No es serio que el Real Madrid pierda LaLiga con 14 puntos de diferencia a falta de tres jornadas. No es serio que Mbappé se ausente por una sobrecarga que dura ya 15 días. No es serio que el club acumule 119 lesiones en dos temporadas. El diagnóstico es claro: el Madrid vive atrapado en un bucle de errores y despropósitos.
El equipo blanco, que debería ser la NASA del fútbol, se ha convertido en un proyecto improvisado. Vinicius dinamita planes, Ceballos se enfrenta al entrenador y Arbeloa se muestra orgulloso de un vestuario que se golpea entre sí. El Madrid lo fía todo a la Champions, pero en Liga es un equipo perezoso y sin rumbo.
Mientras tanto, el Barcelona celebra. Flick ha devuelto valor a LaLiga y encadena dos títulos consecutivos, algo que el Madrid apenas logró una vez en 26 años. La diferencia es abismal: el Barça vive del día a día, el Madrid de excusas. Y en el Camp Nou, ni siquiera hizo falta que los azulgranas pisaran el acelerador.
Los goles de Rashford y Ferran, con la magia de Olmo, bastaron para cerrar el Clásico. Courtois, recién recuperado, evitó una goleada mayor con paradas de mérito. Pero el contraste fue brutal: mientras el Barça exhibía orden y talento, el Madrid se desangraba en un partido que nunca supo competir.
Mbappé y Bellingham, símbolos de la decepción
Mbappé no anda fino. Su ausencia por molestias musculares se ha convertido en un misterio que dura semanas. Su gesto en Instagram, animando al equipo cuando ya perdía 2-0, fue más un parche que un liderazgo real. El francés no transmite confianza y su temporada parece condenada a terminar en silencio.
Bellingham tampoco escapa a la crítica. Tras un inicio fulgurante, su rendimiento se ha desplomado. El inglés se ha convertido en un jugador anecdótico, otro expediente X en un Madrid que colecciona decepciones. Mientras el foco se centra en Vini y Mbappé, Jude pasa inadvertido en partidos clave.
Solo Brahim mostró rebeldía en el Camp Nou. El malagueño fue el único que generó caos en la defensa azulgrana, pero Arbeloa lo retiró a falta de 15 minutos. Una decisión que refleja la desconexión entre entrenador y jugadores, y que deja al Madrid sin chispa en los momentos decisivos.
El Clásico de 2026 será recordado como el espejo de un Madrid roto. Lesiones, conflictos internos, decisiones incomprensibles y una Liga perdida con demasiada antelación. El Barça celebra, el Madrid se lamenta. Y la sensación es que, más allá de la Champions, el club blanco ha perdido su identidad. @mundiario
