El Dépor y la presión del ascenso: ocho candidatos, tres jornadas y un sueño compartido

Hay temporadas que se recuerdan por un título y otras por una sensación colectiva. Lo que está ocurriendo este año en la pelea por el ascenso a la Liga EA Sports pertenece claramente a la segunda categoría. Porque más allá de quién termine subiendo finalmente a Primera, lo cierto es que pocas veces una recta final había llegado tan comprimida, tan abierta y tan emocionalmente cargada como la actual.

Ocho equipos continúan todavía aferrados al sueño. Tres pelean por las dos plazas de ascenso directo y otros cinco intentan colarse en un playoff que promete convertirse en una batalla de nervios, resistencia y pequeños detalles. Racing de Santander, Deportivo y Almería parecen haber dado un paso adelante en el momento decisivo, mientras Málaga, Las Palmas, Castellón, Burgos y Eibar todavía se resisten a abandonar la carrera.

En ciudades como A Coruña, este tipo de situaciones trascienden el fútbol. El Deportivo sigue siendo mucho más que un club deportivo: es un estado emocional colectivo. Y eso se nota en el ambiente que rodea a Riazor desde hace semanas. La ciudad empieza a vivir otra vez con esa mezcla tan reconocible de ilusión, ansiedad y superstición que acompaña siempre las grandes luchas por el ascenso.

El Deportivo llega al tramo final en uno de sus mejores momentos de la temporada. Riazor vuelve a vivir el vértigo emocional de las grandes tardes de ascenso

El partido ante el Andorra simboliza perfectamente esa tensión. Sobre el papel, el Deportivo llega mejor. El equipo de Antonio Hidalgo acumula una dinámica sólida, transmite competitividad y parece haber encontrado equilibrio en el momento exacto de la temporada. Pero precisamente por eso nadie se fía. Ni siquiera el propio entrenador.

Hidalgo ha insistido toda la semana en la idea del sufrimiento. Y probablemente ahí resida una de las claves de este Deportivo. Durante buena parte del curso, el equipo coruñés pareció bloqueado por la obligación histórica de ganar siempre. El peso del escudo, la exigencia ambiental y la ansiedad por regresar cuanto antes a Primera actuaban muchas veces como una losa. Sin embargo, el paso de las jornadas ha ido moldeando un grupo más maduro mentalmente.

“El año nos ha ido curtiendo”, resumió el técnico catalán. La frase explica bastante bien la evolución del equipo. Este Dépor ha aprendido a convivir con la presión, a gestionar momentos de tensión y a aceptar que en una categoría tan igualada muchas veces no se gana desde la brillantez, sino desde la resistencia emocional.

También hay algo simbólico en el rival de este domingo. El Andorra se presenta como el único equipo al que el Deportivo todavía no ha conseguido marcar esta temporada. Puede parecer una anécdota estadística menor, pero en fases tan tensas del campeonato cualquier pequeño relato adquiere dimensión psicológica. Los blanquiazules han ido eliminando gafes durante la segunda vuelta y ahora buscan completar el círculo precisamente cuando cada punto vale casi una temporada.

Antonio Hidalgo. / RCD
Antonio Hidalgo. / RCD

El Andorra, 6 goles al Racing, 5 al Las Palmas y 4 al Leganés

El problema es que enfrente llega uno de los equipos más incómodos del momento. El conjunto del Principado atraviesa un gran pico de forma y acumula actuaciones muy serias lejos de casa. Ha goleado a rivales directos –le endosó 6 goles al Racing, 5 al Las Palmas y 4 al Leganés–, apenas concede ocasiones y maneja con personalidad partidos de enorme exigencia táctica. Hidalgo lo resumió con claridad: “Nos pondrán en estrés constante”.

Esa palabra —estrés— define perfectamente el tramo final de la categoría. Porque ya no se trata solo de jugar bien. Se trata de soportar la tensión. De convivir con la sensación de que un error puede cambiarlo todo. El Racing lidera con autoridad renovada tras su victoria en Leganés, el Almería sigue acechando y el Deportivo sabe que cualquier tropiezo puede obligarle a depender de terceros justo cuando parecía tener el destino en sus manos.

En paralelo, el playoff amenaza con convertirse en una auténtica trituradora emocional. Málaga, Las Palmas y Castellón viven en un equilibrio permanentemente inestable, mientras Burgos y Eibar todavía mantienen opciones matemáticas. La igualdad refleja también la enorme dureza de una Segunda División que cada vez se parece más a una liga de resistencia psicológica.

En A Coruña, además, se percibe algo que no ocurría desde hace tiempo: la sensación de que el ascenso vuelve a parecer posible de verdad. No como un deseo lejano o una obligación institucional, sino como una posibilidad tangible. Y eso cambia completamente el clima alrededor del equipo.

Yeremay. / RCD
Yeremay. / RCD

Con Yeremay ante el Andorra

La recuperación de Yeremay simboliza también ese impulso anímico. Más allá de su importancia futbolística, el extremo representa una conexión emocional con la grada y con una idea de cantera que el deportivismo siempre ha considerado esencial. La insistencia de Hidalgo en proteger los procesos de crecimiento de jóvenes como Bil Nsongo o Noé refleja además una visión más pausada y menos desesperada del proyecto.

Quizá ahí esté una de las mejores noticias para el club. El Deportivo parece haber entendido finalmente que el regreso a Primera no puede construirse únicamente desde la ansiedad o la nostalgia. Necesita estabilidad, paciencia y una estructura competitiva sólida. El problema es que el fútbol rara vez concede tiempo cuando aparecen las oportunidades.

Por eso el partido contra el Andorra tiene algo de frontera emocional. Riazor volverá a llenarse de ilusión, de cuentas matemáticas y de miradas pendientes del resto de campos. Y el Deportivo volverá a enfrentarse a su viejo desafío: gestionar el peso de una camiseta que todavía vive atrapada entre la memoria gloriosa de su pasado y la necesidad urgente de recuperar su sitio. Quedan tres jornadas. Y en categorías como esta, tres jornadas pueden parecer una eternidad o un suspiro. @mundiario