Florentino ante el verano más peligroso de su era en el Real Madrid

El Real Madrid llegó al final de temporada exactamente donde nunca quiere verse: mirando al Barcelona celebrar una Liga mientras el Bernabéu acumula silencio, frustración y preguntas incómodas. Después de otro curso sin títulos importantes, el foco ya no apunta únicamente al césped. Ahora todas las miradas se dirigen hacia Florentino Pérez. Porque cuando el Madrid fracasa, tarde o temprano siempre termina apareciendo la misma exigencia: que el presidente vuelva a intervenir para reconstruir el orden.

Y esta vez el desgaste alrededor de la figura presidencial es más visible que nunca. Durante los meses más delicados del curso, Florentino desapareció prácticamente del primer plano institucional. No explicó públicamente la destitución de Xabi Alonso, evitó exponerse en los momentos más tensos y ni siquiera apareció en escenarios simbólicamente importantes como el último Clásico en el Camp Nou. Su ausencia también pesó en Valdebebas tras el conflicto entre Valverde y Tchouaméni, alimentando la sensación de que el club atravesaba la tormenta sin una voz fuerte visible al mando.

Ahora, sin embargo, ya no existe margen para esconderse detrás del calendario competitivo. El Madrid necesita decisiones rápidas y profundas. Y la primera pasa inevitablemente por el banquillo. Álvaro Arbeloa no continuará después de una etapa incapaz de corregir la caída deportiva y emocional del equipo. El técnico madridista llegó como solución de emergencia, pero el contexto terminó devorándolo antes incluso de poder consolidar una idea reconocible.

En ese escenario emerge con fuerza otra vez José Mourinho. El portugués aparece hoy como el gran favorito para asumir la reconstrucción blanca, especialmente por lo que representa más allá del aspecto táctico: autoridad, liderazgo y control emocional del vestuario. Florentino cree que el Madrid perdió parte de su identidad competitiva durante esta temporada y entiende que Mou podría devolver precisamente esa agresividad institucional que tantas veces caracterizó al club.

El vestuario, Mbappé y el miedo a una fractura interna

Pero cambiar de entrenador no bastará. El gran desafío de Florentino será reconstruir una plantilla que transmite síntomas de agotamiento y desorden competitivo. Jorge Valdano recordó tras el Clásico el precedente de 2009, cuando el Madrid respondió al sextete del Barça con una revolución histórica encabezada por Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema y Xabi Alonso. Nadie espera un terremoto de aquella dimensión, pero sí una intervención profunda en todas las líneas del equipo.

Y dentro de esa reconstrucción existe un asunto especialmente delicado: la convivencia entre Vinicius y Mbappé. El experimento futbolístico nunca terminó de encajar plenamente y dentro del club empiezan a crecer dudas incluso sobre la relación fuera del terreno de juego. El extraño final de temporada del francés ha disparado algunas alarmas internas y Florentino entiende que permitir una fractura alrededor de las dos grandes estrellas sería dinamitar el proyecto desde dentro.

También el liderazgo del vestuario aparece ahora bajo revisión. La temporada dejó una sensación preocupante: el Madrid perdió voces fuertes dentro del grupo. Ni Vinicius ni Valverde lograron consolidarse como referentes emocionales en los momentos más difíciles y el episodio vivido entre Tchouaméni y el uruguayo terminó exponiendo todavía más esa ausencia de jerarquía interna. El club ya debate incluso si debe replantear el modelo de elección de capitanes para recuperar figuras de mayor autoridad competitiva.

Por eso este verano no será simplemente otro mercado de fichajes en el Bernabéu. Será una prueba de poder para Florentino Pérez. Quizá la más importante desde aquella reconstrucción posterior al dominio del Barça de Guardiola. Porque el Madrid puede tolerar perder títulos puntualmente, pero jamás acepta perder el control de sí mismo. Y después de una temporada marcada por el caos, el desgaste y la sensación de vacío institucional, el presidente vuelve a estar obligado a hacer exactamente lo que más veces le salvó en el pasado: intervenir con contundencia antes de que el ciclo termine de romperse. @mundiario