El Deportivo de La Coruña vuelve a Primera División: Bil Nsongo, su nueva estrella

Hay ascensos que se celebran como un objetivo cumplido y otros que se viven como una liberación colectiva. Lo del Deportivo de La Coruña pertenece claramente a la segunda categoría. El triunfo en Valladolid, sellado por el doblete del canterano Bil Nsongo, no solo devolvió al club gallego a Primera División ocho años después: cerró una de las heridas más profundas del fútbol español contemporáneo.

El escenario tenía incluso algo de justicia poética. El estadio José Zorrilla, asociado durante décadas a algunos de los recuerdos más dolorosos del deportivismo, se convirtió esta vez en el lugar donde terminó la larga travesía del desierto. Miles de aficionados blanquiazules transformaron Valladolid en una extensión emocional de Riazor y acompañaron al equipo en una tarde marcada por la lluvia, la ansiedad acumulada y finalmente la euforia. Cuando Bil Nsongo marcó el primer gol en el minuto 11 tras una asistencia de Luismi Cruz, el Deportivo entendió que el regreso empezaba a ser real. Y cuando el delantero camerunés repitió antes del descanso, el miedo desapareció por completo.

El nombre propio de esta historia es precisamente Bil Nsongo. Porque el ascenso del Deportivo no podía simbolizarse mejor que en un futbolista salido de su cantera. Durante demasiados años, el club perdió el vínculo consigo mismo. Cambiaban entrenadores, presidentes y proyectos deportivos mientras la identidad se diluía entre urgencias económicas y decisiones desesperadas. Ahora, sin embargo, el rostro del nuevo Dépor es el de un chico criado dentro de la estructura del club, convertido ya en referencia deportiva y emocional de toda una generación de aficionados.

El Deportivo vuelve a Primera, donde ya fue campeón de Liga: es la resurrección de un gigante y el nacimiento de Bil Nsongo

La aparición de Nsongo tiene además un valor simbólico enorme para Galicia. El Deportivo vuelve a Primera desde la nostalgia del Superdépor, pero también desde la construcción de un modelo diferente, más sostenible. La cantera vuelve a ocupar el centro del proyecto. Y eso explica también la identificación absoluta entre el equipo y una afición que jamás abandonó a los suyos, ni siquiera cuando el club descendió a categorías que parecían incompatibles con su historia.

Porque conviene recordar hasta dónde cayó el Deportivo. El campeón de Liga del año 2000 pasó de disputar la Champions League a recorrer campos modestos y sobrevivir entre problemas económicos, decisiones judiciales y una profunda crisis institucional. Hubo temporadas en las que el club parecía atrapado en una espiral irreversible. La deuda se disparó, la estructura deportiva se desmoronó y el descenso a categorías inferiores provocó un impacto emocional devastador en A Coruña y en toda Galicia.

Sin embargo, el Deportivo consiguió algo que no siempre ocurre en el fútbol moderno: reconstruirse sin romper del todo con su memoria. La llegada de Juan Carlos Escotet saneó la deuda, se reformularon las estructuras internas y se apostó por una nueva ciudad deportiva que pretende garantizar estabilidad a largo plazo. El regreso a Primera es también la validación de ese proceso.

El dato resume la magnitud de la crisis superada: desde el último descenso pasaron por el club siete presidentes, once entrenadores y cientos de futbolistas. Demasiados cambios para una entidad que durante años, con Augusto César Lendoiro al frente, había representado precisamente lo contrario: continuidad, identidad y pertenencia. Por eso este ascenso tiene algo de reconciliación histórica.

Bil Nsongo. / Mundiario
Bil Nsongo. / Mundiario

Bil Nsongo ya forma parte de la historia emocional del club

La comparación con otros grandes clubes resulta inevitable. Entre los campeones de Liga españoles, muy pocos atravesaron una caída semejante y lograron regresar. El Betis protagonizó una travesía parecida a mediados del siglo pasado, pero el caso deportivista posee un componente especialmente contemporáneo: un club atrapado entre la presión financiera del fútbol global y la necesidad de reinventarse desde abajo. Y quizá ahí resida la principal enseñanza de esta historia. El Deportivo vuelve a Primera porque entendió que antes debía volver a reconocerse a sí mismo. En Valladolid ascendió un equipo de fútbol, sí, pero también una ciudad, una memoria colectiva y una manera de vivir el deporte profundamente gallega y popular.

La fiesta apenas acaba de empezar. Desde Riazor hasta Cuatro Caminos, pasando por cada rincón donde sobrevivió el orgullo blanquiazul durante estos años oscuros, el Deportivo vuelve a ocupar un lugar que muchos creían perdido para siempre. Y lo hace con una nueva estrella nacida en casa, Bil Nsongo, cuyo nombre ya forma parte de la historia emocional del club. @mundiario