¿El modelo de El Salvador en Haití? Bukele envía tropas de élite a un escenario hostil

La crisis de seguridad en Haití ha entrado en una fase delicada tras la desaparición de cuatro militares salvadoreños que participaban en la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), una misión multinacional autorizada por Naciones Unidas. La emboscada sufrida el 18 de octubre y el posterior hallazgo de varios cuerpos calcinados han provocado el despliegue de refuerzos salvadoreños y una escalada verbal entre Nayib Bukele y los grupos armados que controlan amplias zonas del entorno de Puerto Príncipe.

El caso permanece abierto. El presidente de El Salvador ha descartado que los restos entregados a las autoridades correspondan a sus cuatro efectivos, pero la GSF no ha confirmado oficialmente la identidad de las víctimas. Por ahora, la pregunta central sigue sin respuesta: ¿dónde están los militares desaparecidos y existen posibilidades reales de rescatarlos con vida?

La controversia comenzó después de que The New York Times, citando a varias fuentes haitianas, informara de que unos restos humanos encontrados en las afueras de Puerto Príncipe «podrían» pertenecer a los cuatro técnicos salvadoreños. Según la información publicada, los cuerpos fueron recuperados por una organización humanitaria contratada para localizar los cadáveres. Su estado obligaba a realizar comprobaciones antes de establecer cualquier identidad.

Bukele rechazó esa hipótesis en un mensaje difundido en X. Según explicó, entre los restos había un niño, un hombre de una estatura considerablemente superior a la de los técnicos desaparecidos y una persona cuyos documentos o uniforme corresponderían a un ejército extranjero. El mandatario también afirmó que les habían encontrado documentos de otras nacionalidades, entre ellos publicó imágenes de una identificación militar vinculada a un efectivo originario de Chad.

La posición presidencial contradice la posibilidad planteada inicialmente por el diario estadounidense, pero no resuelve por sí sola el misterio. La Fuerza de Supresión de Pandillas confirmó que había recibido los cuerpos y declaró que no estaba en condiciones de determinar si pertenecían al personal desaparecido. También aseguró que comunicaría nuevos datos cuando dispusiera de información verificada.

La identificación definitiva exige procedimientos forenses y comprobaciones documentales. Hasta que concluyan, no es posible afirmar que los cuatro militares hayan muerto ni dar por demostrado que continúan retenidos por una banda. Tampoco puede descartarse que los restos correspondan a víctimas diferentes, en un país donde la violencia armada dificulta la recuperación e identificación de los fallecidos.

Bukele endurece las amenazas y envía fuerzas especiales

Los cuatro salvadoreños desaparecieron después de que el vehículo blindado en el que regresaban a su base desde un mercado fuera atacado en la zona de Plaine du Cul-de-Sac. Según las Fuerzas Armadas de El Salvador, los atacantes utilizaron armas de fuego y explosivos. El vehículo se incendió y sus ocupantes lograron abandonarlo, pero posteriormente se perdió el contacto con ellos. 

El Gobierno salvadoreño sostiene que los hombres fueron secuestrados por pandilleros; no obstante, ningún grupo ha reivindicado públicamente la autoría de la emboscada. Aunque las informaciones disponibles relacionan el ataque con organizaciones que operan en el área —entre ellas Chen Mechan y 400 Mawozo—, dicha atribución no equivale a una confirmación definitiva. Por su parte, Nayib Bukele ha insistido en que los desaparecidos no formaban parte de una unidad de combate, sino que eran técnicos aeronáuticos dedicados principalmente a tareas de apoyo y evacuación médica, al tiempo que lanzó una advertencia directa a las bandas haitianas: «Ya hemos terminado con las pandillas en El Salvador, y podemos terminar con las de ustedes también».

La respuesta salvadoreña incluye el envío de fuerzas especiales para reforzar las labores de búsqueda y seguridad. Associated Press informó inicialmente de la llegada de unos 100 efectivos y de la previsión de incorporar otros tantos. Posteriormente, medios haitianos situaron en alrededor de 450 el número de militares salvadoreños presentes en el país, aunque ese balance no había sido confirmado oficialmente por San Salvador.

