El Valladolid se desangra: del “ascenso seguro” al miedo real de caer a Primera Rfef

El fútbol tiene una forma cruel de desnudar las ilusiones: lo que parecía un candidato al ascenso se ha convertido en un equipo que coquetea con el descenso a Primera Rfef. El Valladolid no está viviendo una mala racha, está atravesando un derrumbe histórico que lo coloca en su peor temporada en medio siglo.

Las cicatrices institucionales pesan más que los goles. La salida de Ronaldo Nazário dejó un legado de descensos y contratos pesados, y el grupo Ignite heredó un club hipotecado. Reconstruir con deudas es como correr con piedras en los tobillos: cada paso cuesta el doble y la meta se aleja.

El banquillo tampoco ha sido refugio. Almada nunca encontró la tecla y su marcha al Oviedo abrió un vacío que Tevenet no ha sabido llenar. Seis jornadas bastaron para confirmar que el equipo retrocede. Sin victorias en casa desde hace meses, el Pucela transmite vacío: ni plan ni alma.

La plantilla, joven y frágil, tampoco responde. El mercado de invierno no corrigió nada porque cambiar piezas no sirve si el motor está roto. El Valladolid juega como un club que no se reconoce: bloqueado, incapaz de sostener partidos cuando se complican.

Lo más doloroso está en la grada. De los 22.500 abonados, casi 9.000 ya no acuden. No es desinterés, es hartazgo. Zorrilla ha dejado de empujar y el equipo se queda sin su último salvavidas. Quedan 17 partidos, pero el riesgo de caer a la tercera categoría es real. El Valladolid soñó con rebotar; hoy, simplemente, lucha por no hundirse. @mundiario