El repliegue de EE UU: Trump endurece el mensaje a Europa mientras reestructura la OTAN

La relación entre EE UU y sus socios europeos atraviesa una de sus etapas más delicadas desde el final de la Guerra Fría. La reunión de ministros de Exteriores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebrada en Helsingborg, Suecia, ha confirmado que la Administración de Donald Trump mantiene intacta su voluntad de redefinir el equilibrio estratégico de la Alianza Atlántica, incluso después de anunciar el envío de 5.000 nuevos soldados estadounidenses a Polonia.

El mensaje transmitido por el secretario de Estado, Marco Rubio, implica que el repliegue militar de Washington en Europa seguirá su curso y que no se trata de un castigo a los aliados europeos, sino a una revisión global de la lista de prioridades de la Casa Blanca. “Estados Unidos sigue teniendo compromisos globales que debe cumplir en términos de nuestro despliegue de fuerzas. Y eso nos obliga constantemente a reexaminar dónde colocamos tropas. Esto no es algo punitivo, es algo que está en marcha, y que ya existía”, espetó el jefe de la diplomacia estadounidense.

Sin embargo, detrás de esa explicación diplomática subyace una creciente tensión política entre Washington y varias capitales europeas. Rubio trasladó además el profundo malestar del presidente Trump por la falta de apoyo de algunos aliados en la guerra con Irán y en las operaciones vinculadas a desbloquear el estrecho de Ormuz, convertido nuevamente en uno de los puntos neurálgicos de la seguridad energética mundial.

La decepción del presidente con algunos de nuestros aliados de la OTAN y su respuesta a nuestras operaciones en Oriente Próximo, están bien documentadas. Eso tendrá que abordarse. No se resolverá ni se tratará hoy, es algo que deberá discutirse a nivel de líderes”, afirmó Rubio, flanqueado por el secretario general de la Alianza Atlántica, el neerlandés Mark Rutte, quien asintió durante la intervención.

El inminente repliegue estadounidense

Durante años, las advertencias de Trump sobre la necesidad de que Europa asumiera más costes en defensa fueron interpretadas en muchas cancillerías como una táctica negociadora. Pero la reunión de Helsingborg ha evidenciado que la reducción progresiva de la presencia militar estadounidense en el Viejo Continente forma parte ya de una máxima asumida unilateralmente.

El anuncio reciente de Trump sobre el envío de 5.000 soldados adicionales a Polonia había generado cierta sensación de alivio entre los aliados del flanco oriental. Sin embargo, la Administración republicana aclaró rápidamente que ese movimiento no altera el objetivo general de reducir progresivamente la dependencia europea de la protección militar estadounidense.

La contradicción aparente refleja, en realidad, la lógica de la nueva política exterior trumpista. Washington quiere mantener capacidad de disuasión frente a Rusia en puntos estratégicos concretos —como Polonia o el Báltico— mientras exige simultáneamente que Europa asuma el concepto de “burden shifting”, y que se encargue de una mayor carga financiera y operativa en su propia defensa.

Irán se convierte en el nuevo foco de fricción

La cuestión iraní ha intensificado todavía más las diferencias entre Estados Unidos y algunos socios europeos. Rubio verbalizó una idea que ya venía circulando en privado en la Casa Blanca, Trump considera insuficiente la colaboración europea frente a las consecuencias de la escalada en Oriente Próximo.

La referencia al estrecho de Ormuz fue especialmente significativa. El secretario de Estado advirtió de que Washington estudia escenarios alternativos si Irán mantiene bloqueada esa vía marítima esencial para el comercio energético global. Y dejó entrever que, llegado el caso, otros países deberían implicarse militarmente para garantizar la navegación.

«Lo que todos esperamos es un acuerdo con Irán en el que el estrecho esté abierto y abandonen sus ambiciones nucleares. Pero también tenemos que tener un plan B, y el plan B es: ¿qué pasa si Irán se niega a abrir el estrecho? En ese momento, alguien tendrá que hacer algo al respecto, y hay países representados aquí hoy que se verían más afectados por esto que incluso Estados Unidos», esbozó Rubio.

“Hay otros países que coinciden conmigo en que tenemos que empezar a pensar qué hacemos si dentro de unas semanas Irán decide que no le importa, que va a mantener el estrecho cerrado, que va a hundir cualquier barco que no le obedezca o no le pague. En ese momento, alguien tendrá que hacer algo al respecto”,

La Administración Trump interpreta que muchos aliados europeos critican las operaciones estadounidenses en Oriente Próximo mientras siguen beneficiándose de la protección disuasoria de Washington. Ese reproche forma parte del núcleo ideológico del movimiento “America First”, que cuestiona los compromisos exteriores considerados desproporcionados para los intereses estadounidenses.

El equilibrio de España en la OTAN

Una de cal y otra de arena, la reacción europea a estos anuncios destila preocupación y resignación. Pese al nerviosismo existente en varias capitales, la mayoría de los dirigentes europeos asume ya que la OTAN está abocada a una transformación profunda. Rutte respaldó públicamente la idea de que Europa debe depender menos de un solo aliado. Su discurso refleja el cambio de mentalidad que se está imponiendo en Bruselas para dar paso a unas capacidades europeas militares completamente autónomas ante un posible menor compromiso estadounidense.

Países como Polonia, Rumanía o Noruega admiten que llevan tiempo preparándose para ese escenario. La invasión rusa de Ucrania en 2022 reforzó inicialmente la presencia militar estadounidense en Europa, elevando el número de efectivos hasta unos 100.000 soldados. Pero Washington estudia ahora regresar progresivamente a los niveles previos al conflicto, ubicados en unos 80.000. La incertidumbre se agrava además por otras señales recientes como la congelación del despliegue de misiles Tomahawk en Alemania, las discrepancias sobre Irán o las amenazas verbales de Trump hacia aliados que no alcanzan los objetivos de gasto militar, como España.

El Gobierno de Pedro Sánchez se ha convertido en uno de los objetivos más visibles de las críticas de Trump. La negativa de Madrid a facilitar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas a Irán ha provocado un fuerte malestar en Washington. A ello se suma el hecho de que España sigue siendo el único aliado que no ha asumido el compromiso de destinar el 5% del PIB a defensa, una exigencia que Trump considera central en la nueva etapa de la OTAN.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, respondió en Helsingborg intentando rebajar la tensión y recordando que España cumple sus compromisos operativos dentro de la Alianza. También descartó cualquier posibilidad real de expulsión, subrayando que los tratados de la OTAN no contemplan ese mecanismo. “Ja, ja, ja, ja. Hablemos en serio”, dijo el jefe de la diplomacia española al ser consultado por la prensa si considera plausible una expulsión del organismo, como ha deslizado Trump en varias ocasiones desde el Despacho Oval, y ha reivindicado al país como un socio fiable irremplazable.

España es un país fiable, que siempre cumple lo que dice. Con un gasto en defensa del 2,1 %. No todos los países pueden estar en ese nivel de gasto, a pesar de que digan que van a dar más. Todas las capacidades pedidas por la OTAN, las hemos entregado. Lo puedo decir con la cabeza bien alta”, repitió un exultante Albares ante los periodistas. “Ojalá todos los aliados de la OTAN tuvieran un compromiso con la seguridad en España”, remató. @mundiario