El idilio estival que unió el destino de Ferran Torres con el Paris Saint-Germain amenazaba con reescribir las leyes del fútbol moderno. Aquel desembarco triunfal, jalonado de dobletes tempraneros y cánticos entusiastas en las gradas de la capital francesa, encumbró al canterano valenciano como el estandarte ofensivo de un proyecto diseñado para conquistar Europa. Sin embargo, el paso de las semanas y la actual racha de ocho encuentros sin ver puerta han desatado un incomprensible asombro en el ecosistema galo, como si de repente hubieran descubierto una faceta oculta del atacante.
En realidad, lo que hoy se percibe en París como un bache desconcertante no es más que la constatación estadística de una realidad perfectamente documentada durante su etapa en el FC Barcelona. Como lo explican desde la prensa catalana, en particular periodistas como Clàudia Espinosa, saben de la inconstancia anotadora del de Foios, un delantero con una calidad indudable pero cuya trayectoria profesional jamás se ha cimentado sobre la regularidad metronómica del artillero infalible.
El análisis de la comunicadora es letal: los fríos números de sus campañas reflejan una evolución notable en su capacidad realizadora, coronada con los veintiún tantos del curso pasado, pero también delatan una alternancia cíclica de rachas. Su promedio histórico, oscilando habitualmente entre un tanto cada dos o tres partidos, desenmascara la ilusión óptica que supuso aquel arranque fulgurante en la Ligue 1. Las sequías prolongadas, de hasta dieciséis o veinte partidos oficiales en etapas pretéritas con la camiseta culé, forman parte del ADN competitivo de un futbolista que vive en una montaña rusa emocional constante.
La exigencia desmedida del hincha parisino, malacostumbrado al brillo inmediato, choca frontalmente con la verdadera dimensión del exvalencianista. Esperar que un extremo reconvertido a punta mantenga una eficacia clínica del cien por cien en cada salida al césped supone ignorar el catálogo completo de virtudes que le han permitido mantenerse en la elite bajo la atenta mirada de entrenadores tan exigentes como Luis Enrique.
Más allá de la red: el valor invisible del delantero
Porque reducir el impacto de Ferran Torres al recuento estricto de sus goles constituye un ejercicio de miopía futbolística imperdonable. El técnico asturiano, fiel a su pragmatismo táctico, comprende perfectamente que la aportación de un atacante moderno abarca infinitamente más que empujar el esférico al fondo de las mallas. Su movilidad inasequible, la capacidad milimétrica para estirar los bloques rivales atacando los espacios y una generosidad defensiva encomiable en la presión alta justifican sobradamente su presencia sobre el verde.
Anoche mismo, en el triunfo ajustado frente al Troyes, el internacional español dispuso de múltiples ocasiones claras que no supo materializar, evidenciando un evidente problema de confianza en la definición. No obstante, su participación constante generó zozobra permanente en la retaguardia contraria, liberando pasillos interiores para la llegada de sus compañeros y garantizando un caudal ofensivo que pocos futbolistas en el panorama europeo son capaces de sostener.
Las palabras de respaldo público emitidas por Luis Enrique reflejan una lectura lúcida y sosegada de la situación, entendiendo que la preocupación real nacería el día que el delantero dejara de generar oportunidades de peligro. El preparador asturiano conoce como nadie las virtudes y los cortocircuitos de un jugador al que apadrinó en la selección, protegiéndole del ruido mediático interesado que agita las redacciones de la capital gala.
París empieza a comprender ahora que el gen competitivo de Ferran se alimenta tanto de sus aciertos como de su incombustible resistencia a la frustración. Las rachas negativas son peajes inevitables en la carrera de un deportista de máxima exigencia, obligado a convivir permanentemente con el escrutinio de la crítica. Además, hay que entender algo importante: incluso los mejores atacantes de la historia vivieron de rachas y aunque Ferran no entra en esa categoría galáctica, se entiende que es un futbolista con esas características.
Este tipo de artículo de opinión de Sport parece más bien una respuesta a un jugador que ya no está defendiendo los colores azulgranas y que de vez en cuando ha lanzado comentarios que no gustaron en el seno de la capital catalana. Seguramente, cuando Ferran Torres vuelva a marcar goles como churros todos se lamentarán el haber perdido a un excelente delantero que no es un crack, pero que ayuda y mucho a un plantel con una temporada larga. @mundiario
