El estreno de Luis García al frente del Sevilla fue todo menos un bautismo tranquilo. El equipo andaluz cayó en Oviedo por la mínima y, con ello, la amenaza del descenso se hizo más tangible: apenas dos puntos separan a los nervionenses de un abismo que parecía lejano al inicio de la jornada. El técnico buscó un partido de bajo ritmo, consciente de que heredaba al conjunto más goleado de la categoría, pero la estrategia se convirtió en un espejismo.
El Sevilla parecía controlar el pulso hasta que un saque de esquina lo desnudó. Fede Viñas, invisible hasta entonces, se elevó solo en el área pequeña y cabeceó con una facilidad que retrató la fragilidad defensiva. El golpe fue doble: cinco minutos después, Nianzou se marchó expulsado tras un choque con el mismo delantero. La tarde se transformó en un vía crucis para los de García, que protestó sin éxito cada decisión arbitral.
El Oviedo, lejos de la salvación, encontró en el Tartiere un escenario para reafirmar su fe. Con Reina y Thiago Fernández escondiendo el balón y Cazorla aportando experiencia, los asturianos supieron administrar la ventaja. El Sevilla, en cambio, se quedó sin respuestas, atrapado en su impotencia y en la sensación de que cada minuto añadía peso a su mochila.
Los últimos instantes ofrecieron un par de sustos para el Oviedo, pero más por nervios que por verdadero peligro. Gudelj probó de falta y Ejuke cabalgó sin éxito, mientras Akor Adams no logró concretar. El marcador nunca estuvo realmente en riesgo. El Sevilla terminó desquiciado, con un técnico que vio cómo los tres minutos de añadido se evaporaban sin margen para la reacción.
El resultado deja al Sevilla como el primer equipo en la línea de salvación, sin red y con un futuro que se oscurece. Luis García no solo debutó con derrota: lo hizo con la certeza de que su misión será titánica. El Oviedo, por su parte, celebró en Domingo de Resurrección una victoria que, aunque no lo saque del pozo, le devuelve la esperanza. El contraste es brutal: mientras unos respiran fe, otros se ahogan en su propio miedo. @mundiario
