El antes y el después de la ley talibán: de informar en color a taparse con el ‘chador’ en 24 horas

Con la llegada de los talibanes al poder, la mujer perderá muchos de los avances por los que ha estado luchando durante los últimos años. Tan solo un día después de la toma de Kabul, el cambio de poder ya se ha empezado a reflejar en ellas. Este es el caso de la corresponsal de la CNN Clarissa Ward, cuya libertad ya ha empezado a limitarse. En menos de 24 horas, la periodista estadounidense ha pasado de informar vestida con ropa de color a llevar puesto un velo islámico.

En la primera foto, podemos ver a la corresponsal en una de las conexiones de este domingo. Maquillada, con el pelo al descubierto, vestida con colores vivos y con los brazos destapados. En la segunda, tomada este lunes –tan solo un día después–
, se puede observar un cambio radical. Mostrando únicamente parte de su cara, Ward aparece cubierta por el ‘chador’, un velo islámico usado sobre todo en Irán, generalmente por las mujeres chiíes. Esta prenda, que suele ser de color negro, se compone por la ‘abaya’ –cuya función es esconder la figura de la mujer– y por el velo, que debe cubrir por completo el cuello y el pelo. La mujer, a la que solo se le ve la cara, no puede mostrar ninguna parte más de su cuerpo. Asimismo, deberá llevarlo siempre que esté en presencia de varones.

La corresponsal de la CNN, Clarissa Ward, con un día de diferencia

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Los talibanes son estrictos con el papel de la mujer, algo que queda reflejado en la Sharía, la ley islámica. La Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán –RAWA– denuncia desde hace tiempo que a estas se les «reduce a seres cuyo fin único es la procreación».

Ante la llegada de los talibanes, y atendiendo a esta ley, las mujeres afganas se verán obligadas a usar el ‘burka’, un velo islámico completo. Esta prenda, que es la menos común en el mundo islámico, cubre a la mujer desde la cabeza hasta los pies. Solo dispone de una pequeña abertura en los ojos, que comúnmente está cubierta por una malla.

Un mujer vestida con un burka

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Con el regreso de los talibanes, y en esa aplicación fundamentalista de la ley islámica, también se les prohibirá el uso de cosméticos. Uno de los castigos por llevar las uñas pintadas, por ejemplo, es la amputación de los dedos.

Asimismo, no podrán moverse de manera libre. Sus movimientos estarán limitados y controlados por la figura de un hombre, que puede ser el ‘mahram’ –guardián varón con parentesco cercano– o su marido. Asimismo, las mujeres afganas no podrán contraer matrimonio con un varón no musulmán, a pesar de que el hombre sí puede casarse con una mujer que no sea mahometana.

Otra de las prohibiciones que debe acatar la mujer es la de no reír en voz alta. El motivo: que ningún extraño debe oír la voz de una mujer. Además, también tienen prohibido usar tacones. Estas están obligadas a no hacer ruido al andar puesto que ningún varón debe notar los pasos de una mujer.

En el caso de que tenga que asistir a un juicio, su testimonio valdrá la mitad que el de cualquier hombre. Además, los derechos sobre sus hijos también se verán limitados puesto que la custodia y la manutención de estos le corresponderá única y exclusivamente al padre.