Hay una nueva generación de miembros de la realeza que parece tener bastante claro que nacer entre palacios no significa necesariamente pasar la vida entre despachos oficiales, recepciones y ceremonias. Dos buenos ejemplos son James Mountbatten-Windsor, conde de Wessex, y Sverre Magnus de Noruega, dos jóvenes royals que, aunque pertenecen a familias diferentes, están construyendo perfiles mucho más independientes de lo que cabría imaginar por sus apellidos.
James, sobrino del rey Carlos III, acaba de protagonizar una de esas imágenes que desmontan cualquier idea preconcebida sobre la vida de un Windsor: con 18 años, este verano está trabajando en la finca de Sandringham, conduciendo un tractor y realizando labores agrícolas. El joven ha elegido pasar parte de sus vacaciones trabajando en la enorme propiedad de su tío, una experiencia que le permite ganar dinero y, al mismo tiempo, conocer de primera mano el funcionamiento de una explotación rural.
Un Windsor entre tractores
La escena tiene algo de inesperado. James, que de vez en cuando aparece perfectamente vestido junto a sus padres, el duque y la duquesa de Edimburgo, ha cambiado las recepciones reales por el trabajo físico en el campo. Sandringham no es precisamente una pequeña finca: la propiedad se extiende por unas 6.000 hectáreas y cuenta con cultivos, ganado y jardines.
El trabajo encaja además con la educación que sus padres quisieron proporcionar tanto a James como a su hermana, Lady Louise. Eduardo y Sofía de Edimburgo han procurado que sus hijos crecieran alejados de las obligaciones institucionales y entendieran desde pequeños que, si no asumían funciones oficiales, tendrían que desarrollar una carrera profesional propia. De hecho, ninguno de los dos utiliza el tratamiento de Alteza Real pese a tener derecho a hacerlo.
James ocupa actualmente el decimosexto puesto en la línea de sucesión británica, pero todo indica que su futuro estará mucho más relacionado con su propia trayectoria que con la agenda oficial de Buckingham. La gran incógnita ahora es qué hará después del verano y si seguirá los pasos académicos de su hermana o elegirá otro camino.
Sverre de Noruega cambia el guion
A miles de kilómetros de Sandringham, otro joven royal acaba de revelar un futuro igualmente alejado del camino tradicional. Sverre Magnus de Noruega, tercero en la línea sucesoria, comenzará este otoño sus estudios universitarios en Forward College, el mismo modelo educativo que ha elegido la infanta Sofía.
El príncipe noruego estudiará Business Management, una formación centrada en materias como economía, estadística y contabilidad. Pero lo más llamativo no es únicamente la carrera, sino el formato: comenzará en Lisboa y posteriormente continuará su formación en París y Berlín. Una experiencia internacional que lo llevará a vivir en tres capitales europeas durante sus años universitarios.
La elección resulta especialmente interesante porque durante años el Palacio Real de Oslo había mantenido un perfil muy discreto respecto al futuro de Sverre. La institución había insistido en que su principal función sería estudiar y que no estaba previsto que desempeñara un papel institucional destacado.
Sin embargo, las circunstancias están cambiando. Su hermana mayor, Ingrid Alexandra, está llamada a tener un papel cada vez más importante en la monarquía noruega y el Parlamento prepara nuevas funciones para ella. Sverre, por tanto, puede convertirse en una pieza de apoyo de enorme valor dentro de la institución, aunque su preparación apunta también hacia una vida profesional propia.
El nuevo modelo royal: estudiar, trabajar y decidir
La coincidencia entre James y Sverre resulta reveladora. Ninguno está siguiendo el camino clásico de un heredero. Tampoco parece que sus familias quieran que lo hagan. Mientras James aprende el valor del trabajo en una explotación agrícola, Sverre se prepara en una universidad internacional con un programa orientado a la empresa y la gestión.
El contraste no puede ser más curioso: un Windsor conduciendo un tractor en Sandringham y un príncipe noruego preparando las maletas para Lisboa, París y Berlín. Pero detrás de esas imágenes aparentemente anecdóticas existe una tendencia mucho más profunda.
Las monarquías europeas están intentando preparar a sus miembros más jóvenes para un escenario en el que no todos tendrán un papel oficial. La formación, la experiencia laboral y la independencia económica ganan protagonismo frente a la antigua idea de que pertenecer a una familia real implicaba automáticamente desarrollar una carrera dentro de la Corona. @mundiario
