La seguridad y la reforma del Estado se perfilan como los dos grandes ejes de la propuesta de Flávio Bolsonaro para Brasil. A nueve días de las elecciones, el candidato ha anunciado una ofensiva contra las principales organizaciones criminales del país y ha planteado cambios constitucionales que afectarían tanto a la Presidencia como al Poder Judicial. Su programa combina medidas de mano dura con promesas de renovación política, aunque quedan cuestiones por aclarar sobre su aplicación y sus consecuencias.
Flávio Bolsonaro ha prometido declarar la guerra al narcotráfico si llega al Palacio de Planalto. En una entrevista con Globo, adelantó que seguiría la línea estadounidense al considerar organizaciones terroristas a los dos principales grupos criminales brasileños: el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho.
La iniciativa supondría un endurecimiento del enfoque contra unas redes que representan uno de los grandes desafíos de seguridad del país. Sin embargo, calificar a estas organizaciones como terroristas no resolvería por sí solo el problema. La eficacia de una estrategia de este tipo dependería también de la capacidad policial, la coordinación entre instituciones, el control de las prisiones y la persecución de las estructuras financieras que sostienen el negocio de la droga.
El candidato del Partido Liberal también ha anunciado su intención de incorporar Brasil a la alianza Escudo de las Américas, impulsada por Washington y respaldada por una quincena de gobiernos de derechas. El movimiento reforzaría la cooperación internacional en materia de seguridad, aunque también obligaría a definir hasta dónde estaría dispuesto Brasil a adaptar su política contra el crimen organizado a las prioridades estadounidenses.
Un solo mandato y reformas para cambiar las instituciones
Otro de los compromisos de Bolsonaro hijo es permanecer únicamente cuatro años en la Presidencia, según su propuesta de limitarse a un solo mandato. El candidato asegura que no pretende perpetuarse en el cargo y sostiene que la derecha brasileña dispone de nuevos dirigentes capaces de dar continuidad a su proyecto.
También ha prometido impulsar reformas constitucionales, entre ellas ampliar la duración del mandato presidencial y eliminar la posibilidad de reelección. La combinación de ambas medidas exigiría una revisión del actual sistema político y abriría un debate sobre cómo garantizar la alternancia sin debilitar la rendición de cuentas de los gobernantes.
A ello se suma su intención de reformar el Poder Judicial bajo el argumento de «redemocratizar Brasil». El alcance de esos cambios será determinante: cualquier modificación deberá aclarar cómo se preservan la independencia de los tribunales y los mecanismos de control sobre el Ejecutivo.
En cuanto a su entorno familiar, Flávio ha negado que vaya a nombrar ministro de Exteriores a su hermano Eduardo, residente en Texas y condenado en Brasil por obstrucción a la Justicia. Sobre su padre, Jair Bolsonaro, que cumple condena por su implicación en el intento de golpe de Estado, ha evitado concretar si tendría alguna función en un hipotético Gobierno, aunque considera que contar con el asesoramiento de un expresidente sería un privilegio.
Lula y Jair Bolsonaro, en el centro de la disputa política
La campaña también refleja la persistencia de la confrontación entre dos modelos políticos. Flávio ha criticado a Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, por volver a competir por la Presidencia, mientras defiende que su propia candidatura representa una nueva etapa para la derecha.
Al mismo tiempo, mantiene la defensa de su padre, cuya condena ha calificado de injusta y ha descrito como una farsa. Esa postura anticipa que el debate sobre las responsabilidades políticas y judiciales del bolsonarismo seguirá presente en la contienda.
En el terreno social, el candidato ha asegurado que respetará los derechos laborales y mantendrá la reforma aprobada para poner fin a la escala 6×1, que permitirá a millones de trabajadores disfrutar de un segundo día libre.
El contraste entre sus propuestas de seguridad, sus planes institucionales y sus compromisos laborales plantea una cuestión central: cómo trasladaría esas promesas a políticas concretas y qué apoyos necesitaría para ejecutarlas. El resultado no dependerá únicamente de los anuncios de campaña, sino también de su capacidad para convertirlos en medidas compatibles con las instituciones democráticas brasileñas. @mundiario

