El costo del divorcio con CR7: el impacto deportivo y millonario que amenaza a Portugal

Se ha consumado lo que parecía cantado tras la eliminación de Portugal en la Copa del Mundo. Cristiano Ronaldo ya no está ni se le espera. Para muchos, incluidos varios miembros destacados del plantel, era lo mejor que le podía ocurrir a la selección; para otros no tanto, pero lo cierto es que el mejor futbolista nacido en el país vecino ya es pasado, y hoy solo queda su leyenda, avalada por registros numéricos estratosféricos.

Jorge Jesus hizo lo que nadie se atrevía y parece que muchos respiran con alivio tras este abrupto punto final. Si antes futbolistas como Bruno Fernandes o João Neves dejaron entrever que nadie, ni siquiera CR7, estaba por encima del colectivo, ayer fue Vitinha quien dejó unas declaraciones reveladoras: «El trabajo de Jorge Jesus está dando sus frutos… y creo que estoy siendo bastante claro», deslizando que el seleccionador los ha liberado de una suerte de liderazgo asfixiante del mítico 7 madeirense.

Ese aparente suspiro de tranquilidad en el vestuario destapa una paradoja cruel: la prisa colectiva por pasar página y sacudirse de encima la imponente sombra de un gigante. Resulta paradójico cómo un grupo que creció al amparo de sus gestas parece ahora más interesado en celebrar la descompresión ambiental que en rendir tributo a quien cargó con el peso psicológico de todo un país sobre sus hombros durante dos décadas.

Ahora bien, aun a sabiendas de que el atacante del Al Nassr, con 41 años, dejó atrás hace tiempo su versión de implacable goleador de élite —sin olvidar una personalidad volcánica que no tolera la mediocridad—, no es menos cierto que su concurso con Portugal resultó determinante incluso durante su etapa lejos de Europa. Todas y cada una de las clasificaciones a las Copas del Mundo desde 2006 hasta la reciente cita norteamericana llevan su rúbrica; al igual que la única Eurocopa que corona las vitrinas de la Federación Portuguesa de Fútbol, por no hablar de las dos Nations League.

Ni Eusébio, ni Futre, ni la recordada camada que conquistó el Mundial Sub-20 de 1989 con Luís Figo y João Pinto a la cabeza alcanzan, ni de lejos, la dimensión histórica de CR7 en Portugal. Una verdad evidente en cualquier rincón del planeta, salvo en la propia Portugal. Lo escenificó el mismísimo Rasmus Højlund al festejar el 2-2 en Copenhague con el icónico grito de guerra del exjugador del Real Madrid, mientras el eco de la tormentosa salida del astro todavía retumbaba en el ambiente.

Lo que pierde Portugal en lo deportivo

Seamos honestos: una vez más, hay que reconocer que Cristiano ya no es ni la sombra de lo que fue. Es ley de vida y el paso del tiempo resulta implacable con todos. Sin embargo, conviene analizar con lupa lo que pierde Portugal en lo deportivo. Gonçalo Ramos y Fábio Silva, los delanteros de área que citó Jorge Jesus para esta ventana de la Nations League, no tienen ni tendrán jamás la trascendencia ni las cifras del CR7 de 41 años, por no hablar de la versión en plenitud del astro.

El actual delantero del AC Milan, traspasado este verano por el PSG al no encajar en el proyecto de Luis Enrique, apenas suma —incluso contando el tanto que anotó frente a Dinamarca— 13 dianas con la selección absoluta. En contraste, las estadísticas reflejan que Cristiano, desde su desembarco en Arabia Saudí, firmó 28 goles con la elástica lusitana; es decir, sostuvo ese promedio demoledor teóricamente en pleno ocaso de su carrera.

Esta comparativa resulta todavía más contundente con el exatacante del Betis. Fábio Silva, a sus 24 años, cuenta con una sola internacionalidad que se salda con cero tantos en su cuenta personal.

En cuanto al heredero de su dorsal, Rafael Leão, el balance no es más alentador. Si bien es cierto que llegó a ser uno de los futbolistas más cotizados del continente —con una tasación de mercado que alcanzó los 90 millones de euros—, su irregular paso por San Siro y su posterior aterrizaje en el Galatasaray turco confirman que no está, ni por asomo, a la altura de cargar con el peso y la mística del legendario número 7 de Cristiano.

Lo que pierde Portugal en lo económico

Un auténtico seísmo financiero y la fuga de más de un millón de seguidores en Instagram: ese es el saldo provisional que dejan los primeros coletazos del divorcio entre Cristiano Ronaldo y la selección de Portugal. Según desveló el diario Marca, los intentos desesperados por evitar la catástrofe se sucedieron hasta el último instante; tanto el seleccionador Jorge Jesus como el presidente de la federación, Pedro Proença, trataron de retener a contrarreloj al astro luso antes de que despegara la expedición oficial. La respuesta del capitán fue implacable: plantón a ambos y billete de vuelta.

La abrupta fractura abre una nueva era sin su tótem histórico, pero sobre todo amenaza con desatar un vacío comercial sin precedentes, marcado por el inminente debilitamiento generalizado de la marca federativa. Las alarmas no provienen de la especulación, sino de especialistas en la materia: Carlos Coelho, presidente de la consultora Ivity Brand Corp, advirtió a la agencia Lusa sobre la «inmensa pérdida de valor» que este conflicto acarrea para el fútbol luso, una hemorragia que ningún triunfo sobre el césped podrá mitigar a corto plazo.

«La marca de la Federación Portuguesa de Fútbol (FPF) se está devaluando de forma significativa. Este episodio, tan inesperado como pésimamente gestionado, representa un retroceso brutal en términos de posicionamiento y prestigio institucional», sentenció Coelho.

La lección que emerge de este vendaval es tan cruda como certera: mientras algunos pretendían aligerar el vestuario despojándose de su figura más incómoda, la realidad corporativa no ha tardado en cobrar la factura. Cristiano Ronaldo nunca fue simplemente un delantero de época; era el sol sobre el que orbitaba todo el modelo de negocio, el escaparate mundial y el atractivo publicitario de Portugal. Al apagar deliberadamente su estrella, el fútbol luso no solo ha perdido los goles de su mayor mito: acaba de descubrir la intemperie económica que aguarda fuera del imperio que él mismo construyó. @mundiario