El Real Madrid firmó una de las actuaciones más completas y autoritarias de la temporada al superar por cero goles a tres al Racing de Santander en un feudo tan complicado como El Sardinero, que hasta la fecha permanecía invicto desde su regreso a la máxima categoría del fútbol nacional. El conjunto dirigido por José Mourinho impuso un ritmo eléctrico y una solidaridad táctica encomiable desde el pitido inicial, ahogando las virtudes asociativas de un cuadro local que se vio superado por la verticalidad visitante.
La polémica saltó pronto sobre el césped cuando el colegiado señaló una pena máxima muy protestada por la parroquia local en el minuto diez, tras un mínimo contacto de Prati sobre Kylian Mbappé. El astro francés no desaprovechó la oportunidad desde los once metros para anotar el cero a uno, abriendo un marcador que condicionó el devenir del choque pero que no empañó el excelente primer tiempo completado por la escuadra merengue en todas las facetas del juego.
A pesar de la resistencia de futbolistas talentosos como Canales o Íñigo Vicente, el bloque madridista sometió a los cántabros mediante una presión asfixiante y rápidas transiciones ofensivas. Jude Bellingham estrelló un cabezazo a bocajarro que detuvo milagrosamente Agirrezabala, antes de que el propio centrocampista inglés ampliara la renta culminando una brillante contra iniciada con una asistencia de primera de Arda Güler y una descarga perfecta de Mbappé.
La superioridad visitante se ratificó antes del descanso con una nueva obra de arte firmada por el joven Yan Diomande. Tras un saque de esquina repelido por la defensa local, el extremo marfileño enganchó un violento y preciso disparo desde la frontal del área que se coló como un obús en la portería santanderina, ratificando su extraordinario acoplamiento al esquema táctico de Mourinho.
El vendaval ofensivo del primer periodo, traducido en un récord de seis remates a puerta, dio paso tras el intermedio a una fase de control donde los blancos dosificaron esfuerzos pensando en su inminente cita europea en Atenas.
Gestión de la ventaja y conato de reacción local en el segundo acto
La bajada de revoluciones del conjunto madridista en la reanudación permitió al Racing estirar líneas con orgullo y buscar la portería defendida por Thibaut Courtois. El delantero Zabiri dispuso de un par de claras oportunidades para recortar distancias, enviando el esférico por encima del larguero en sendas acciones ofensivas que despertaron las correcciones desde la banda de un exigente José Mourinho.
El técnico portugués exigió mayor tensión a sus futbolistas para evitar desconexiones peligrosas, logrando que el balón volviera a los dominios de la medular blanca. Kylian Mbappé rozó el cuarto tanto de la tarde al estrellar un balón en la madera tras una diagonal marca de la casa, en una jugada invalidada por la posición antirreglamentaria previa.
El tramo final del encuentro estuvo marcado por la agitación de los banquillos y la tensión en la grada de El Sardinero, especialmente tras una revisión arbitral en el monitor del VAR que anuló un penalti previamente señalado por manos de Aurélien Tchouaméni. Las protestas locales reflejaron el malestar acumulado por las decisiones arbitrales, aunque el marcador ya no experimentó variaciones.
Con esta contundente victoria a domicilio, el Real Madrid consolida las sensaciones positivas de un proyecto que empieza a engrasar su maquinaria competitiva con la mirada puesta en los próximos retos continentales y ligueros.
La conjunción entre el sacrificio defensivo, la verticalidad de sus atacantes y el desparpajo de jóvenes valores como Diomande devuelve la tranquilidad y la mejor inercia a un vestuario lanzado hacia sus objetivos del curso. @mundiario
