El plan de Washington para Venezuela: claves del nuevo diálogo entre chavismo y oposición sin Machado

La política venezolana vuelve a situarse ante una mesa de negociación. Tras años de intentos fallidos y acuerdos incumplidos, representantes del chavismo y de la Asamblea Nacional elegida en 2015 inician un nuevo proceso de diálogo auspiciado por Estados Unidos con el objetivo declarado de sentar las bases para una transición democrática y la celebración de unas elecciones presidenciales con garantías.

La novedad más significativa no reside únicamente en el patrocinio estadounidense, sino también en la configuración de la oposición que participará en las conversaciones. María Corina Machado, líder de la oposición mayoritaria y figura con mayor respaldo popular dentro del bloque democrático, no forma parte del diseño ni de la delegación negociadora, aunque ha optado por no “obstaculizar” el proceso mientras reclama resultados verificables.

El nuevo mecanismo nace tras diversas gestiones promovidas por el Departamento de Estado, dirigido por el jefe de la diplomacia estadounidense Marco Rubio, que considera prioritario reactivar un proceso político capaz de reducir la prolongada crisis institucional venezolana.

Las conversaciones enfrentarán a dos actores institucionales que durante años han cuestionado mutuamente su legitimidad: por un lado, la Asamblea Nacional elegida en 2025, controlada por el chavismo y presidida por Jorge Rodríguez; por otro, representantes del Parlamento elegido en 2015, cuya continuidad ha sido defendida durante años por sectores de la oposición, y que sirvió de base jurídica para sostener el Gobierno interino de Juan Guaidó. El objetivo oficial va mucho más allá de una simple negociación política. La agenda contempla una reforma profunda del entramado institucional venezolano.

Entre los asuntos prioritarios figuran:

  • Designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE).
  • Renovación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
  • Restablecimiento de garantías para la participación política y civil.
  • Recuperación de las instituciones democráticas.
  • Preparación de un calendario para las futuras elecciones presidenciales.

Dinorah Figuera emerge como interlocutora

La figura central de la delegación opositora será Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, que regresó recientemente a Venezuela tras ocho años de exilio. Su vuelta sorprendió incluso dentro de la propia oposición. Según ha reconocido públicamente, el retorno se produjo tras contactos promovidos desde Estados Unidos para facilitar el inicio de esta nueva fase política.

Figuera ha admitido diferencias con Machado respecto a la estrategia negociadora, aunque también ha subrayado que el liderazgo político de la dirigente opositora resulta incuestionable y que cualquier eventual reconstrucción institucional deberá servir para garantizar la participación de todos los actores democráticos.

Aunque no participa directamente en las conversaciones, María Corina Machado continúa condicionando buena parte del escenario político venezolano. líder opositora y el excandidato presidencial Edmundo González Urrutia han dejado claro que no participaron en el diseño del nuevo mecanismo impulsado por Washington. Sin embargo, ambos han evitado deslegitimar el proceso. Su posición se resume en una premisa: juzgarán el diálogo por sus resultados.

Entre las condiciones que consideran imprescindibles destacan:

  • la liberación de todos los presos políticos;
  • la restitución de las instituciones democráticas;
  • garantías para la participación de todas las fuerzas políticas;
  • un calendario verificable para unas elecciones presidenciales.

Machado mantiene así una posición de prudente distancia: no lidera la negociación, pero tampoco pretende convertirse en un obstáculo para cualquier avance que pueda desembocar en una salida democrática.

Una representación bipartita, pero con incógnitas

La representación procedente de la Asamblea Nacional de 2015 estará integrada por diez diputados pertenecientes principalmente al humanista Primero Justicia y el progresista Voluntad Popular. Según adelantó La Gran Aldea, junto a Dinorah Figuera figuran, entre otros:

  • Juan Miguel Matheus (PJ).
  • Jorge Millán (PJ).
  • Ramón López (PJ)
  • Marco Aurelio Quiñones (VP).
  • Sergio Vergara (VP).
  • Desiré Barboza (VP).
  • Elimar Díaz (PJ).
  • Macario González (VP).
  • Julio César Moreno. (PJ).

No obstante, el inicio del diálogo ha estado rodeado de incertidumbre. Diversas informaciones apuntan a que algunos integrantes ni siquiera disponían, horas antes del arranque, de confirmación logística sobre el lugar exacto de las reuniones o los desplazamientos necesarios para participar en ellas. Por parte del oficialismo, el principal negociador será Jorge Rodríguez, presidente de la Mesa de la Asamblea Nacional, y uno de los dirigentes con mayor influencia dentro del chavismo.

Rodríguez acumula una amplia experiencia en anteriores procesos de negociación con la oposición y será el encargado de representar al Ejecutivo durante unas conversaciones que también cuentan con el respaldo de Delcy Rodríguez y del resto de la dirección gubernamental.

El peso de los fracasos anteriores

La historia reciente obliga a contemplar estas conversaciones con cautela. Desde la llegada del chavismo al poder se han sucedido múltiples procesos de diálogo impulsados por actores internacionales como Noruega, México, República Dominicana, Barbados, la Iglesia católica o varios gobiernos latinoamericanos y europeos.

La mayoría terminaron sin resultados duraderos. La oposición ha denunciado repetidamente que el Gobierno incumplió los compromisos adquiridos, mientras que el oficialismo ha acusado a sus interlocutores de abandonar las mesas de negociación por razones políticas. Precisamente por ese historial, Washington insiste en que cualquier avance deberá estar acompañado de mecanismos de verificación internacional.

El nuevo diálogo coincide con un momento especialmente delicado para Venezuela. El país continúa inmerso en una profunda crisis institucional y económica, mientras buena parte de la comunidad internacional reclama una salida negociada que permita restaurar plenamente la democracia.  El éxito o fracaso de esta nueva ronda dependerá de la capacidad de las partes para traducir las declaraciones políticas en acuerdos concretos. @mundiario