Parwana Malik fue vendida por sus padres a un extraño al que la niña describiró como un «anciano» debido a su barba y cejas blancas.
La historia de Parwana, publicada por CNN, ya ha dado la vuelta al mundo. Se ha convertido en el símbolo de la inocencia interrumpida en Afganistán. «¿Sabés por qué te vendieron?», le preguntó el periodista que hizo el reportaje. «Mi padre me vendió porque no tenemos pan, ni arroz, ni harina.. me vendió a un hombre viejo», respondió la niña.
La familia de Parwana dijo que no tenía otra opción y que se encuentran entre decenas de familias indigentes que se ven obligadas a vender a sus hijas pequeñas en matrimonio para sobrevivir, mientras Afganistán se hunde aún más en una crisis humanitaria.
Parwana y su familia vivieron en un campo de desplazados afganos en la provincia de Badghis durante los últimos cuatro años. Sobrevivieron gracias a la ayuda humanitaria.
El padre de la niña le dijo a la CNN que había buscado trabajo sin éxito y que había pedido prestado dinero a sus familiares, y su esposa incluso mendigaba comida a otros residentes del campamento, pero nada funcionó.
«No tengo trabajo, ni dinero, ni comida. Tengo que venderla porque no tengo otra opción», explicó Abdul, el padre de la niña.
El comprador, Qorban, pagó 2.000 dólares por la niña. «Esta es tu novia, por favor cuídala… no le pegues», suplicó Abdul. «Parwana era barata, y su padre era muy pobre y necesita dinero», dijo Qorban. «Ella trabajará en mi casa. No la golpearé. La trataré como a un miembro de la familia. Seré amable», le dijo a CNN.
«Como pueden ver, no tenemos futuro, nuestro futuro está destruido. Tendré que vender otra hija si mi situación financiera no mejora, probablemente la niña de dos años», contó Abdul.
La hisotria de Parwana no es única, es una realidad en muchas familias afganas. Una niña, de 10 años, pasa sus días llorando mientras espera el día en que la vendan a un hombre de 70 años para ayudar a su familia a pagar sus deudas.
Otra familia de nueve miembros se está preparando para vender a sus hijas de cuatro y nueve años para tener suficiente dinero para la comida.

