La decisión de Israel de ordenar la evacuación de toda la franja meridional del Líbano supone uno de los movimientos más significativos desde el inicio del enfrentamiento abierto con Hezbolá en octubre de 2023. La declaración de amplias zonas del sur libanés como “zona de combate”, junto con una nueva oleada de bombardeos masivos, marca un cambio operativo que recuerda a los momentos más intensos de la guerra previa al alto el fuego y vuelve a colocar al Mediterráneo oriental ante un escenario de elevada inestabilidad.
La medida no llega aislada. Coincide con el aumento de ataques de Hezbolá, la fragilidad de los acuerdos de cese de hostilidades y unas negociaciones internacionales que podrían alterar el equilibrio regional.
El anuncio israelí amplía considerablemente el área considerada de riesgo militar. El portavoz en árabe del ejército israelí, Avichay Adraee, lanzó una advertencia que afecta a prácticamente todo el territorio situado al sur del río Zahrani, situado a unos 40 kilómetros de la frontera.
“Aconsejamos a todos los residentes del sur de Líbano evacuar hacia el norte del río Zahrani, ya que todas las zonas al sur del río se consideran zona de combate”. La orden afecta a ciudades, pueblos y campos de refugiados donde, tras los anteriores acuerdos de alto el fuego, decenas de miles de personas habían comenzado a regresar.
Especialmente significativa fue la ampliación posterior de la orden hacia la región de Tiro, una de las mayores ciudades del sur del país y núcleo receptor de desplazados internos durante meses de conflicto. La extensión de estas advertencias reabre un fenómeno que parecía parcialmente contenido: los desplazamientos masivos hacia el norte del país.
La intensificación militar fue inmediata y vino acompañada de un aumento de víctimas. Tras las advertencias, comenzaron nuevos bombardeos masivos y ataques aéreos sobre el sur y el este del país, siendo las áreas más castigadas Tiro y sus alrededores, Nabatiye, el valle de la Bekaa, los campos de refugiados palestinos como Rashidieh, y los municipios próximos a la denominada “línea amarilla”.
Los bombardeos dejaron decenas de víctimas mortales en apenas dos días, incluidos civiles, mujeres y niños, según autoridades libanesas y medios locales. El patrón operativo muestra un cambio relevante: Israel no solo concentra ataques sobre posiciones fronterizas inmediatas, sino que amplía el radio de actuación hacia zonas interiores que anteriormente registraban menor intensidad de operaciones.
Al explicar por qué Israel acelera ahora su ofensiva, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha vinculado la nueva fase a la evolución táctica de Hezbolá. El Gobierno israelí sostiene que la milicia chií ha incrementado sus ataques con drones, las operaciones con sistemas guiados por fibra óptica, los impactos sobre infraestructura israelí y los ataques contra tropas desplegadas cerca de la frontera. Por ello, Netanyahu defendió la nueva estrategia asegurando: “Estamos operando con grandes fuerzas sobre el terreno y capturando y controlando áreas”.
La referencia al establecimiento o ampliación de una franja de seguridad al norte de la frontera revela que Israel podría intentar consolidar una zona de amortiguamiento permanente o semipermanente dentro de territorio libanés, una cuestión históricamente sensible en las relaciones entre ambos países.
Por su parte, la respuesta de Hezbolá también ha contribuido a la escalada, manteniendo así la presión militar. La organización asegura haber realizado decenas de operaciones recientes que incluyen el lanzamiento de drones explosivos, ataques con cohetes, enfrentamientos directos, acciones contra blindados israelíes y ataques sobre sistemas de defensa.
El alto el fuego entra en una fase crítica
Ante este escenario, la milicia mantiene públicamente que no reducirá su actividad mientras continúe la presencia militar israelí en áreas que considera ocupadas. Esta dinámica alimenta un ciclo militar donde cada parte utiliza las acciones del adversario para justificar nuevas operaciones.
La nueva orden de evacuación masiva representa el primer aviso de esta magnitud desde la entrada en vigor de las treguas más recientes y alimenta las dudas sobre su supervivencia.
La dimensión regional detrás de la ofensiva demuestra que la escalada no puede entenderse únicamente desde la frontera israelo-libanesa, ya que existen dos procesos diplomáticos paralelos que condicionan el momento: las conversaciones entre Washington y Teherán, y los contactos indirectos entre Israel y el Gobierno libanés.
Diversos observadores consideran que la aceleración militar israelí busca aumentar la presión sobre Hezbolá antes de que un posible acuerdo entre EE UU e Irán limite su margen operativo. Mientras tanto, Teherán, aliado fundamental de la milicia chií, ha reiterado que la situación en el Líbano forma parte de cualquier negociación regional más amplia.
Esta interconexión convierte el frente libanés en algo más que un conflicto fronterizo: funciona también como un espacio de negociación indirecta entre actores regionales e internacionales. @mundiario
