El efecto Aguirre se queda corto en Santander, pero el Valencia suma un punto de oro

No hizo milagros Javier Aguirre en su estreno al frente del banquillo blanquinegro, sufriendo en carne propia todas y cada una de las debilidades estructurales que explican por qué el Valencia languidece atrapado en los puestos de descenso. Sin embargo, el conjunto de la capital del Turia recuperó al menos una dosis notable de casta y carácter para arañar un meritorio empate (2-2) en su visita a los Campos de Sport de El Sardinero. Frente a un Racing de Santander solvente y dominador que parecía tener amarrado el botín, los visitantes se aferraron a la fe de su savia nueva para esquivar la derrota en un choque repleto de alternativas e intensidad.

El preparador mexicano pudo caer en la tentación del optimismo temprano cuando apenas se cumplían dos minutos de juego. Su gran apuesta en la alineación, Dani Raba, demostró lo inexplicable de sus reiteradas ausencias durante los últimos meses con una obra de arte en su tierra natal. El talentoso atacante santanderino adelantó al Valencia exhibiendo templanza y sangre fría de primer nivel: recortó ante dos defensores dentro del área grande y encontró el hueco preciso para fusilar la red y silenciar temporalmente a la grada cántabra con el tempranero 0-1.

Lejos de acusar el golpe inicial, la escuadra dirigida por José Alberto López se adueñó con paciencia del esférico y comenzó a someter a su adversario. El cuadro cántabro hizo recular a un Valencia incapaz de contener la circulación en la medular, donde Sergio Canales campó a sus anchas entre líneas gracias a una alarmante permeabilidad de la pareja formada por Pepelu y Guido Rodríguez. La insistencia local encontró recompensa sobre la media hora tras una exquisita maniobra de Íñigo Vicente, quien filtró un pase quirúrgico al corazón del área para que el marroquí Yassir Zabiri prolongara su idilio con el gol firmando el 1-1 en el minuto 31.

Decidido a ir a por el botín completo, el Vasco movió ficha en el intermedio sentando a Mouctar Diakhaby para dar entrada a Arnaut Danjuma. Sin embargo, la pizarra del técnico mexicano se hizo pedazos nada más reanudarse la contienda.

El reloj apenas marcaba el primer minuto del segundo acto cuando Iván Martín aprovechó una nueva siesta colectiva de la retaguardia valencianista para voltear el luminoso con el 2-1. El equipo blanquinegro volvía a cojear del mismo pie de siempre: desatenciones defensivas imperdonables y una alarmante desconexión en los repliegues.

La inspiración de Javi Guerra y la osadía de Otorbi

Con el Racing gobernando la contienda, Aguirre recurrió a la velocidad de la academia introduciendo a David Otorbi junto a Harvey Elliott. El conjunto ‘che’ continuaba atascado en tres cuartos de cancha, acusando la escasez de futbolistas capaces de inventar el último pase. Esa virtud en vías de extinción en la plantilla visitante suele ser patrimonio exclusivo de Javi Guerra; el centrocampista de Gilet volvió a sacar a relucir su clarividencia en el minuto 64 para habilitar con un balón filtrado a Otorbi, quien trazó una diagonal demoledora hacia la portería y definió con potencia para estampar el 2-2.

El tramo final del enfrentamiento derivó en un intercambio de golpes a tumba abierta donde ambos contendientes tuvieron oportunidades de sobra para haberse llevado los tres puntos. Los guardametas Julen Agirrezabala y Stole Dimitrievski tuvieron que emplearse a fondo para frustrar varias tentativas claras en ambas áreas. La ocasión más franca para desequilibrar el derbi de necesidades estuvo en las botas de Hugo Duro, quien desaprovechó un remate inmejorable tras otra portentosa arrancada por potencia de un Otorbi que desquició al carril defensivo verdiblanco.

El pitido final de Luis Bestard Servera certificó el reparto de puntos que deja lecturas contrapuestas para el Valencia. Aguirre logró detener la hemorragia de derrotas y dotar a sus hombres de un gen competitivo indispensable para sobrevivir en la élite, pero constató de primera mano el abultado parte de carencias que arrastra su nuevo vestuario. Sin solidez atrás ni una mayor continuidad en el juego posicional, la permanencia continuará siendo una cuesta empinada.

El Vasco ya conoce el diagnóstico exacto de su plantilla: talento en chispazos individuales de hombres como Raba o Guerra y descaro en las piernas de la cantera, pero una fragilidad defensiva que penaliza cada mínimo despiste.

El empate en El Sardinero frena la caída libre y concede una semana de aire para trabajar en Paterna, donde el cuerpo técnico deberá cimentar un bloque mucho más fiable para enfrentarse sucesivamente en los próximos partidos al Athletic, el 17, y el Villarreal, el día 24 de octubre. @mundiario