Cuba, nuevo frente indirecto entre Rusia y EE UU: el dilema estratégico del Kremlin

El Gobierno de Rusia ha asegurado que no abandonará a Cuba, a la que considera su “socio y aliado más cercano”, en medio del agravamiento de la crisis energética que atraviesa la isla tras el endurecimiento del embargo petrolero impulsado por Estados Unidos. El viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, ha afirmado que Moscú trabaja para asistir a La Habana incluso con apoyo financiero, aunque ha evitado ofrecer detalles concretos sobre el alcance de esa ayuda.

“Nos solidarizamos con Cuba y la apoyaremos”, ha declarado el diplomático, quien ha reconocido que su país afronta una “intensa presión” por parte de la Casa Blanca para desentenderse del régimen y del pueblo cubanos. Las palabras de Riabkov llegan en un momento especialmente delicado para el Kremlin, que negocia en otros frentes sensibles y trata de mantener un equilibrio complejo en su relación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Una crisis energética sin precedentes recientes

La crisis energética en la isla se ha agravado en las últimas semanas tras la interrupción de los principales suministros externos de crudo. Datos de seguimiento de cargamentos y reportes de mercado indican que las entregas de crudo a Cuba se han reducido drásticamente en enero, lo que ha profundizado la escasez de combustible en el país. Venezuela ya no mantiene el flujo regular de combustible: Caracas, tradicional aliado energético de La Habana, dejó de abastecer a la isla tras la captura estadounidense de Nicolás Maduro. Y México, que había asumido parte del suministro, ha suspendido los envíos para evitar sanciones adicionales y nuevos aranceles de Washington.

El impacto ha sido inmediato. Aerolíneas rusas han comenzado a evacuar a turistas ante la escasez de combustible y han anunciado la suspensión indefinida de vuelos. El Ministerio de Desarrollo Económico ruso ha recomendado a sus ciudadanos abstenerse de viajar a la isla, mientras los operadores turísticos han paralizado la venta de paquetes. La falta de combustible amenaza no solo al transporte y al turismo, sino también a la generación eléctrica y a la distribución de bienes esenciales.

Moscú denuncia presión de Washington

En ese marco, Riabkov ha acusado a la Administración Trump de recurrir a métodos que, a su juicio, vulneran el derecho internacional. Ha hablado de una “doctrina Monroe actualizada”, en referencia a la histórica política estadounidense que proclamaba América Latina como zona de influencia exclusiva de Washington. Según el viceministro, la Casa Blanca estaría utilizando “cualquier medio” para forzar el aislamiento de Cuba.

Un día antes, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha evitado precisar si Moscú ya ha activado mecanismos concretos de asistencia. “Es imposible discutir estos asuntos públicamente en este momento”, ha señalado, aunque ha confirmado que Rusia mantiene contactos permanentes con las autoridades cubanas para explorar opciones de ayuda.

Las críticas no se han limitado a Riabkov. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha cuestionado la política exterior de Trump hacia Rusia, calificándola de “puramente bidenista”, lo que ha sembrado dudas sobre la viabilidad de una etapa de entendimiento entre el trumpismo y el Kremlin. A su vez, la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajárova, ha criticado la oferta tecnológica estadounidense a Armenia, en otro episodio de fricción entre ambas potencias.

¿Habrá respuesta de los BRICS?

En este contexto, Riabkov ha considerado “prematuro” hablar de una acción coordinada con los socios del bloque de los BRICS para respaldar a Cuba. Aunque Moscú ha defendido durante años que esta plataforma representa un nuevo orden internacional frente al dominio estadounidense, el viceministro ha reconocido que, por ahora, no existe una iniciativa conjunta formal para asistir a La Habana.

El matiz revela los límites de la estrategia rusa. Mientras promete apoyo financiero, el Kremlin debe calibrar sus movimientos para no agravar el pulso con Washington en un momento en que su economía sigue sometida a sanciones y su política exterior enfrenta múltiples frentes abiertos.

Un pulso geopolítico en el Caribe

La crisis cubana se ha convertido así en un nuevo escenario de confrontación indirecta entre Rusia y Estados Unidos. Para Moscú, sostener a La Habana supone preservar una alianza histórica y mantener presencia en el Caribe. Para Washington, endurecer la presión forma parte de una estrategia más amplia destinada a reducir la influencia rusa en su entorno regional.

El desenlace dependerá de la capacidad real de Rusia para materializar la ayuda prometida y de hasta qué punto la Administración Trump esté dispuesta a escalar las medidas contra quienes respalden económicamente a Cuba. Mientras tanto, la isla afronta una emergencia energética que amenaza con profundizar su crisis económica y social en las próximas semanas. @mundiario