La política filipina vivió esta semana una de sus escenas más tensas desde el regreso de la democracia tras la dictadura de Ferdinand Marcos padre. Ronald “Bato” dela Rosa, exjefe de la Policía Nacional y uno de los hombres más cercanos al expresidente Rodrigo Duterte, consiguió escapar del Senado filipino después de permanecer tres días atrincherado para evitar ser arrestado por una orden emitida por el Tribunal Penal Internacional (TPI).
La imagen de un senador refugiado en el Parlamento, protegido por aliados políticos y huyendo en medio de un confuso tiroteo dentro del edificio legislativo, resume hasta qué punto la confrontación entre las dos grandes dinastías políticas del país —los Marcos y los Duterte— ha entrado en una nueva fase de descomposición institucional.
El TPI acusa a Dela Rosa de haber desempeñado un papel clave en la brutal campaña antidrogas lanzada por Duterte entre 2016 y 2022. Durante aquella ofensiva murieron oficialmente unas 6.000 personas, aunque organizaciones de derechos humanos elevan la cifra hasta 30.000 víctimas, muchas de ellas ejecutadas extrajudicialmente en barrios pobres.
Según la orden judicial desclasificada esta semana, Dela Rosa habría contribuido de forma esencial a la maquinaria represiva mediante declaraciones públicas que “autorizaban, toleraban y promovían” los asesinatos. También se le acusa de incentivar montajes policiales para justificar muertes como supuestos actos de legítima defensa.
La crisis comenzó el lunes, cuando agentes de la Oficina Nacional de Investigación acudieron al Senado para ejecutar la orden de arresto. Dela Rosa logró esquivarlos entrando apresuradamente al edificio parlamentario y refugiándose en las dependencias del Senado, donde sus aliados argumentaron que las fuerzas de seguridad no tenían autoridad para detenerlo sin autorización interna.
El entonces atrincheramiento rápidamente se transformó en una demostración de fuerza política del bloque cercano a Duterte. El presidente del Senado, Alan Peter Cayetano, aliado histórico del expresidente, permitió que Dela Rosa permaneciera protegido dentro del complejo legislativo mientras se desarrollaban maniobras judiciales para intentar bloquear la orden de la CPI.
La situación fue escalando durante casi 72 horas. Dela Rosa pidió ayuda al Tribunal Supremo filipino y convocó a sus simpatizantes a concentrarse frente al Senado ante lo que calificó como una persecución política. El ambiente se volvió explosivo
Los disparos dentro del Parlamento
Mientras el Senado seguía reunido, comenzaron a escucharse disparos en el segundo piso del edificio. Los periodistas y trabajadores legislativos buscaron refugio en medio de escenas de confusión. Las primeras versiones apuntaron a un enfrentamiento entre personal de seguridad del Senado y agentes federales.
El ministro del Interior, Juanito Victor Remulla, aseguró posteriormente que guardias del Senado realizaron “disparos de advertencia” después de la irrupción de hombres armados en el recinto. Otros testimonios sostienen que se produjo un intercambio de disparos entre fuerzas de seguridad parlamentarias y efectivos de la Oficina Nacional de Investigación.
Aunque no hubo heridos, el incidente dejó una imagen profundamente dañina para las instituciones filipinas: cuerpos de seguridad enfrentados dentro del Parlamento mientras un senador buscado internacionalmente permanecía escondido en el edificio.
Horas después, ya de madrugada, Dela Rosa desapareció.
La fuga sigue rodeada de incógnitas. El secretario del Interior confirmó que el senador abandonó el Senado alrededor de las 2:30 de la madrugada en un vehículo acompañado por otro senador aliado, Robin Padilla.
El presidente del Senado admitió posteriormente que Dela Rosa “ya no estaba en el edificio”, aunque negó que la institución hubiese colaborado en la evasión. Aun así, múltiples versiones apuntan a que parlamentarios y personal cercano al bloque Duterte ayudaron a romper el cerco policial.
Un mensaje enviado por la esposa del senador y leído públicamente por Cayetano alimentó aún más las sospechas. En él se afirmaba que Ronald dela Rosa decidió su “escape” para evitar que el Senado continuara siendo arrastrado al conflicto y porque las fuerzas estatales no se atreverían a irrumpir violentamente en el edificio mientras él permaneciera dentro.
La utilización de la palabra “escape”, aunque entrecomillada, terminó reforzando la percepción de que existió una operación coordinada para facilitar su salida.
Hasta ahora las autoridades filipinas no han explicado cómo un senador rodeado durante días por fuerzas de seguridad logró abandonar uno de los edificios más vigilados del país sin ser detenido.
Formalmente, Filipinas abandonó la CPI durante el mandato de Duterte, pero el tribunal sostiene que conserva jurisdicción sobre los crímenes cometidos mientras el país aún formaba parte del Estatuto de Roma. Esa disputa jurídica ha sido utilizada por aliados del expresidente para cuestionar la legalidad de las órdenes de arresto.
Alan Peter Cayetano fue más allá al declarar que el Senado no obedecerá órdenes emitidas por tribunales extranjeros y que Dela Rosa únicamente podrá ser arrestado mediante una orden emitida por tribunales filipinos. Esa posición ha sido duramente criticada por organizaciones de derechos humanos y por sectores académicos que consideran que el Parlamento actuó de facto como refugio político para un prófugo reclamado por la justicia internacional.
Mientras tanto, las fuerzas de seguridad continúan buscando a Dela Rosa sin resultados públicos hasta ahora. El Gobierno de Marcos intenta contener el daño político y desvincularse del caos ocurrido dentro del Senado, aunque la crisis ya ha dejado una imagen de fuerte deterioro institucional. @mundiario
