La muerte de Quentin Deranque, joven estudiante de 23 años vinculado a círculos nacionalistas y militante de la formación monárquica Acción Francesa, ha trascendido el ámbito judicial para convertirse en un huracán que ha arrasado con la campaña de las elecciones municipales de mediados de marzo, y ha puesto en la peor posición posible al partido La Francia Insumisa (LFI), de Jean-Luc Mélenchon, con todo el arco político volteado en su contra.
Deranque falleció tras recibir una brutal paliza en Lyon, después de acudir a una protesta contra un acto de la eurodiputada Rima Hassan, militante de LFI, en la Universidad de Sciences Po. El joven había acudido como refuerzo de seguridad del colectivo Némesis, una organización que se define como feminista con postulados identitarios y antiinmigración, que orbita en el sector de la extrema derecha.
La Fiscalía de Lyon ha imputado a 11 personas, entre ellos ocho hombres y tres mujeres, por presunto homicidio voluntario, violencia agravada y asociación delictiva. Al menos seis habrían participado directamente en la agresión mortal.
El dato políticamente explosivo radica en que la mayoría de los detenidos pertenece a Jeune Garde (Guardia Joven), un grupo antifascista ilegalizado el pasado junio, fundado por el actual diputado insumiso Raphaël Arnault. Entre los arrestados figura su asistente parlamentario, Jacques-Élie Favrot.
De la investigación penal al aislamiento político
La implicación de personas vinculadas al entorno de LFI ha acelerado una dinámica de aislamiento que hasta ahora había afectado principalmente a la extrema derecha. Durante años, el llamado “cordón sanitario” fue invocado contra la extrema derecha del Reagrupamiento Nacional (RN), liderado por Marine Le Pen. Hoy, sin embargo, la narrativa parece invertirse.
El presidente del RN, Jordan Bardella, pidió explícitamente crear un cordón sanitario en torno a LFI, acusando a Mélenchon de “abrir las puertas de la Asamblea a un presunto asesino”. El escándalo, además, coincidió con la clasificación de “extrema izquierda” por parte del Ministerio del Interior para referirse a la formación.
La presión no procede solo de la derecha. La alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo, reclamó suspender a Arnault y aislar políticamente a Mélenchon. El ex presidente socialisra François Hollande fue más allá al dar por rota cualquier alianza futura con LFI, reclamando una “izquierda reformista”. Incluso el primer ministro, Sébastien Lecornu, instó públicamente a la formación a “hacer limpieza en sus filas” y a frenar la retórica de confrontación.
La ambigüedad de Mélenchon
La reacción de Mélenchon ha sido objeto de escrutinio. Si bien condenó la muerte —“la muerte no tiene cabida en las disputas políticas”— introdujo matices al acusar a la opinión pública de “hacer un uso político del crimen, no es lo mismo la violencia ofensiva que la defensiva” y afirmar que Daranque “no estaba allí por casualidad ni había ido a jugar”, sino que “su objetivo era asociarse a una milicia”.
Esa ambivalencia ha sido leída por sus adversarios como una minimización del crimen. El propio Mélenchon había calificado en el pasado a Jeune Garde como “una organización aliada y vinculada al movimiento insumiso”, lo que refuerza la percepción de afinidad, no solo ideológica.
El contexto agrava la situación en el sector progresista. LFI formó parte del Nuevo Frente Popular (NFP), por lo que el escándalo ha terminado salpicando al conjunto de la izquierda que concurrió en las legislativas adelantadas por Emmanuel Macron, y pone en la diana al Partido Socialista, Partido Comunista, Los Ecologistas y Plaza Pública. El NFP, además, fue la coalición más votada en las legislativas de 2024, que dejó una Asamblea Nacional fragmentada y sin mayoría clara.
Francia ha vivido históricamente bajo la lógica del aislamiento de los extremos. El “frente republicano” funcionó durante décadas para frenar a la extrema derecha. Sin embargo, el avance electoral del RN ya había erosionado esa barrera. Lo novedoso ahora es la posibilidad de que ese mecanismo simbólico se aplique también a una fuerza situada a la izquierda del espectro tradicional. @mundiario
