«Soy simplemente Ed Durr, no soy nadie especial», dijo el protagonista esta semana a ‘The Wall Street Journal’, después de que se confirmara el campanazo: le había ganado por un puñado de votos a Steve Sweeney, el demócrata que preside el Senado estatal de Nueva Jersey. «Lo que quiero que sepa la gente es que soy una persona real, eso es lo fundamental», enfatizaba.
Durr, de 58 años, trabaja con su camión para la empresa Raymour & Flanigan, un gigante de los muebles del hogar. Se considera un conservador clásico, de esos que piden que el Gobierno se meta lo mínimo posible en el bolsillo del contribuyente. Dedica su tiempo libre a dar paseos con su Harley Davidson y a su familia. Y en los últimos meses, a pelear una elección que todo el mundo daba por imposible.<blockquote class=»twitter-tweet»><p lang=»en» dir=»ltr»>Meet Edward Durr, the Republican truck driver who could oust longtime Senate President Steve Sweeney – with spending just $153 on his campaign. <a href=»https://t.co/4q6BuwTQVp»>pic.twitter.com/4q6BuwTQVp</a></p>— The Lakewood Scoop (@LakewoodScoop) <a href=»https://twitter.com/LakewoodScoop/status/1455999910512316424?ref_src=twsrc%5Etfw»>November 3, 2021</a></blockquote> <script async src=»https://platform.twitter.com/widgets.js» charset=»utf-8″></script>
Asegura Durr que se empezó a interesar por la política cuando las autoridades locales le negaron su solicitud para portar un arma, una de las reivindicaciones habituales de los republicanos, y que tienen muchas restricciones en estados de tendencia demócrata como Nueva Jersey.
Empezó a ir a mítines en su zona y acabó por presentarse a elecciones. Lo hizo, como era de esperar para alguien sin historial político y sin contactos, sin éxito, tanto en su intento de conseguir escaño como diputado de la Asamblea estatal en 2019, como en su carrera por un puesto de concejal el año pasado.
Puerta a puerta
En este ciclo electoral, recibió una llamada de Jacci Vigilante, la presidenta del partido republicano en el condado de Gloucester. Nadie quería presentarse al escaño del distrito por el Senado en poder de Sweeney, que en la anterior elección, en 2017, había barrido a su oponente republicana con una diferencia de 18 puntos.
Durr dijo que sí y se lanzó a una campaña modesta, pero con mucha energía, contra un rival en principio imbatible. Sweeney, además de ser el presidente del Senado, es legislador en la cámara alta desde hace dos décadas. Antes, era un líder sindical. Un conocedor de las relaciones de poder en el estado, con acceso a donantes y favores. Su campaña contó con algo más de un millón de dólares. Los documentos oficiales muestran que Durr se gastó 2.313 dólares, la mayoría de ellos en café barato para dar a los voluntarios que participaron en su campaña. En total, Durr calcula que se gastaría entre 5.000 y 10.000 dólares, una birria para una elección de este tipo.
El camionero, al salir del trabajo y los fines de semana, dedicó su tiempo a ir de puerta en puerta. Imprimió carteles y repartió folletos. Habló a los vecinos de lo altos que estaban los impuestos de propiedad y de la frustración por las restricciones debidas al Covid-19 impulsadas por los demócratas del estado.
Dos días después de la noche electoral, tras un recuento arduo, se confirmó que el candidato republicano había ganado por 2.300 votos, una diferencia del 3,2 puntos respecto a Sweeney.
Durr se subió a la ola que castigó a los demócratas en las elecciones del martes. La misma que consiguió que un republicano, Glenn Youngkin, consiguiera el puesto de gobernador en Virginia, un estado consolidado como demócrata en la última década; o que, en el propio Nueva Jersey, el gobernador demócrata Phil Murphy obtuviera la reelección por la mínima, después de que Joe Biden
ganara este estado en las presidenciales del año pasado por 16 puntos. Su victoria -subido a su camión y sin apenas recursos frente a la maquinaria de Sweeney- es otro aviso a navegantes demócratas sobre lo que puede ocurrir en las elecciones al Congreso del año que viene si no cambian de rumbo.


