Eléonore de Bélgica da un giro a su futuro con una carrera muy parecida a la que rechazó la infanta Sofía

Las nuevas generaciones de la realeza europea están demostrando que los tiempos han cambiado. Atrás quedan los años en los que el futuro de un príncipe o una princesa parecía escrito desde la infancia. Hoy, cada vez son más los herederos que buscan una formación internacional, personalizada y adaptada a un mundo globalizado. La última en confirmar esa tendencia ha sido la princesa Eléonore de Bélgica.

La hija menor de los reyes Felipe y Matilde ha decidido abandonar temporalmente su país para comenzar una nueva etapa académica en los Países Bajos. A partir del próximo mes de septiembre estudiará en el prestigioso University College Utrecht (UCU), un centro perteneciente a la Universidad de Utrecht que destaca por un modelo educativo muy diferente al de las carreras universitarias convencionales.

Su elección no ha pasado desapercibida. El programa que cursará guarda numerosas similitudes con el que la infanta Sofía llegó a estudiar antes de decantarse finalmente por una licenciatura internacional en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Dos jóvenes royals que, aunque pertenecen a monarquías distintas, comparten una misma filosofía: apostar por una educación moderna, internacional y completamente abierta.

Lejos de las titulaciones tradicionales, Eléonore estudiará un grado de Artes y Ciencias Liberales, una formación impartida íntegramente en inglés y con una duración de tres años que permite a cada estudiante diseñar gran parte de su propio itinerario académico.

Ese es precisamente uno de los aspectos que más diferencia este modelo universitario del resto. No existe un plan cerrado para todos los alumnos. Cada estudiante construye su formación seleccionando asignaturas de distintas disciplinas, combinando materias de Humanidades, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales según sus intereses y aspiraciones profesionales.

Al finalizar el programa, será la propia evolución académica de la princesa la que determine si obtiene una titulación orientada a las Artes y Letras o, por el contrario, un grado vinculado a las Ciencias. Una fórmula poco habitual que busca formar perfiles versátiles, con capacidad para adaptarse a distintos ámbitos laborales.

El centro tampoco es una universidad cualquiera. El University College Utrecht está considerado uno de los programas de excelencia académica más prestigiosos de los Países Bajos y solo admite a estudiantes con expedientes especialmente brillantes. Además de acreditar un elevado rendimiento durante el Bachillerato, los aspirantes deben demostrar un dominio prácticamente perfecto del inglés para seguir unas clases completamente internacionales.

En el caso de Eléonore, ese requisito no supone ningún obstáculo. La princesa cursó el Bachillerato Internacional en Bruselas, una formación impartida íntegramente en inglés que la preparó precisamente para acceder a universidades de este perfil.

La filosofía del centro encaja perfectamente con la imagen que la Casa Real belga quiere proyectar de su hija menor. El programa está dirigido a jóvenes con curiosidad intelectual, capaces de desenvolverse en diferentes áreas del conocimiento y con interés por explorar disciplinas muy distintas antes de especializarse.

Su elección también pone de manifiesto una tendencia cada vez más visible entre las nuevas generaciones de las familias reales europeas. En lugar de permanecer en sus países de origen, muchos de sus miembros optan por estudiar en el extranjero para ganar independencia, conocer otras culturas y convivir con estudiantes de todo el mundo.

La decisión de instalarse en los Países Bajos tampoco resulta casual. Bélgica y Holanda mantienen desde hace décadas una estrecha relación institucional y familiar, reforzada por los frecuentes encuentros entre ambas casas reales.

Los vínculos personales son igualmente sólidos. La reina Matilde mantiene una excelente relación con la familia real neerlandesa y, de hecho, es madrina de la princesa Alexia de los Países Bajos. Además, Eléonore ya conoce bien el idioma y la cultura neerlandesa después de haber realizado parte de su educación primaria en un colegio de habla neerlandesa.

Con este nuevo paso, la princesa inicia una etapa decisiva tanto en el plano académico como en el personal. Aunque ocupa el cuarto lugar en la línea de sucesión al trono belga, por detrás de sus hermanos Elisabeth, Gabriel y Emmanuel, su posición le permite disfrutar de una vida institucional mucho menos condicionada que la de la futura reina.

Eso explica que pueda construir un perfil propio alejado de las obligaciones más estrictas de la Corona, apostando por una formación flexible que le abra puertas en ámbitos tan diversos como la diplomacia, la investigación, la comunicación, la gestión cultural o las organizaciones internacionales.

El caso de Eléonore confirma además que la educación se ha convertido en uno de los grandes escaparates de las nuevas monarquías europeas. Cada elección universitaria refleja no solo las inquietudes personales de sus jóvenes protagonistas, sino también el deseo de las casas reales de formar representantes preparados para desenvolverse en una sociedad cada vez más internacional.

Mientras la princesa Elisabeth se prepara para asumir en el futuro el peso institucional de la Corona belga, su hermana pequeña emprende un camino diferente, marcado por la libertad académica y la posibilidad de diseñar un futuro prácticamente a medida. Una apuesta poco convencional que vuelve a demostrar que las princesas del siglo XXI escriben sus propias reglas. @mundiario