Fin de la pausa de Trump: EE UU responde con dureza al ataque iraní en Jordania

La ventana diplomática que Donald Trump aseguró querer abrir apenas ha sobrevivido unos días. La respuesta militar de Estados Unidos al ataque iraní contra instalaciones donde se encuentran desplegadas tropas estadounidenses en Jordania ha supuesto un nuevo punto de inflexión en un conflicto que, cinco meses después de su inicio, continúa ampliando su radio de acción y sumando nuevos actores.

El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó haber ejecutado una «intensa oleada de ataques» durante aproximadamente dos horas contra decenas de objetivos pertenecientes al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), entre ellos centros de mando, instalaciones de misiles y drones, sistemas de vigilancia costera y capacidades marítimas. Según el mando estadounidense, la operación perseguía reducir la amenaza que representan Irán y sus fuerzas aliadas para las tropas norteamericanas, la navegación comercial y los países vecinos del Golfo.

La represalia llegó apenas un día después de que Irán lanzara misiles balísticos contra posiciones estadounidenses en Jordania. Las autoridades jordanas informaron posteriormente de que sus defensas aéreas interceptaron cinco proyectiles dirigidos contra su territorio, sin que se registraran víctimas.

Durante el pasado fin de semana, Trump había asegurado que estaba dispuesto a conceder margen a las conversaciones con Teherán y había ordenado suspender temporalmente los bombardeos para facilitar un posible acercamiento diplomático. Incluso llegó a afirmar que existían «buenas conversaciones» con Irán y que todavía era posible alcanzar un acuerdo si las negociaciones prosperaban. 

Sin embargo, el lanzamiento de misiles iraníes cambió por completo ese panorama, ya que, incluso antes de que comenzaran los bombardeos, el presidente estadounidense ya había endurecido públicamente su discurso al afirmar: «Vamos a golpearles muy duro porque ahora nos toca a nosotros golpear». Esta frase, pronunciada pocas horas antes de la ofensiva aérea, acabó convirtiéndose en el preludio de la respuesta militar que posteriormente confirmó el Pentágono.

La consecuencia inmediata es evidente: el proceso negociador queda, al menos por ahora, en un terreno de enorme incertidumbre. Aunque varios mediadores internacionales sostienen que los contactos diplomáticos no se han roto completamente, el intercambio de ataques dificulta enormemente cualquier avance inmediato.

Una represalia con un mensaje estratégico

Según explicó el CENTCOM, fueron atacadas infraestructuras relacionadas con el mando militar iraní, instalaciones para el lanzamiento de misiles y drones, sistemas de vigilancia marítima y posiciones defensivas vinculadas al IRGC. La elección apunta a reducir la capacidad iraní para proyectar ataques sobre las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región y sobre las rutas comerciales del Golfo Pérsico.

No se trata únicamente de responder por un episodio concreto, sino de degradar capacidades militares consideradas estratégicas por Washington. Así, desde la perspectiva estadounidense, el mensaje busca reforzar la disuasión; sin embargo, desde la óptica iraní, previsiblemente, supone un nuevo motivo para justificar futuras represalias. Este círculo de acción y respuesta es precisamente el que hace cada vez más difícil regresar a una negociación estable.

Uno de los aspectos más relevantes de esta nueva fase es el protagonismo adquirido por Jordania, ya que, hasta hace pocos meses, el reino hachemí intentaba mantenerse relativamente al margen de las hostilidades directas entre Washington y Teherán. Sin embargo, el país alberga instalaciones utilizadas por fuerzas estadounidenses, lo que lo convierte en un objetivo potencial dentro de la estrategia iraní. 

Las Fuerzas Armadas jordanas aseguraron haber interceptado todos los misiles dirigidos hacia su territorio y afirmaron que la operación defensiva evitó daños personales y materiales. Aun así, el hecho de que el país vuelva a encontrarse bajo amenaza ilustra cómo el conflicto continúa extendiéndose más allá de los escenarios tradicionales.

La guerra amplía su perímetro regional

En los últimos días también se han registrado operaciones conjuntas de Estados Unidos y Arabia Saudí contra milicias respaldadas por Irán en Irak, mientras los hutíes mantienen la presión sobre infraestructuras energéticas y rutas marítimas estratégicas. Paralelamente, Egipto ha sufrido un ataque con drones contra buques gasísticos en el puerto mediterráneo de Damieta, un incidente cuya autoría continúa bajo investigación.

Cada nuevo frente incrementa el riesgo de que otros Estados o actores armados se vean arrastrados a una dinámica que resulta cada vez más difícil contener. Ese fenómeno explica que numerosos analistas describan el momento actual como una fase especialmente delicada del conflicto.

Formalmente, nadie da todavía por enterrada la vía diplomática. Diversos mediadores internacionales insisten en que continúan los contactos para intentar devolver a ambas partes a la mesa de negociación. Sin embargo, el intercambio de misiles y bombardeos ha reducido considerablemente el margen político disponible para realizar concesiones inmediatas.

Trump mantiene que Estados Unidos responderá con contundencia a cualquier nuevo ataque, mientras Irán continúa defendiendo que sus acciones responden a operaciones militares estadounidenses previas. En ese contexto, la negociación queda suspendida en una situación de «veremos»: no ha desaparecido completamente, pero tampoco dispone hoy de las condiciones mínimas de confianza que suelen preceder a un alto el fuego duradero. @mundiario