondeos muestran que la desaprobación supera ampliamente a la aprobación. La encuesta Cadem situó el apoyo al presidente en torno al 37%, frente a un rechazo del 60%, mientras que Criteria registró cifras similares, con un respaldo cercano al 35% y una desaprobación superior al 50%.
Los analistas apuntan a que el malestar económico, la preocupación por el empleo y la pérdida de poder adquisitivo han sido elementos clave para explicar este giro en la percepción pública. El encarecimiento de los combustibles tuvo además un efecto indirecto sobre otros sectores, al elevar los costes de transporte y presionar los precios de productos y servicios.
Kast ya había reconocido anteriormente que la medida tuvo un impacto negativo en la ciudadanía. Durante su primera Cuenta Pública admitió que el Gobierno no logró explicar con suficiente claridad las razones de la decisión, aunque insistió en que la situación económica heredada y la evolución del escenario internacional justificaban la estrategia.
El Gobierno apuesta por la defensa del ajuste frente a las críticas
La nueva defensa presidencial llega en un momento en el que los precios de los combustibles han comenzado a moderarse. En las últimas semanas se han registrado descensos en las gasolinas y el diésel, aunque los valores continúan por encima de los niveles previos a la crisis energética.
Para Kast, esta evolución refuerza su argumento de que la decisión fue una apuesta de largo plazo y no una respuesta improvisada. El mandatario sostiene que asumir costes políticos inmediatos era preferible a aplicar medidas temporales que pudieran agravar las cuentas públicas.
La controversia, no obstante, seguirá siendo uno de los principales desafíos de su Gobierno. Mientras el Ejecutivo defiende la medida como un ejercicio de responsabilidad, una parte importante de la ciudadanía la percibe como un golpe directo a su economía diaria. El debate sobre hasta qué punto un Gobierno debe trasladar los costes de una crisis internacional a los consumidores continuará marcando la agenda política chilena. @mundiario
