La primera gran crisis del Gobierno de Abelardo de la Espriella no estaba en el guion. El nuevo presidente colombiano había llegado al poder con la intención de convertir sus primeros días en una demostración de autoridad, con las Fuerzas Armadas y la lucha contra las organizaciones criminales como prioridades. Pero el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el suroccidente del país el lunes obligó a cambiar la agenda de golpe.
El problema es que la emergencia encontró al nuevo Ejecutivo en pleno proceso de instalación. La Administración todavía estaba completando nombramientos, varios altos cargos no habían tomado posesión y una de las instituciones más importantes para responder ante un desastre permanecía formalmente bajo la dirección de un funcionario heredado del Gobierno anterior. La tragedia puso así al descubierto una de las principales consecuencias de una transición política especialmente áspera, que De la Espriella llegó al terremoto sin haber recibido plenamente las estructuras con las que debía gestionarlo.
La pieza más delicada de este rompecabezas es la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). De la Espriella había anunciado en julio que su elegido para dirigirla sería David Santiago Tamayo, geólogo antioqueño con formación en gestión de desastres y experiencia en la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo de Sabaneta.
El nombramiento, sin embargo, no se había formalizado cuando ocurrió el terremoto. En consecuencia, quien tuvo que asumir las primeras horas de la emergencia fue Javier Pava, un experto que había formado parte de la Administración de Gustavo Petro y que se encontraba todavía al frente de la entidad.
Pava anunció que abandonaría el cargo, mientras la UNGRD se encaminaba a una situación de interinidad precisamente cuando debía coordinar la respuesta nacional a una catástrofe que ha dejado centenares de muertos, miles de desaparecidos y daños todavía difíciles de cuantificar. De la Espriella regresó a Bogotá para acelerar la toma de posesión de Tamayo, pero la maquinaria burocrática volvió a demostrar que una cosa es anunciar un nombramiento y otra conseguir que el nuevo responsable esté jurídicamente habilitado para ejercer.
En mi recorrido por Pereira, Dosquebradas, Manizales y Armenia he querido estar al lado de nuestra gente: abrazarla, escucharla y asumir personalmente la respuesta del Gobierno frente a las afectaciones que dejó el terremoto.
Me he reunido con gobernadores, alcaldes y… pic.twitter.com/13r1Zc9ECO
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) August 12, 2026
Un Gobierno sin empalme con Petro
La dificultad no termina en un decreto pendiente. La llegada de De la Espriella se produjo después de una transición excepcionalmente conflictiva. El Gobierno saliente de Petro y el equipo del presidente entrante, situados en las antípodas ideológicas, no completaron el tradicional proceso de empalme entre administraciones. En circunstancias normales, esos encuentros sirven para conocer el estado real de los ministerios y organismos, identificar problemas pendientes, revisar contratos, conocer los recursos disponibles y garantizar la continuidad de servicios esenciales.
En una emergencia nacional, esa información puede resultar decisiva. El exdirector de la UNGRD Carlos Carrillo ha advertido precisamente sobre ese riesgo, que el nuevo equipo puede no conocer con suficiente detalle qué recibe, qué programas están funcionando, qué problemas estructurales existen y qué capacidad real conserva la institución.
La UNGRD es un organismo que debe reaccionar ante terremotos, inundaciones, deslizamientos, incendios y otras emergencias prácticamente de forma permanente. Su funcionamiento exige coordinación entre Gobierno central, departamentos, municipios, Fuerzas Militares, Policía, bomberos, Defensa Civil y Cruz Roja. Llegar a esa estructura sin una transición completa significa empezar a gobernarla mientras se intenta descubrir cómo funciona.
La herencia de la corrupción de la UNGRD
Tamayo, además, no recibe una institución neutral. La UNGRD quedó marcada durante el Gobierno de Petro por uno de los mayores escándalos de corrupción de la pasada legislatura, relacionado con la compra de carrotanques para llevar agua a comunidades de La Guajira. El entonces director Olmedo López, antiguo aliado de Petro, terminó implicado en la trama y se declaró culpable de su participación.
De la Espriella había utilizado precisamente ese episodio para presentar a Tamayo como el hombre encargado de «limpiar» una institución que, según el nuevo presidente, había quedado penetrada por intereses políticos y redes de corrupción. El nuevo director debe reformar una estructura cuestionada mientras aprende sobre la marcha cuál es su situación real y, además, debe hacerlo en plena emergencia nacional.
La situación se complica todavía más por el proceso de renovación de la estructura directiva. Según el relato de antiguos responsables de la entidad, durante los últimos meses se produjo la salida de varios subdirectores y de otros funcionarios que no pertenecían a la carrera administrativa. El resultado es una organización con buena parte de su cúpula renovada o pendiente de renovación.
Cambios de Gabinete en plena tragedia
Dentro de esta fotografía hay, no obstante, una ventaja para De la Espriella. Carlos Ríos, director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE) y antiguo responsable de la campaña presidencial, tiene experiencia directa en gestión del riesgo. Antes de incorporarse al Gobierno nacional dirigió el organismo encargado de esta materia en Antioquia, durante la Administración del gobernador Andrés Julián Rendón. Ríos conoce, por tanto, los protocolos, las necesidades de coordinación territorial y el funcionamiento de los mecanismos de respuesta. En una crisis que exige rapidez, esa experiencia puede convertirse en uno de los activos más importantes del nuevo Ejecutivo.
La inestabilidad administrativa alcanzó además al Ministerio de Vivienda. Ruth Maritza Quevedo Fique, viceministra de Agua y Saneamiento Básico, confirmó que había sido declarada insubsistente después de haber presentado su renuncia el 7 de agosto. Lo relevante es que, pese a la transición, permaneció en el cargo durante los primeros días del nuevo Gobierno y llegó a participar en la gestión de la emergencia.
El lunes remitió a la sala de crisis de la UNGRD información sobre la continuidad del suministro de agua en los municipios afectados. Su sustituta es Mónica Saldarriaga, ingeniera civil que hasta entonces dirigía Aguas y Aguas de Pereira, precisamente una de las zonas golpeadas por el terremoto. El relevo puede tener lógica administrativa a medio plazo, pero vuelve a ilustrar el momento especialmente delicado en el que se produce la reorganización del Estado colombiano. @mundiario
