El Celta vuelve a pagar su incapacidad para rematar los partidos

El problema del Celta no fue llegar. Tampoco generar. Esta vez encontró espacios, creó ocasiones suficientes y llegó al último tercio con bastante más claridad que en jornadas anteriores. El problema estuvo después: volvió a ser incapaz de convertir una ventaja mínima en una victoria y el Málaga aprovechó el deterioro celeste en los últimos minutos para llevarse un punto de Balaídos.

El encuentro tampoco comenzó como seguramente había imaginado Claudio Giráldez. El Málaga manejó mejor los primeros minutos, tuvo más balón y consiguió incomodar la salida local. El Celta necesitó tiempo para ajustar su presión, pero cuando lo hizo empezó a recuperar más arriba y a encontrar situaciones de ataque con mucha mayor facilidad.

Ese crecimiento desembocó en el 1-0. Ferran Jutglà recibió después de una recuperación en campo contrario, encaró a su defensor, encontró el espacio y colocó un disparo raso junto al palo en el minuto 40. Era su primer gol de la temporada y también el premio al mejor tramo del Celta durante la primera mitad.

La ventaja permitió además comprobar una versión diferente del equipo. El Celta no necesitaba monopolizar la posesión para hacer daño. De hecho, llegó al descanso por detrás del Málaga en porcentaje de balón, pero había rematado bastante más y Alfonso Herrero ya había tenido que intervenir. Había verticalidad, presión y ocasiones, algo que no siempre había acompañado al conjunto celeste durante este inicio de curso.

Precisamente por eso el empate resulta más difícil de justificar únicamente desde la falta de gol. El Celta tuvo oportunidades muy claras para evitar cualquier discusión. Swedberg se quedó solo delante de Alfonso Herrero tras un error de Izan Merino y el portero malaguista evitó el 2-0. Poco después, Jutglà recibió dentro del área y mandó por encima del larguero otra ocasión para ampliar la diferencia.

El partido empezó a cambiar a partir de ahí. Juanfran Funes fue introduciendo piernas y alternativas desde el banquillo, mientras el Celta dejó progresivamente de jugar en campo contrario. Adrián Niño entró junto a Puga y necesitó muy poco para convertirse en el principal problema de la defensa viguesa. Primero apareció cerca del área, después probó el disparo y terminó obligando al equipo de Giráldez a defender cada vez más cerca de Radu.

Giráldez respondió con Driouech y Hugo Burcio por Hugo Álvarez e Ilaix Moriba, pero el cambio de dinámica ya era evidente. El Celta había pasado de buscar el segundo a intentar conservar el primero. El balón duraba menos, el Málaga encontraba espacios y Radu tuvo incluso que abandonar su área para cortar una acción peligrosa antes de que Chupe pudiera quedarse solo.

El empate terminó siendo la consecuencia de esos minutos. Radu tuvo que intervenir ante un disparo peligroso y el Málaga dispuso del córner que acabó castigando al Celta. Pablo Martínez puso el balón en el área y Adrián Niño ganó el duelo para cabecear el 1-1. El delantero había entrado poco antes y consiguió exactamente lo que el Celta había sido incapaz de hacer durante buena parte de la segunda mitad: transformar su mejor momento en un gol.

Iago Aspas apareció inmediatamente después y todavía estuvo cerca de recuperar la ventaja con un disparo que pasó junto a la escuadra. También Driouech buscó el gol durante el añadido, pero para entonces el Celta ya jugaba contra el reloj y desde la precipitación. La última posesión acabó directamente fuera del campo, una imagen bastante representativa de cómo se había desordenado el partido.

 

El empate deja una sensación más incómoda que algunos de los tropiezos anteriores porque esta vez el Celta sí tuvo suficientes argumentos para ganar. Mejoró en ataque, Jutglà encontró el gol y hubo ocasiones para sentenciar, pero faltó gestionar la ventaja y detectar cuándo el Málaga estaba cambiando el encuentro. El estreno europeo ante el Omonia llega ahora con una advertencia clara: jugar mejor durante una hora sirve de poco si el equipo vuelve a conceder los últimos treinta minutos.