Crisis por la Conquista: Sheinbaum estalla por el terremoto político que deja Ayuso en su gira por México

La política internacional contemporánea no siempre se decide en tratados o cumbres; a menudo se despliega en el terreno mediático. La visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso a México ha actuado precisamente como detonante de una confrontación narrativa que va más allá de la diplomacia convencional. En respuesta, la presidenta Claudia Sheinbaum ha elevado el tono con una condena a la reivindicación de la Conquista española —y, en particular, de la figura de Hernán Cortés— en la que deja claro que no solo es históricamente controvertida, sino políticamente inviable en el país que gobierna actualmente.

El escenario elegido por Sheinbaum no fue casual. La conmemoración de la Batalla de Puebla, símbolo de resistencia frente la invasión de Francia en 1862, sirvió como marco perfecto para articular un discurso de defensa de la soberanía. En ese contexto, la líder del partido izquierdista Morena advirtió que “a quienes reviven la Conquista como salvación, les decimos: están destinado a la derrota; (…) a quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades, les decimos: están destinados a la derrota”, una afirmación que, sin mencionar directamente a Ayuso, apuntaba claramente al trasfondo de su visita.

El choque entre ambas dirigentes refleja dos visiones divergentes sobre el pasado. Mientras Ayuso ha defendido la Conquista como parte de un legado compartido y un proceso de mestizaje como “el mensaje de la esperanza y de la alegría”, el Gobierno mexicano insiste en una lectura crítica, centrada en los abusos contra las poblaciones indígenas durante los siglos de dominio colonial.

Este debate no es nuevo, pero ha adquirido renovada intensidad en los últimos años. Desde el mandato de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), México ha solicitado a España un reconocimiento explícito de los excesos cometidos durante la conquista. Aunque recientemente se habían dado pasos hacia una cierta distensión bilateral con los gestos del rey Felipe VI y la visita de Sheinbaum a Barcelona para la cumbre progresista global donde los presidentes izquierdistas de América Latina fueron cabezas de cartel, la visita de Ayuso demuestra que el asunto no está zanjado del otro lado del Atlántico.

La bandera de la soberanía

Sin embargo, reducir la polémica a un simple desacuerdo histórico sería simplificar en exceso. El discurso de Sheinbaum también debe leerse en clave interna y geopolítica, toda vez que el tema de la soberanía colma la opinión pública desde que el Departamento de Justicia de EE UU acusara formalmente al gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, un senador de Morena y otros funcionarios de colaborar con Los Chapitos, y después de la polémica muerte de dos agentes de la CIA en una misión contra el narcotráfico en Chihuahua, que aparentemente el Gobierno federal mexicano desconocía.

Las recientes tensiones con la Administración de Donald Trump han reforzado el discurso oficialista contra la injerencia extranjera. En este contexto, las palabras de Sheinbaum no solo responden a Ayuso, sino que forman parte de una narrativa más amplia de defensa de la autonomía política frente a cualquier presión externa, venga de Washington o de Madrid.

Ninguna potencia extranjera nos va a decir a los mexicanos cómo nos gobernamos. Somos libres (…) somos un pueblo que ama su libertad, su independencia, su soberanía, y estamos dispuestos siempre a defenderla”, ha proclamado la mandataria.

 

Polarización interna y uso político del conflicto

De puertas para fuera Morena enarbola la bandera mexicana, pero el episodio también revela la creciente polarización tanto en México como en España. En clave interna, el oficialismo ha cerrado filas en torno a la presidenta, mientras que sectores de la oposición han aprovechado la coyuntura para criticar al Gobierno, llegando incluso a pedir mayor implicación de la comunidad internacional en asuntos de seguridad y la lucha contra el narco.

Sheinbaum también ha aprovechado para arremeter contra la oposición, especialmente los dirigentes del PRI y el PAN, que acusan al Gobierno mexicano de colaborar con los cárteles. “A esos que buscan la intervención extranjera, a los que hoy se vanaglorian y defienden la injerencia, a los que aplauden a las televisoras extranjeras cuando hablan mal de México, a ellos les decimos, con verdad y justicia, que quienes buscan el apoyo externo por no tener apoyo popular en nuestro país, están destinados a la derrota”, criticó la presidenta.

Por su parte, Ayuso no ha rebajado el tono durante su estancia en México. En sus intervenciones, ha advertido sobre lo que considera “las cadenas del socialismo” y ha trazado paralelismos entre la situación política mexicana y la española. Estas declaraciones, lejos de suavizar la controversia, han contribuido a intensificarla. @mundiario