Las conversaciones con «uno de nuestros socios más cercanos de la OTAN» incluyen combatir la influencia de rivales comunes y establecer el ejército estadounidense en Alemania, ha establecido de partida el Ministerio de Defensa norteamericano sobre la visita. Durante la reunión, además de la permanencia de las tropas americanas, se tratará el futuro de la misión de la OTAN «Resolute Support» en Afganistán, en la que participa la Bundeswehr alemana. El Bundestag ratificó hace dos semanas la ampliación del despliegue y la permanencia del contingente de 1.300 efectivos por otros diez meses más, hasta enero de 2022, mientras que EE.UU. ha estado expresando ciertas dudas sobre su propia participación en la misión, dada la convulsa situación que atraviesa el país. Biden ha sugerido que no durará más de seis meses.
El alemán es el segundo contingente de tropas extranjeras en Afganistán, después del estadounidense, y ha costado a los contribuyentes germanos 16.400 millones de euros hasta finales de 2018, última información disponible. El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, ha explicado que la ampliación de la misión «tiene debidamente en cuenta la compleja situación en Afganistán y también garantiza la flexibilidad necesaria para poder reaccionar si cambia el volátil equilibrio de seguridad», lo que sugiere que este encuentro será aprovechado para coordinar agendas.
Peso militar en la OTAN
Durante su visita, Austin también visitará el Centro de Mando Europeo de EE.UU. en Stuttgart. «Otros temas de discusión incluyen la lucha contra la influencia maligna de nuestros rivales estratégicos compartidos y el diálogo continuo sobre la postura de las fuerzas estadounidenses en Alemania y en otros lugares», ha informado el Pentágono. A este respecto, Austin recibirá cumplida información sobre los esfuerzos presupuestarios alemanes para aumentar su peso militar en la OTAN, pero difícilmente se mostrará satisfecho. «Las reivindicaciones de EE.UU. no han cambiado desde Trump a Biden», subrayan desde la Embajada americana, «si realmente hay interés por restablecer las relaciones es necesario demostrarlo con hechos».
La primera conversación telefónica de Merkel y Biden, mantenida el 26 de enero, fue sin duda un buen comienzo. Merkel aplaudió las decisiones de Biden de reintegrar a su país en el Acuerdo de París sobre el Clima y en la Organización Mundial de la Salud (OMS), de los que Washington había salido por orden de su predecesor. La seguridad internacional, la política comercial y climática, así como la pandemia, figuraron en ese primer intercambio y la canciller aseguró al nuevo presidente de Estados Unidos que cooperará para superar los desafíos internacionales, además de invitar a Biden a visitar Alemania tan pronto como la situación sanitaria permita tales viajes. Nada dejaría más tranquila a la canciller alemana que dejar su cargo a finales de septiembre, tras las elecciones generales, habiendo sellado esta reconciliación con los debidos agasajos a Biden en Berlín.
Biden, por su parte, ha expresado su deseo de «profundizar» las relaciones entre Estados Unidos y Alemania. El presidente y la canciller coincidieron en la importancia de la cooperación global y los organismos multilaterales en la lucha contra el cambio climático, la pandemia y los esfuerzos por lograr una recuperación sostenible de la economía mundial. Según la Casa Blanca, Biden tiene intención de revitalizar la alianza transatlántica incluso a través de las relaciones de Estados Unidos con la OTAN y la UE. Austin se verá también durante este viaje con el secretario general, Jens Stoltenberg, con el que hablará sobre cómo la Alianza «está abordando el comportamiento desestabilizador de Rusia, una China en ascenso, el terrorismo y desafíos globales como la covid-19 y el cambio climático».
El presidente Biden ha descrito la asociación transatlántica como «la piedra angular de nuestra seguridad colectiva y valores democráticos comunes», en referencia a cuestiones como China, Rusia, Ucrania, Afganistán e Irán.

