Cisjordania se desborda: los ataques de colonos provocan una condena internacional

La violencia de los colonos israelíes en Cisjordania ha adquirido una dimensión diplomática que resulta cada vez más difícil de contener. En apenas dos días, dos episodios han situado el problema en el centro de la atención internacional: la agresión a Heidi Levine, fotógrafa estadounidense de The Washington Post, en Abu Falah, y el ataque de colonos enmascarados contra una comitiva de diplomáticos europeos cerca de Taybeh, localidad palestina próxima a Ramala.

El primer incidente ocurrió el viernes 16 de octubre, cuando Levine cubría la recolección de aceitunas junto a agricultores palestinos. Un grupo de hombres enmascarados irrumpió en la zona, atacó a los recolectores y agredió a varios periodistas. Levine llevaba un chaleco de protección con la identificación visible de prensa. Fue derribada y golpeada repetidamente, sufrió lesiones graves y tuvo que recibir atención hospitalaria, incluida una intervención en la mano. Las imágenes y los testimonios difundidos por medios internacionales documentaron parte de la agresión. The Washington Post informó del ataque y reclamó una investigación exhaustiva.

La gravedad del caso provocó una reacción inusual en Washington. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, pidió que los responsables fueran detenidos y procesados y afirmó que deberían afrontar «varios años de prisión». También calificó la agresión como un acto de terror cometido por atacantes enmascarados. El diario estadounidense agradeció el respaldo y reclamó a las autoridades israelíes una investigación pronta, transparente y capaz de identificar a todos los implicados.

El presidente israelí, Isaac Herzog, telefoneó a Levine para expresarle su pesar. El ministro de Exteriores, Gideon Saar, también condenó la violencia y anunció una investigación policial. Sin embargo, la oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu, habló de un «presunto» ataque y denunció una supuesta campaña para difamar a Israel y a los colonos judíos de Cisjordania. Esa respuesta ha aumentado las críticas, porque las imágenes y los testimonios difundidos públicamente han aportado elementos concretos que las autoridades deben esclarecer.

Al día siguiente, la violencia alcanzó a representantes extranjeros que visitaban Taybeh, una localidad palestina de mayoría cristiana. La comitiva incluía diplomáticos de Francia, Bélgica y Polonia, además de representantes religiosos y autoridades locales francesas. Según los testimonios recogidos por medios internacionales, un grupo de colonos enmascarados rodeó vehículos, exigió documentos de identidad, lanzó piedras y rompió una ventanilla de un coche de la misión belga.

Entre los agredidos se encontraba Bernard Baudoux, alcalde de la localidad francesa de Aulnoye-Aymeries, que fue golpeado y derribado. El incidente fue condenado por Francia, Bélgica y Polonia, que reclamaron una respuesta firme de las autoridades israelíes. El ministro belga de Exteriores, Maxime Prévot, advirtió de que la violencia afecta a palestinos, periodistas y diplomáticos, y anunció que su Gobierno seguiría presionando para que la Unión Europea adoptara medidas contra los responsables y quienes los apoyan.

La Unión Europea condenó «enérgicamente» el ataque perpetrado el domingo 18 de octubre por colonos israelíes en Cisjordania ocupada. La agresión cobró especial gravedad institucional al dirigirse contra una delegación de diplomáticos de la UE que supervisaba el terreno en la localidad de Qusra, al sur de Nablus. El bloque comunitario exigió una plena rendición de cuentas al Gobierno de Israel tras denunciarse que las fuerzas militares y policiales tardaron tres horas en acudir al auxilio de los representantes internacionales.

La oficina de Asuntos Exteriores de la UE denunció que esta agresión forma parte de un alarmante repunte de violencia sistemática que coincide con el inicio de la campaña de recogida de la aceituna, un motor económico vital para la población palestina. En este contexto, Bruselas demandó medidas de protección eficaces no solo para los agricultores locales, sino también para los reporteros en el terreno, tras confirmarse que la fotoperiodista estadounidense de The Washington Post, sufrió una fractura ósea tras ser apaleada por los colonos mientras cubría la cosecha. Asimismo, la Comisión Europea reiteró su postura oficial de que los asentamientos israelíes —que ya albergan a unos 750.000 colonos en 194 colonias y 400 puestos de avanzada— son totalmente ilegales según el derecho internacional y representan el principal obstáculo para la viabilidad de la solución de dos Estados.

El Ejército israelí condenó la agresión a los diplomáticos, pero señaló que la visita no había sido coordinada previamente con sus mandos y que no había soldados en el lugar. El Ministerio de Exteriores también lamentó lo ocurrido, aunque cuestionó la falta de coordinación de la visita. Ese argumento no elimina la obligación de investigar una agresión: la cuestión central es identificar a los responsables y determinar si hubo fallos de prevención y protección.

