El barcelonismo transita por un estado de euforia desbordante ante el inmaculado inicio de temporada protagonizado por el bloque azulgrana. Instalado en la cumbre de LaLiga con pleno de victorias y exhibiendo una propuesta coral en la que prácticamente todos los integrantes del plantel suman, hasta el punto de haber dado minutos ya a su tercer guardameta, Dominik Livakovic. Ante este panorama tan alegre y optimista, el FC Barcelona encara una nueva prueba continental en la Champions League
En la víspera de visitar el siempre hostil feudo del Galatasaray, Hansi Flick compareció ante los medios con un discurso pragmático, empeñado en poner los pies en la tierra y frenar de golpe cualquier distracción. El preparador alemán no esquivó la etiqueta de gran aspirante a la orejona, asumiendo con naturalidad que el planeta fútbol los sitúe entre los máximos candidatos a levantar el cetro europeo. Al respecto dijo lo siguiente: «siempre digo que estoy contento de cómo estrenamos, pero cada partido es diferente. Será difícil mañana. Es un privilegio estar aquí, pero en el fútbol las cosas pueden cambiar. Todos estamos listos para este partido.»
Para el técnico teutón, encontrarse en esa posición de privilegio no representa una losa psicológica, sino el fruto del riguroso trabajo diario realizado desde el verano. No obstante, Flick quiso recordar la volatilidad propia del fútbol de élite, insistiendo en que el camino hasta la final es sumamente extenso y que la única vía para sostener semejante ritmo reside en mantener intacta la mentalidad de control y posesión exhibida hasta la fecha.
La comparecencia subió de temperatura cuando el foco periodístico intentó desviar la atención hacia la actualidad del Real Madrid, las quejas institucionales del club blanco respecto a las actuaciones arbitrales y el ruido previo al Clásico. Fiel a su habitual sobriedad en sala de prensa, el estratega germano cortó de raíz el debate con evidente hastío: «Espero que algún día aprendáis que nunca respondo preguntas relativas a otros equipos», sentenció de forma tajante, exigiendo respeto profesional hacia el Galatasaray y posponiendo cualquier valoración sobre la situación deportiva de Vinicius para dentro de dos semanas, cuando el enfrentamiento directo entre los dos colosos sea inminente.
El entrenador barcelonista prefirió centrar sus análisis en la auténtica encerrona ambiental que aguarda a los suyos en tierras turcas. Consciente de que el infierno de Estambul suele desfigurar a los favoritos que no igualan la intensidad local, Flick avisó de que la plantilla deberá mantenerse blindada y unida para neutralizar el empuje del graderío otomano y contrarrestar a un adversario que ha dado un salto cualitativo notable ante rivales de primer orden.
La carta de Gabriel Jesus y el reto de Ali Sami Yen
En el apartado estrictamente táctico, el preparador culé dejó abierta la puerta a una nueva titularidad de Gabriel Jesus en la vanguardia ofensiva. El atacante brasileño ha encajado de forma sobresaliente en la dinámica del grupo, aportando trabajo sin balón y dinamismo entre líneas. Flick no dudó en catalogar su rápida aclimatación como una grata sorpresa competitiva, destacando su comportamiento impecable dentro del vestuario y confirmando que su presencia en el once inicial se resolverá tras la última sesión preparatoria sobre el césped turco.
No hay que olvidar que el brasileño venía de unos años bien complicados con el Arsenal, donde perdió todo tipo de continuidad a las órdenes de Mikel Arteta por culpa de las lesiones; sin embargo, los problemas físicos de Raphinha le han dado la oportunidad en su nuevo club de poner su talento a disposición del equipo como ocurrió en el más reciente partido de LaLiga ante el Getafe.
«Está listo. Si juega, que aún no lo sabemos, lo decidiremos después del entrenamiento. Estamos muy contentos con él. Es una pequeña sorpresa, hay que reconocerlo. Su comportamiento es fantástico y es un gran jugador.» sentenció el alemán.
Preguntado asimismo por el talento emergente de la escuadra otomana y la posibilidad de que alguna de sus piezas pudiera recalar en un gigante como el Barça en el futuro, el técnico teutón optó por un tono conciliador y motivador. El preparador elogió el despliegue físico y técnico firmado por los pupilos del conjunto turco en sus compromisos recientes, recordando que la juventud y la ambición no entienden de techos y que cualquier futbolista con talento contrastado tiene derecho a soñar con cotas mayores.
La consigna interna en la expedición barcelonista es nítida: abstraerse de los elogios desmedidos y esquivar las polémicas externas que buscan desestabilizar el vestuario antes de tiempo. Flick ha blindado a su plantilla bajo una disciplina estricta donde cada compromiso se encara con la exigencia de una final eliminatoria, consciente de que los trofeos no se ganan en octubre por muy brillante que resulte el arranque.
