El regreso del Deportivo: volver a Primera no basta, ahora toca demostrar su poderío

Ocho años pueden parecer una eternidad en el fútbol. Lo son. En ese tiempo un club puede desaparecer de la conversación nacional, perder una generación de aficionados y acostumbrarse a vivir lejos de los focos. El Deportivo de La Coruña ha recorrido ese camino, descendiendo desde la élite hasta tocar fondo y emprendiendo después una reconstrucción tan lenta como compleja. Por eso, el regreso a Primera División no es únicamente un éxito deportivo: simboliza la recuperación de una institución que forma parte de la historia del fútbol español.

Pero el ascenso es solo el punto de partida. La temporada que comienza, con el estreno ante el Elche en Riazor, representa el inicio del verdadero examen. Porque mantenerse en Primera exige algo muy distinto a regresar a ella.

Bajo la presidencia de Juan Carlos Escotet, el Deportivo parece haber entendido esa diferencia. Frente a la tentación de construir un equipo únicamente con nombres veteranos, el club ha apostado por un modelo más equilibrado. La inversión realizada combina futbolistas jóvenes con margen de crecimiento –Leo Román, Asp Jensen, Bright Ede, Lorenzo Amatucci o Teun Gijselhart– con incorporaciones de experiencia contrastada como Angeliño y, sobre todo, el goleador Pierre-Emerick Aubameyang. No es una política exenta de riesgos, pero responde a una idea reconocible: competir hoy sin renunciar al valor del mañana.

El verdadero examen comienza ahora en el estadio Abanca Riazor. La historia no gana partidos, pero marca el listón para el equipo de Juan Carlos Escotet.

Esa estrategia también refleja un cambio profundo respecto a otras épocas. Durante años, demasiados clubes españoles vivieron instalados en la urgencia permanente, hipotecando el futuro para resolver el presente. El Deportivo de Escotet parece buscar ahora un equilibrio entre rendimiento deportivo y sostenibilidad económica, una condición imprescindible para aspirar a consolidarse en la máxima categoría.

Antonio Hidalgo. /   @rcdeportivo
Antonio Hidalgo. / @rcdeportivo

Antonio Hidalgo está llamado a simbolizar igualmente esa nueva etapa. Su renovación antes incluso del inicio de la Liga transmite estabilidad en un fútbol donde los proyectos suelen depender del resultado del domingo siguiente. Debutará como entrenador en Primera con la presión lógica de quien sabe que la ilusión generada durante el verano solo se mantendrá viva si llega acompañada de puntos.

Interés por Adama Traoré

La plantilla, además, continúa abierta. La necesidad de incorporar un central zurdo con jerarquía y reforzar la banda derecha evidencia que el club aún considera incompleto el proyecto. El interés por un futbolista como Adama Traoré apunta precisamente a esa intención de añadir desequilibrio y experiencia competitiva. Conviene, sin embargo, evitar que la ansiedad por mejorar conduzca a decisiones precipitadas. El mercado ofrece oportunidades, pero también errores muy caros.

El calendario tampoco concede demasiado margen. Elche, Málaga, Valencia, Villarreal, Getafe y Sevilla constituyen una secuencia suficientemente exigente para medir desde el principio el verdadero nivel competitivo del equipo. En esas primeras jornadas se comprobará si las buenas sensaciones de la pretemporada tienen continuidad cuando los puntos ya no admiten interpretaciones. Si algo parece imprescindible es que sus ejecutivos resuelvan cuanto antes las tensiones con los entusiastas Riazor Blues y otros aficionados de Marathon inferior.

Lendoiro con los trofeos de los principales títulos del Deportivo. / Marca
Lendoiro con los trofeos de los principales títulos del Deportivo. / Marca

El noveno equipo en conquistar una Liga

El Deportivo posee, además, un patrimonio que pocos clubes españoles pueden exhibir. Fue el noveno equipo en conquistar una Liga, levantó dos Copas del Rey y tres Supercopas, protagonizó una de las épocas más brillantes del fútbol nacional bajo la presidencia de Augusto César Lendoiro y alcanzó las semifinales de la Liga de Campeones en 2004, formando parte durante cinco temporadas consecutivas de la élite europea. Esa historia explica la dimensión emocional de su regreso.

Sin embargo, la memoria también puede convertirse en una carga si se transforma en nostalgia permanente. El fútbol ha cambiado profundamente desde aquellos años. Los recursos económicos, la distancia entre los grandes clubes y el resto, la competencia internacional y la profesionalización de todas las estructuras obligan a construir un proyecto adaptado al presente, no al recuerdo.

En ese sentido, el respaldo financiero de Juan Carlos Escotet a través de Abanca ha resultado decisivo para acelerar la recuperación. Su objetivo declarado no parece limitarse a garantizar la permanencia, sino devolver al Deportivo a una posición estable entre los clubes importantes del fútbol español y, con el tiempo, acercarlo de nuevo a las competiciones europeas. Es una aspiración ambiciosa, pero también coherente con la dimensión social y deportiva de una entidad que nunca dejó de sentirse de Primera.

El regreso del Deportivo no parece el final de una travesía, sino el comienzo de otra mucho más exigente. Porque volver era difícil. Permanecer lo será todavía más. Y solo si consigue consolidarse podrá empezar, algún día, a mirar de nuevo hacia esos horizontes europeos que forman parte de su mejor historia, pero que ahora deben convertirse en un objetivo construido desde la paciencia, la inteligencia y la estabilidad. @mundiario