La cosecha de aceitunas, otro foco de violencia

Los dos ataques se produjeron durante la temporada anual de recolección de aceitunas, una actividad esencial para la economía de muchas familias palestinas y profundamente ligada a la vida rural y a la relación histórica con la tierra. En Cisjordania, la cosecha se ha convertido también en un periodo de especial vulnerabilidad. Los agricultores denuncian intimidaciones, destrucción de árboles, incendios, robos y agresiones que dificultan el acceso a sus terrenos.

La organización israelí de derechos humanos Yesh Din ha contabilizado al menos 170 ataques de colonos extremistas contra palestinos desde el pasado 27 de septiembre, fecha que marcó el inicio de la tensa campaña anual de recogida de la aceituna. Esta oleada de agresiones coincide con un clima de máxima polarización ante la proximidad de las elecciones generales en Israel, previstas para el 27 de octubre. Paralelamente, los informes de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) elevan la gravedad de la situación al confirmar que en lo que va de año ya se han registrado casi 200 ataques directamente vinculados a la cosecha que han causado víctimas o daños materiales, superando el total de 185 incidentes documentados en toda la temporada de 2025.

A pesar de que las metodologías de registro varían entre las agencias sobre el terreno, todas las métricas confirman un repunte sin precedentes de la violencia. Los asaltos armados ya no solo se concentran en el área C (bajo control militar israelí), sino que se han expandido con fuerza hacia las áreas A y B.

Además de la quema de campos y la destrucción de miles de olivos, la campaña ha escalado este fin de semana con ataques directos. Mientras que el primer ministro Netanyahu califica los incidentes de actos aislados de «grupos marginales», las ONG de derechos humanos y la propia ONU denuncian una impunidad estructural, advirtiendo de que el 94% de las investigaciones por violencia de colonos en Cisjordania son archivadas por las autoridades israelíes sin que se presenten cargos.

El problema no se limita a los enfrentamientos entre particulares. La expansión de asentamientos, la fragmentación del territorio y las restricciones de acceso a determinadas tierras hacen que los episodios violentos puedan tener consecuencias económicas y territoriales duraderas. Si una familia no puede recoger su producción o teme volver a sus campos, el daño va más allá de las lesiones inmediatas: afecta a sus ingresos y a su capacidad para permanecer en la zona.

Organizaciones de derechos humanos denuncian desde hace años que las investigaciones por agresiones de colonos terminan con frecuencia sin condenas. Esa percepción de impunidad se convierte en un factor que facilita la repetición de los ataques. La responsabilidad de las autoridades israelíes no se limita a condenar públicamente los hechos, sino que incluye investigar, proteger a la población y aplicar la ley de manera efectiva.

La responsabilidad de Israel y el debate sobre la impunidad

Israel mantiene que los actos violentos cometidos por colonos son obra de extremistas y ha anunciado investigaciones en ambos casos. Esa explicación debe evaluarse a partir de los resultados: detenciones, acusaciones, procesos judiciales y medidas concretas para impedir nuevas agresiones. Las condenas verbales, por sí solas, no permiten determinar si existe una respuesta institucional suficiente.

La cuestión es especialmente delicada porque los asentamientos continúan expandiéndose en Cisjordania, territorio ocupado por Israel desde 1967. La mayoría de la comunidad internacional considera ilegales los asentamientos conforme al derecho internacional, una posición que Israel disputa. En este contexto, la violencia de algunos colonos no puede analizarse de forma aislada de las políticas territoriales y de seguridad que condicionan la vida cotidiana de los palestinos.

También es necesario distinguir entre los responsables directos de cada agresión y el conjunto de la población israelí. Las denuncias se dirigen contra individuos y grupos violentos, así como contra posibles fallos de las autoridades para prevenirlos o perseguirlos. Precisamente por eso, una investigación transparente resulta esencial para establecer responsabilidades concretas y evitar que la discusión quede atrapada en acusaciones generales.

Los ataques llegan en vísperas de las elecciones generales israelíes previstas para el 27 de octubre, en una campaña marcada por la seguridad, la guerra y el futuro de los asentamientos. Netanyahu afronta presiones desde distintos frentes: sectores de su base electoral apoyan una política más dura en Cisjordania, mientras que las agresiones contra extranjeros elevan el coste diplomático de la falta de control.

La reacción estadounidense tiene un significado particular. Huckabee es conocido por su apoyo a Israel, pero ha exigido que los agresores de Levine sean detenidos y castigados. Esto demuestra que la protección de los ciudadanos estadounidenses y de la libertad de prensa puede generar fricciones incluso entre aliados estrechos. La condena de la Unión Europea añade presión sobre el Gobierno israelí y abre el debate sobre posibles sanciones contra individuos implicados en la violencia. @mundiario