El salto del fútbol a la diplomacia internacional empieza a tomar forma como una posibilidad real dentro del entorno de Donald Trump. Según informaciones publicadas por The New York Post, el presidente estadounidense estaría impulsando la candidatura de Gianni Infantino para convertirse en el próximo secretario general de la ONU, una elección que marcará el futuro liderazgo del organismo multilateral a partir de 2027.
La propuesta refleja la confianza que Trump habría depositado en el dirigente suizo, a quien considera una figura con capacidad para negociar entre países y construir acuerdos. Fuentes próximas al mandatario estadounidense citadas por el diario aseguran que Infantino es visto como alguien “respetado internacionalmente” y con una habilidad especial para conectar con distintos sectores.
De la organización del Mundial a una posible carrera diplomática
La relación entre Trump e Infantino se fortaleció durante la celebración del Mundial de 2026, un torneo organizado por Estados Unidos, México y Canadá que se convirtió en la edición más grande de la historia del campeonato.
Durante los meses previos y durante la competición, ambos dirigentes compartieron numerosos actos públicos. El presidente estadounidense tuvo un papel destacado en varios eventos relacionados con la Copa del Mundo, mientras que Infantino buscó estrechar vínculos con la administración norteamericana.
Esa cercanía llegó incluso al terreno simbólico, cuando la FIFA otorgó a Trump un reconocimiento vinculado a la paz y el liderazgo internacional. Para sus defensores, la trayectoria de Infantino al frente del organismo futbolístico demuestra una capacidad para gestionar intereses enfrentados entre más de 200 federaciones nacionales, una experiencia que podría trasladarse a una institución con 193 Estados miembros como Naciones Unidas.
Sin embargo, el posible movimiento también genera interrogantes. La ONU no funciona bajo la lógica de una organización deportiva y su secretario general debe afrontar conflictos militares, crisis humanitarias, negociaciones climáticas y tensiones entre grandes potencias.
Un proceso de elección complejo y con muchos obstáculos
La designación del nuevo secretario general de Naciones Unidas no depende únicamente del respaldo estadounidense. El candidato debe recibir primero la recomendación del Consejo de Seguridad, donde los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— cuentan con derecho de veto.
Después, la Asamblea General debe ratificar el nombramiento. Ese camino convierte la elección en una negociación diplomática de alto nivel en la que cualquier candidatura necesita apoyos amplios.
Infantino, de 56 años, todavía no ha confirmado si estaría dispuesto a abandonar la presidencia de la FIFA para asumir una responsabilidad completamente distinta. Además, el dirigente deberá afrontar en 2027 un nuevo proceso electoral dentro del organismo futbolístico, donde podría optar a continuar al frente de la institución.
Entre los posibles competidores para dirigir la ONU figura también Rafael Grossi, actual responsable del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), quien ya ha expresado su intención de impulsar reformas profundas en Naciones Unidas.
La polémica que acompaña a la alianza Trump-Infantino
La posible candidatura de Infantino llega acompañada de críticas relacionadas con la percepción de cercanía entre la FIFA y la Casa Blanca. Uno de los episodios más controvertidos ocurrió durante el Mundial de 2026, cuando Trump intervino públicamente tras la expulsión del delantero estadounidense Folarin Balogun.
El jugador iba a perderse un partido decisivo por sanción, pero la FIFA revisó la medida y suspendió temporalmente la penalización. La decisión generó cuestionamientos sobre una posible influencia política en decisiones deportivas que tradicionalmente deberían mantenerse independientes.
Aunque Trump negó haber pedido un resultado concreto, el episodio reforzó la imagen de una relación excepcionalmente cercana entre ambos dirigentes.
Ahora, esa alianza podría adquirir una dimensión completamente diferente. El posible desembarco de Infantino en Naciones Unidas plantea un debate sobre si la experiencia de gestión en el deporte global puede convertirse en una herramienta válida para la diplomacia internacional o si representa una nueva forma de politización de las instituciones multilaterales. @mundiario