La ampliación del contingente indica que el Gobierno no quiere limitar la respuesta a gestiones diplomáticas. Sin embargo, el precedente salvadoreño no puede trasladarse automáticamente a Haití: las condiciones territoriales, el debilitamiento institucional, la fragmentación de las bandas y la falta de control estatal sobre determinadas carreteras plantean un escenario diferente.

La reacción de Wilson Joseph, conocido como Lanmò San Jou y señalado como líder de 400 Mawozo, añade otra dimensión a la crisis. En un vídeo difundido en redes sociales, el dirigente exhibió municiones y manifestó su disposición a enfrentarse a las fuerzas salvadoreñas. La grabación representa una amenaza pública, aunque no demuestra por sí misma que su organización ordenara la emboscada.

La posible implicación de 400 Mawozo resulta relevante por su posición en el mapa criminal haitiano. La banda ha extendido su influencia desde Croix-des-Bouquets hacia corredores que conectan Puerto Príncipe con el este del país y la frontera dominicana. En esas rutas, el control de carreteras y retenes permite a los grupos armados imponer pagos, condicionar el transporte comercial y dificultar el abastecimiento de la capital. La RN8, que atraviesa Plaine du Cul-de-Sac y conduce hacia Malpasse y Jimaní, constituye uno de los ejes estratégicos de la zona. La RN3 conecta otros territorios con Mirebalais y las vías hacia la frontera. Dominar esos accesos proporciona a las bandas ingresos y capacidad para desplazar hombres, armas y suministros.

La región tampoco está bajo el control de una sola organización. Chen Mechan y 400 Mawozo mantienen relaciones dentro de un entramado de alianzas y rivalidades que puede cambiar según las circunstancias. Los combates registrados entre grupos rivales antes de la desaparición de los salvadoreños reflejan que la operación se desarrolla sobre un equilibrio inestable.

Por ello, una intervención destinada a encontrar a cuatro desaparecidos puede adquirir consecuencias más amplias si requiere atravesar territorios disputados, neutralizar retenes o asegurar carreteras. La presión militar podría provocar respuestas de las bandas amenazadas y, al mismo tiempo, ofrecer a sus rivales oportunidades para modificar el reparto de poder.

¿Es posible rescatar a los cuatro militares con vida?

El rescate sigue siendo una posibilidad, pero su viabilidad depende de información que no se ha hecho pública de manera concluyente: la ubicación de los desaparecidos, su estado físico, la identidad de los responsables y la capacidad de establecer contacto con ellos o con sus captores.

Las Fuerzas Armadas salvadoreñas han reconocido que los intentos de aproximación por tierra y aire se han visto obstaculizados por la intensidad de los enfrentamientos y las condiciones de seguridad. Además, los helicópteros enviados para apoyar la operación habrían sido objeto de disparos, según los informes difundidos sobre el incidente.

La presencia de más efectivos puede ampliar la capacidad de rastreo y protección, pero no garantiza un resultado. Si los militares permanecen retenidos, una operación de fuerza podría ponerlos en peligro; si han sido trasladados o se encuentran en una zona inaccesible, la localización también se complicaría. Sin pruebas verificadas sobre su situación, no es posible determinar cuál de esos escenarios resulta más probable.

La crisis también pone a prueba a la GSF. La fuerza cuenta con unos 2.000 efectivos, muy por debajo de los 5.500 previstos como objetivo por la ONU. Las dificultades de financiación, equipamiento y despliegue ya habían condicionado el esfuerzo internacional anterior, liderado por Kenia. La renovación del mandato de la misión hasta el 31 de marzo de 2027 prolonga su marco de actuación, pero no resuelve esas carencias.

Haití afronta una crisis política y de seguridad que se agravó tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021. Las pandillas han ampliado su control territorial, mientras los asesinatos, secuestros y desplazamientos masivos debilitan aún más la capacidad de las instituciones. Las elecciones previstas para diciembre fueron aplazadas indefinidamente, prolongando la incertidumbre sobre la reconstrucción de la autoridad política.

La desaparición de los cuatro salvadoreños constituye así algo más que un incidente aislado. Expone las limitaciones de una misión internacional que intenta apoyar a la policía haitiana sin disponer todavía de todos los recursos previstos, y abre la posibilidad de que el refuerzo militar de El Salvador transforme una operación de búsqueda en un enfrentamiento de mayor alcance. @mundiario