El regreso económico del Deportivo: 60 millones para volver a Primera, pero no para volver a la élite

Hay cifras que, observadas aisladamente, parecen anunciar un regreso al pasado. El Deportivo de La Coruña prevé alcanzar unos ingresos cercanos a los 60 millones de euros tras su retorno a Primera División. A primera vista, el dato evoca inevitablemente los años dorados del club coruñés, cuando el equipo presidido por Augusto César Lendoiro conquistó la Liga, levantó dos Copas del Rey y llegó a codearse con las mayores potencias del continente en la Liga de Campeones.

Sin embargo, una mirada más detenida revela una paradoja que explica mejor que cualquier otra la transformación del fútbol europeo en el último cuarto de siglo. El Deportivo vuelve a manejar cifras parecidas a las de su época de esplendor, pero el mundo que lo rodea ya no tiene nada que ver con aquel en el que Fran, Mauro Silva, Valerón, Makaay o Tristán competían de tú a tú con los mejores equipos del continente.

En términos absolutos, el club coruñés regresa a la dimensión económica de la que disfrutó durante buena parte de la primera década de este siglo. En términos relativos, sin embargo, esos mismos ingresos apenas le permitirán situarse en la parte baja de la clasificación económica de Primera División.

Los ingresos previstos se acercan a los de la etapa de Champions, pero el contexto ha cambiado por completo. Real Madrid y Barcelona multiplican hoy por más de diez el presupuesto que tendrá el Deportivo

La comparación resulta especialmente ilustrativa. Cuando el Deportivo ganó la Liga en el año 2000, su presupuesto rondaba los 50 millones de euros. Aquella cifra lo convertía en uno de los clubes más poderosos de España y en un competidor respetado en toda Europa. Durante las temporadas de mayor éxito deportivo, especialmente entre 2002 y 2004, los ingresos del club llegaron a acercarse a los 80 o 90 millones de euros gracias a la participación continuada en la Champions League y a unos derechos televisivos que entonces comenzaban a experimentar una importante expansión.

Aquella capacidad financiera permitió construir una plantilla capaz de eliminar al Milan de Carlo Ancelotti en una de las noches más memorables de la historia del fútbol español y de alcanzar las semifinales de la máxima competición continental. El Deportivo no era un invitado ocasional entre los grandes; era uno de ellos.

Una realidad muy diferente

Veinticinco años después, los 60 millones previstos por Massimo Benassi para la temporada del regreso a Primera dibujan una realidad muy diferente. El fútbol europeo ha crecido a una velocidad que pocos podían imaginar a comienzos de siglo. Los contratos audiovisuales, la globalización de las marcas deportivas, el desarrollo comercial de los clubes y la expansión de los mercados internacionales han generado una concentración de recursos sin precedentes.

El ejemplo más evidente es el Real Madrid. El club blanco ha superado recientemente los 1.000 millones de euros de ingresos anuales, convirtiéndose en la primera entidad futbolística del mundo en alcanzar semejante dimensión económica. Lo que el Deportivo ingresará en toda una temporada representa apenas una pequeña fracción de la facturación anual del conjunto madridista.

El Barcelona, pese a las dificultades financieras que ha atravesado en los últimos años, también se mueve en magnitudes cercanas o superiores a los 800 millones de euros anuales. La diferencia entre ambos clubes y las entidades de tamaño medio se ha convertido en un abismo difícil de salvar.

Pero quizá resulte aún más revelador observar la comparación con equipos que tradicionalmente se consideran del segundo escalón del fútbol español. El Villarreal, uno de los modelos de gestión más admirados de Europa, suele situarse en una horquilla de ingresos próxima a los 200 millones de euros cuando participa en competiciones europeas y mantiene una capacidad económica que multiplica varias veces la prevista para el Deportivo.

La conclusión es evidente: el problema no es que el Deportivo haya empequeñecido, sino que el negocio se ha agrandado de forma extraordinaria.

Durante los años del Superdépor, la distancia entre los clubes más ricos y los equipos aspirantes era considerable, pero todavía manejable. Un proyecto bien gestionado, una generación talentosa de futbolistas y una política de fichajes acertada podían equilibrar la balanza. Hoy el escenario es mucho más complejo. Las diferencias presupuestarias son tan amplias que condicionan de manera decisiva las posibilidades deportivas de cada entidad.

Eso no significa que el regreso del Deportivo carezca de relevancia económica. Todo lo contrario. Los 60 millones previstos representan una transformación radical respecto a los recursos disponibles en Primera Federación o incluso en Segunda División. El salto permitirá reforzar la plantilla, consolidar la estructura profesional del club, aumentar los ingresos comerciales y fortalecer la posición institucional de una entidad que durante años vivió marcada por la incertidumbre.

Además, el ascenso llega acompañado de una ventaja que no siempre aparece reflejada en los balances. El Deportivo conserva una dimensión social que pocos clubes españoles pueden igualar. La movilización del deportivismo, la capacidad de llenar Riazor y el peso histórico de la marca constituyen activos que siguen teniendo un enorme valor en una industria cada vez más orientada hacia la construcción de comunidades globales.

Augusto César Lendoiro posando con los títulos del Deportivo. / marca.com
Augusto César Lendoiro posando con los títulos del Deportivo. / marca.com

¿Puede un club como el Deportivo aspirar nuevamente a ocupar el lugar que tuvo a comienzos de siglo?

La cuestión de fondo es otra: ¿puede un club como el Deportivo aspirar nuevamente a ocupar el lugar que tuvo a comienzos de siglo? La respuesta exige prudencia. Repetir las hazañas del Superdépor resulta hoy mucho más difícil que hace veinte años, no porque el club haya perdido ambición, sino porque el ecosistema competitivo ha cambiado radicalmente.

Sin embargo, la historia del fútbol demuestra que la grandeza no siempre se mide exclusivamente en millones de euros. El Villarreal alcanzó unas semifinales de Champions. El Girona sorprendió a Europa desde una ciudad de apenas cien mil habitantes. El Athletic Club continúa compitiendo al máximo nivel con una filosofía única en el mundo.

El reto del Deportivo consiste precisamente en encontrar su lugar en esta nueva realidad. Los 60 millones del regreso a Primera no son una puerta automática hacia la élite europea. Son, más bien, el punto de partida para construir un proyecto sostenible capaz de recuperar la estabilidad perdida y volver a situar a A Coruña en el mapa del gran fútbol. Porque la verdadera enseñanza de esta comparación histórica es tan simple como reveladora: el Deportivo vuelve a ingresar como el club grande que fue, pero compite en un fútbol que se ha vuelto mucho más gigantesco que aquel que conquistó hace veinticinco años. Y entender esa diferencia será tan importante como celebrar el regreso a Primera División. @mundiario