El Real Zaragoza volvió a mostrar su peor cara en el Ibercaja Estadio. Pese a adelantarse con un golazo de Saidu, el equipo se relajó y permitió que el Sporting, sin sus delanteros titulares, le diera la vuelta al marcador antes del descanso. La derrota lo deja colista y con pie y medio en Primera Rfef.
El tanto inicial parecía un bálsamo para la grada, pero fue todo lo contrario. El gol desató la relajación de los maños y el despertar de los asturianos. Perrin empató de cabeza y Corredera, tras un penalti repetido por invasión, puso el 1-2. Los pitos se multiplicaron en un estadio que ya no cree en su equipo.
La segunda parte fue un reflejo de la impotencia zaragocista. Los cambios de Kodro y Sebas Moyano no lograron alterar el guion. El Sporting, más ordenado y con menos nervios, estuvo cerca de ampliar la ventaja con intentos de Rosas y Moya. El Zaragoza apenas generó peligro real.
El golpe definitivo llegó en el minuto 95. Con Adrián Rodríguez subido al ataque en busca del empate, Amadou aprovechó una contra para marcar el 1-3 y cerrar el partido. La imagen del portero fuera de sitio y el balón entrando en la portería fue la metáfora perfecta del hundimiento maño.
Un equipo sin alma
El Zaragoza no solo pierde partidos, pierde identidad. Ocho jornadas sin ganar y una afición que ya no soporta la apatía de sus jugadores. El gol de Saidu fue un espejismo en un equipo que se desmorona con facilidad y que parece resignado a su destino.
El Sporting, sin grandes alardes, supo aprovechar los errores del rival. La victoria en Zaragoza rompe su mala racha de seis derrotas consecutivas fuera de casa y le devuelve confianza. El contraste entre la fe asturiana y la resignación aragonesa fue evidente.
La gestión del vestuario zaragocista está en entredicho. Los jugadores parecen desconectados y el proyecto carece de rumbo. La afición, que protestó con dureza, exige cambios radicales para evitar que el club siga cayendo en el pozo del fútbol español.
El Zaragoza se inmola y se acerca a un descenso histórico. La Primera Rfef ya asoma en el horizonte y, salvo milagro, será el nuevo escenario de un club que no supo reaccionar a tiempo. La angustia se ha convertido en rutina en el Ibercaja Estadio. @mundiario
