El nombre de James Rodríguez volvió a escena por motivos ajenos al fútbol. Un rumor sobre una supuesta rabdomiólisis, una enfermedad potencialmente grave, encendió las alarmas en torno al colombiano. Sin embargo, el Minnesota United FC salió con contundencia a desmentir cualquier diagnóstico de este tipo, frenando una ola de especulación que había ganado fuerza en redes sociales.
El club estadounidense fue tajante en su comunicado oficial, subrayando que “no existe evidencia clínica ni de laboratorio de rabdomiólisis”. Además, detalló que el futbolista “participó en una sesión supervisada de reincorporación a la actividad”, dejando claro que su situación está controlada y bajo seguimiento médico. Un mensaje directo para disipar dudas y proteger la privacidad del jugador.
El origen del revuelo se sitúa en su reciente hospitalización tras concentrarse con la selección de Colombia. A partir de ahí, distintas informaciones apuntaron a una posible afección grave. Incluso se llegó a describir como “una afección grave, potencialmente mortal”, asociando síntomas como debilidad extrema o daño muscular. Nada de eso ha sido confirmado por fuentes oficiales.
La versión inicial desde Colombia ya apuntaba a un escenario mucho menos alarmante: un virus estomacal acompañado de deshidratación severa. Esa explicación encaja con la evolución actual del jugador, que ya ha regresado a la dinámica de entrenamientos de forma progresiva, siguiendo los tiempos marcados por los servicios médicos del club.
Así, el foco vuelve a lo deportivo, aunque con cautela. A sus 34 años, James encara un nuevo capítulo en la MLS con la necesidad de estabilidad física. El Minnesota, mientras tanto, actúa con prudencia, consciente de que cualquier paso en falso puede amplificar el ruido mediático. Por ahora, la noticia es clara: no hay enfermedad grave, solo un proceso de recuperación bajo control. @mundiario


