El Madrid presiona el liderato del Barça tras una sólida victoria ante la Real Sociedad

El fútbol tiene mil caminos y el Real Madrid de Arbeloa parece haber encontrado el suyo: el de la eficacia. La goleada a la Real Sociedad no fue una obra de arte, pero sí una demostración de colmillo. Sin Mbappé, el equipo no se desmoronó: se sostuvo en Gonzalo y, sobre todo, en un Vinicius decisivo, capaz de provocar y transformar dos penaltis como si el partido fuese suyo desde el primer minuto.

Lo más importante, quizá, fue la sensación de reconciliación con el Bernabéu. Ese estadio que un día aplaude y al siguiente silba, se entregó a un equipo que encadena ocho victorias ligueras y sigue liderando pese a no enamorar siempre. Arbeloa dosificó a Mbappé pensando en Lisboa y el plan salió perfecto: hay vida sin el francés, aunque no sea una receta para cada jornada.

En lo colectivo, aparecieron señales que invitan al optimismo. Trent dejó destellos como pasador, con esa calidad que cambia la orientación del partido sin levantar la voz. Y Rüdiger, cada vez más firme, empieza a parecer el central que el Madrid necesita para sostener noches grandes. Son piezas que, sin hacer ruido, pueden marcar la diferencia cuando el calendario aprieta.

Pero el partido también dejó una advertencia clara: este Madrid aún se pierde en errores defensivos y sigue dependiendo demasiado de la chispa individual. No siempre habrá dos penaltis, ni siempre Vinicius tendrá la varita encendida. La estructura todavía necesita madurar, y la sensación de fragilidad atrás continúa como una sombra incómoda.

Aun así, en noches como esta, los goles pesan más que las dudas. Vinicius, Gonzalo y Valverde firmaron un San Valentín feliz para el madridismo, y el reto ahora es que esa reconciliación con el Bernabéu no sea un fogonazo aislado, sino el inicio de una relación estable: basada en victorias… y, con el tiempo, también en buen fútbol. @mundiario