El gesto más controvertido de la princesa Désirée llega después de su muerte

Durante décadas, la princesa Désirée de Suecia cultivó una imagen alejada de los focos y de los escándalos que suelen perseguir a las casas reales europeas. Sin embargo, meses después de su fallecimiento a los 87 años, la publicación de sus últimas voluntades ha colocado su nombre en el centro de una controversia inesperada.

La hermana mayor del rey Carlos XVI Gustavo dejó un patrimonio valorado en cerca de 11,6 millones de euros, compuesto por efectivo, propiedades, joyas y otros activos familiares. Entre los bienes más destacados figura un apartamento en Mallorca, situado en la exclusiva zona de Santa Ponsa, además de una importante colección de joyas valorada en cientos de miles de euros.

Lo que ha generado sorpresa no es tanto la cuantía de la herencia como la forma en que fue distribuida.

El gran ausente: su hijo Carl

Según el testamento, las principales beneficiarias serán sus dos hijas, Kristine y Hélène. El documento excluye expresamente a Carl, el único hijo varón de la princesa y, además, el primogénito de la familia.

La decisión resulta especialmente llamativa porque rompe con la tradición histórica de muchas familias aristocráticas europeas, donde durante generaciones el hijo mayor era el principal heredero del patrimonio familiar.

La propia princesa dejó por escrito la explicación de esta controvertida medida. En el documento reconoce que perjudica a su hijo en el reparto de su fortuna personal, pero argumenta que ya había sido ampliamente compensado mediante la herencia de su padre, el aristócrata Nils Silfverschiöld.

La exclusión de Carl adquiere otra dimensión al analizar qué recibió tras la muerte de su padre en 2017.

El heredero no solo obtuvo la fortuna privada paterna, sino también el control de algunos de los activos más valiosos de la familia: los históricos dominios de Koberg y Gåsevadsholm, enormes propiedades rurales que incluyen castillos, explotaciones agrícolas y extensas superficies forestales.

Actualmente, Carl administra alrededor de 20.000 hectáreas de terreno y controla una estructura patrimonial cuyo valor supera ampliamente los 40 millones de euros.

Desde esta perspectiva, la princesa Désirée habría buscado equilibrar la balanza familiar favoreciendo a sus hijas, que históricamente quedaron en una posición menos ventajosa dentro del reparto patrimonial.

El debate que reabre la aristocracia moderna

La polémica trasciende el ámbito familiar porque toca una cuestión especialmente sensible en las monarquías europeas: la herencia de las viejas estructuras aristocráticas.

Durante siglos, los sistemas sucesorios favorecieron de forma sistemática a los hombres, especialmente al hijo mayor. Aunque Suecia abolió hace décadas muchas de estas prácticas y fue pionera en igualdad sucesoria dentro de la propia Corona, el patrimonio privado de las familias nobles ha seguido funcionando en ocasiones bajo lógicas heredadas del pasado.

El caso de Désirée parece representar justamente lo contrario: una madre que decide compensar a las hijas después de que el gran patrimonio familiar ya hubiera quedado en manos del hijo.

Sin embargo, para algunos observadores, la medida sigue generando preguntas incómodas. ¿Es realmente una compensación justa o una nueva desigualdad en sentido inverso? ¿Puede una fortuna dividirse equilibradamente cuando algunos herederos ya controlan castillos, tierras y empresas familiares?

Mallorca, joyas y millones: los bienes más codiciados

Entre los activos que ahora pasarán a manos de Kristine y Hélène destaca especialmente la vivienda de Mallorca, un enclave muy vinculado a la familia real sueca desde hace décadas.

La isla se convirtió en un refugio habitual para varias integrantes de la dinastía, incluida la princesa Brígida, fallecida poco antes que Désirée. El apartamento de Santa Ponsa representa no solo un valor económico considerable, sino también una fuerte carga sentimental para la familia.

A ello se suman joyas históricas y diversos activos financieros que elevan el patrimonio heredado a cifras millonarias.

Paradójicamente, la última gran noticia protagonizada por la princesa Désirée no tiene relación con la Corona sueca, sino con una decisión privada que ha terminado convirtiéndose en un asunto de interés público.

Lejos de perpetuar la tradicional concentración del patrimonio en el heredero masculino, optó por reforzar la posición económica de sus hijas, dejando por escrito que su hijo ya había recibido suficiente.

El resultado es un testamento que, aunque perfectamente legal, ha abierto un intenso debate sobre privilegios, herencias y equilibrios familiares dentro de una de las sagas aristocráticas más poderosas de Suecia. Y demuestra que, incluso en las familias reales más discretas, las últimas voluntades pueden convertirse en una auténtica bomba mediática. @mundiario