El Mundial donde la lógica acabó ganando al caos

Durante décadas, el Mundial fue el territorio de las sorpresas. Polonia alcanzó las semifinales en 1982, Suecia y Bulgaria irrumpieron en 1994, Croacia lo hizo en 1998 y regresó hasta la final en 2018, Turquía y Corea del Sur se colaron entre las cuatro mejores en 2002 y Marruecos rompió todos los pronósticos en 2022. En 2026 también hubo espacio para el desorden, pero la lógica terminó imponiéndose.

Francia, Argentina, España e Inglaterra disputarán las semifinales. Son exactamente las cuatro primeras selecciones de la última clasificación oficial publicada por la FIFA antes del torneo: Argentina comenzó el Mundial como número uno, seguida por Francia, España e Inglaterra. Desde que el organismo creó su ranking masculino en 1992, nunca los cuatro primeros habían llegado juntos tan lejos en una Copa del Mundo.

El dato resulta todavía más llamativo por el desarrollo del campeonato. El primer Mundial con 48 participantes dejó la aparición de Cabo Verde, la eliminación de Alemania ante Paraguay, la caída de Países Bajos frente a Marruecos y la victoria de Noruega contra Brasil. El cuadro parecía abierto a una gran sorpresa, pero ninguna selección ajena a la primera línea consiguió superar los cuartos de final.

Una de las explicaciones está en la acumulación de talento de las grandes potencias. Francia posee la plantilla más valiosa del fútbol internacional y una profundidad que le permite afrontar bajas, rotaciones o partidos trabados sin perder demasiada calidad. Inglaterra también dispone de futbolistas de élite en prácticamente todas las posiciones y ha encontrado recursos individuales incluso cuando su juego no ha sido brillante. Transfermarkt sitúa a ambas como las dos selecciones con mayor valor de mercado.

España cuenta con una estructura colectiva muy consolidada, construida sobre años de automatismos, posesión, presión y una identidad futbolística reconocible desde categorías inferiores. Su valor no reside únicamente en sus individualidades, sino en la facilidad con la que jugadores de edades y generaciones diferentes entienden una misma forma de jugar. Esa continuidad ha permitido que el equipo sobreviva a momentos complicados sin renunciar a su naturaleza.

Argentina representa un caso diferente. La vigente campeona aparece séptima en la clasificación de valor de mercado de Transfermarkt, por detrás de Francia, Inglaterra, España, Portugal, Alemania y Brasil. Su presencia no responde, por tanto, a que posea la plantilla económicamente más poderosa, sino a la continuidad de una base campeona del mundo, a su experiencia para competir en eliminatorias y a la presencia de Lionel Messi, el mejor jugador de la historia y todavía capaz de decidir los momentos más delicados a sus 39 años.

También influye la creciente dificultad de sostener una sorpresa durante todo el campeonato. Un equipo menos poderoso puede superar a un favorito en una eliminatoria, pero para ser campeón de este Mundial debe completar ocho partidos: tres de la fase de grupos, dieciseisavos, octavos, cuartos, semifinal y final. A medida que aumenta el recorrido, también crecen el desgaste, las bajas y la necesidad de disponer de alternativas en el banquillo.

Eso no significa que las cuatro semifinalistas hayan dominado siempre. Inglaterra necesitó la prórroga para eliminar a Noruega, España resolvió en los últimos minutos su duelo ante Bélgica y Argentina sufrió más de lo esperado ante Cabo Verde, Egipto y Suiza. La diferencia es que las grandes selecciones han logrado sobrevivir incluso cuando el partido no respondía a sus planes.

 

El resultado también supone una inesperada reivindicación del ranking FIFA, una clasificación discutida con frecuencia por su metodología y por no reflejar siempre la calidad real de las plantillas. En esta ocasión, sin embargo, su fotografía previa al torneo ha terminado coincidiendo exactamente con la última del campeonato. Los cuatro equipos que llegaban mejor situados son los únicos que todavía pueden levantar la Copa del Mundo.

El caos existió y ocupó buena parte del recorrido, pero no alcanzó las semifinales. El Mundial más largo y abierto de la historia ha terminado reservando sus cuatro últimas plazas para los cuatro primeros del ranking. Francia, Argentina, España e Inglaterra no llegaron del mismo modo ni responden al mismo modelo, pero todas han demostrado algo esencial: el talento permite competir y la estructura permite sobrevivir. @mundiario