Dispuesto a enfrentarse al lado más oscuro del pasado de Francia Macron ha intentado aportar luz sobre varios asuntos delicados de la memoria histórica de su país. A principios de marzo, declaró que Alí Bumeyel, un destacado dirigente del nacionalismo argelino, fue asesinado por tropas francesas en 1957, en el marco de la guerra de independencia. Hoy, su labor se ha dirigido a las víctimas del genocidio de Ruanda, donde 800.000 tutsis y hutus moderados fueron asesinados durante la primavera de 1994.
Cuando se produjo el genocidio, el presidente de Francia era François Mitterrand, un socialista con una biografía sumida en las sombras. Según varios expertos consultados por ABC en febrero, la principal preocupación del mandatario era mantener la zona de influencia de la francofonía en África, una labor que le facilitaba el régimen hutu, en el que se hablaba francés. Exiliados en Uganda y preparados para regresar a su país, los tutsis, organizados en el Frente Patriótico Ruandés (FPR), eran anglófonos, lo que suponían un freno a ese deseo.

