Hay historias de amor que sobreviven a los años y otras que llegan incluso a planificar dónde terminarán juntas. La de Harald y Sonia de Noruega pertenece a la segunda categoría. Mucho antes de que el rey falleciera, la pareja había decidido cómo sería su último lugar de descanso y había encargado el proyecto de su sepulcro.
El diseño corresponde a Snøhetta, uno de los estudios de arquitectura más reconocidos de Noruega, y el presupuesto ronda los 20 millones de coronas noruegas, alrededor de 1,7 millones de euros. El sarcófago está destinado a la capilla funeraria real de la fortaleza de Akershus, en Oslo, donde descansan otros miembros de la familia real.
Pero lo más llamativo no es el precio ni la arquitectura. Es la historia que hay detrás.
Una pareja que tuvo que luchar contra la Corona
Cuando Harald conoció a Sonia Haraldsen en 1959, ella no pertenecía a ninguna familia real. Era una joven de origen burgués y, para la monarquía noruega de aquella época, aquello suponía un problema.
El romance se mantuvo durante años bajo una enorme presión. El entonces príncipe heredero llegó incluso a plantear que renunciaría a sus derechos al trono si no podía casarse con Sonia. Su padre, el rey Olav V, intentó durante años convencerle de que eligiera a una mujer de sangre real.
Finalmente, la relación se impuso a las convenciones. El compromiso se anunció en 1968 y la boda se celebró ese mismo año en la catedral de Oslo. Aquella decisión terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de modernización de la monarquía noruega. Sonia pasó de ser la mujer que no encajaba en los planes de Palacio a convertirse en reina.
Más de medio siglo después, el destino vuelve a colocar a la pareja en el mismo lugar. El mausoleo real de Akershus alberga los restos de anteriores monarcas noruegos y cuenta con una capilla funeraria construida junto a la iglesia de la fortaleza. Allí se instalará el sepulcro de Harald y Sonia.
Y hay una curiosa paradoja: el hombre que un día estuvo dispuesto a renunciar a la Corona por Sonia terminará compartiendo con ella el lugar reservado a los soberanos de Noruega.
Harald V falleció este 28 de agosto a los 89 años después de varias semanas de problemas de salud y una infección bacteriana. Tras más de tres décadas en el trono, su hijo Haakon VIII ha asumido la Corona. Sonia, por su parte, continúa siendo una figura fundamental de la institución.
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En realidad, el futuro sepulcro dice mucho más de lo que podría parecer. No es solamente una tumba real de casi dos millones de euros: es el último capítulo de una relación que desafió las reglas de la monarquía noruega.
Harald y Sonia comenzaron su historia cuando casarse parecía casi imposible. Décadas después, compartieron trono, familia y vida pública. Y ahora también tienen reservado el mismo destino.
La Corona fue el motivo por el que tuvieron que luchar para estar juntos; el sepulcro será el lugar donde, finalmente, permanecerán juntos para siempre. @mundiario
