España eleva el listón: 9 partidos ante campeones y 9 victorias

Hay estadísticas que necesitan demasiadas explicaciones y otras que prácticamente cuentan solas la historia. España lleva nueve partidos consecutivos contra selecciones que saben lo que significa levantar una Copa del Mundo y los ha ganado todos. Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, otra vez Francia, Uruguay, de nuevo Francia, Argentina y nuevamente Inglaterra. Nueve partidos, nueve victorias. Ni un empate ni una derrota.

La secuencia empezó en la Eurocopa de 2024. España derrotó 1-0 a Italia en la fase de grupos, eliminó a Alemania por 2-1 después de la prórroga en cuartos, remontó a Francia para ganar 2-1 en semifinales y venció también 2-1 a Inglaterra en la final de Berlín. Cuatro partidos ante cuatro campeones del mundo diferentes y cuatro triunfos dentro del mismo torneo. Además que aquella España ganó los siete partidos de la Eurocopa, algo que ya colocó aquel campeonato entre los más autoritarios de la historia reciente del torneo.

Pero aquello no terminó en Alemania. Francia volvió a aparecer en las semifinales de la Nations League de 2025 y España volvió a derrotarla, esta vez por 5-4 en Stuttgart. Fue el encuentro con más goles de la historia de la competición. Portugal impidió después el título español en una final que terminó 2-2 tras la prórroga y se decidió en los penaltis, pero tampoco aquello rompió esta estadística: el partido no fue una derrota y Portugal nunca ha sido campeona del mundo.

El Mundial de 2026 terminó de elevar la racha a una dimensión distinta. España venció a Uruguay, volvió a eliminar a Francia en semifinales y derrotó a Argentina en la final para conquistar su segunda estrella. La vigente campeona de Europa acabó convirtiéndose también en campeona del mundo y añadió otros tres gigantes históricos a una colección que comenzaba a resultar difícil de explicar cómo una simple coincidencia.

Y apenas dos meses después apareció Inglaterra en Wembley. España estrenó las dos estrellas sobre el pecho en uno de los estadios más simbólicos del fútbol mundial y volvió a ganar: 2-3. La RFEF confirmó después del encuentro que la selección había elevado además a 39 partidos su récord de encuentros consecutivos sin perder. La victoria en Londres no fue, por tanto, un apéndice después del Mundial: prolongó una dinámica competitiva que atraviesa torneos, escenarios y generaciones de rivales.

La pregunta entonces resulta inevitable: ¿hasta qué punto es extraordinario ganar nueve veces seguidas a campeones del mundo? Basta con mirar a algunas de las selecciones utilizadas históricamente como referencia. El Brasil de Pelé de 1970, considerado por muchos uno de los mejores equipos que han existido, derrotó durante aquel Mundial a Inglaterra, Uruguay e Italia, tres países que ya habían sido campeones. Ganó los seis partidos del campeonato y acabó destrozando 4-1 a Italia en la final. Una exhibición histórica, pero fueron tres victorias ante campeones del mundo, no nueve.

Italia hizo algo parecido en 1982. La selección de Enzo Bearzot derrotó en la segunda fase a la Argentina que defendía el título, acabó con el maravilloso Brasil de Zico, Sócrates y Falcão por 3-2 y terminó imponiéndose 3-1 a Alemania Occidental en la final del Santiago Bernabéu. Otra campeona construida atravesando gigantes y otra referencia para entender la dificultad de lo que está haciendo España: tres campeones del mundo terminaron derrotados durante aquel recorrido.

Alemania llevó esa misma exigencia al extremo en 2014. Sus tres últimos partidos del Mundial fueron contra tres campeones del mundo: Francia en cuartos, Brasil en semifinales y Argentina en la final. Ganó 1-0, 7-1 y 1-0 después de la prórroga. Probablemente sea uno de los caminos más impresionantes hacia un título mundial que se recuerden. Incluso aquella Mannschaft se quedó en tres victorias consecutivas de ese calibre dentro del torneo.

Y la comparación más reveladora está en casa. Ni siquiera la España de 2008, 2010 y 2012 consiguió una secuencia semejante. Aquella selección sigue ostentando un registro que nadie ha igualado: fue la primera en ganar tres grandes campeonatos consecutivos, Eurocopa-Mundial-Eurocopa. Pero en los cuartos de la Euro 2008 empató 0-0 con Italia antes de eliminarla en los penaltis y comenzó la Euro 2012 empatando 1-1 nuevamente contra la Azzurra. Durante esos tres torneos derrotó a campeones como Alemania, Francia o Italia, pero no convirtió cada enfrentamiento contra uno de ellos en una victoria.

 

Tampoco las otras grandes campeonas recientes ofrecen una comparación idéntica. Francia encadenó Mundial y Eurocopa entre 1998 y 2000, pero necesitó los penaltis para superar a Italia en los cuartos del Mundial de 1998 y perdió 2-3 contra Países Bajos durante la Euro 2000. Argentina construyó otro ciclo magnífico con la Copa América de 2021, la Finalissima de 2022 y el Mundial de Catar, derrotando entre otros a Brasil e Italia, pero tanto los cuartos contra Países Bajos como la final ante Francia en 2022 terminaron empatados después de 120 minutos y se resolvieron desde el punto de penalti.

Ahí está la verdadera dimensión del dato español. No significa automáticamente que esta España sea mejor que Brasil 1970, Italia 1982, Alemania 2014 o la propia Roja de 2008-2012. Comparar generaciones separadas por décadas exige mucho más que una estadística. Pero sí demuestra hasta qué punto el actual equipo español está sosteniendo un nivel competitivo excepcional frente a la aristocracia del fútbol mundial.

España no está construyendo esta etapa únicamente goleando a selecciones menores o acumulando victorias en fases de clasificación. Ha ganado una Eurocopa, un Mundial, ha alcanzado otra final de Nations League y ha sobrevivido a prácticamente todas las grandes potencias que aparecieron por el camino.

Nueve veces apareció enfrente una selección campeona del mundo y nueve veces ganó España. Brasil 1970, Italia 1982, Alemania 2014 o incluso la España más laureada de la historia sirven para entender la dificultad de mantener semejante secuencia. No hace falta inventarle un récord que todavía nadie ha certificado. Lo que ya está demostrado resulta suficientemente extraordinario: esta España no solo pertenece a la élite. Lleva más de dos años ganándole cada vez que se encuentra con ella. @mundiario