El fútbol tiene una extraña capacidad para cambiar la perspectiva de un club en apenas unas semanas. Hace solo unos meses, el Deportivo de La Coruña vivía todavía bajo la presión psicológica de no volver a fallar en el intento de regresar a Primera División.
Hoy, con el ascenso consumado tras la victoria en Valladolid y la ciudad aún celebrando el retorno a la élite, la conversación ya gira alrededor de otra cuestión mucho más ambiciosa: cómo construir un equipo capaz de sobrevivir en el fútbol de máxima exigencia. Y en ese nuevo escenario aparece un nombre que empieza a simbolizar la transición entre el Dépor que logró ascender y el que ahora pretende consolidarse en Primera: Gijselhart.
Fernando Soriano, director de fútbol del club coruñés, dejó caer en una entrevista en Radio Coruña que el Deportivo trabaja efectivamente en esa incorporación. No hubo confirmación rotunda, pero sí una sonrisa reveladora y un mensaje suficientemente transparente como para entender que el club ya se mueve en un mercado muy distinto al de temporadas anteriores.
El ascenso directo permite al Deportivo anticiparse al mercado y construir un equipo pensado para sobrevivir en Primera sin renunciar a su nueva identidad. El club quiere mantener a Yeremay
La frase aparentemente improvisada de Soriano —“es un jugador que sí se ha visto”— resume bien el nuevo momento del Deportivo. Después de años sobreviviendo entre limitaciones económicas, incertidumbre institucional y urgencias deportivas, el club vuelve a pensar en términos de proyecto y no únicamente de resistencia. A sus 21 años, el mediocentro holandés Gijselhart ha completado un gran año con De Graafschap en la segunda categoría de los Países Bajos después de un primer intento fallido en la Eredivisie.
El ascenso directo ha cambiado por completo la planificación. Evitar el desgaste del playoff no solo permitió cerrar antes la temporada: también concede tiempo, margen y capacidad de maniobra en un mercado donde cada semana de anticipación resulta decisiva. Soriano lo reconoció abiertamente. El Deportivo seguirá estando entre los clubes con menor límite salarial de Primera, pero dispone ahora de algo quizá más importante: estabilidad, identidad deportiva y una conexión social muy difícil de encontrar en otros proyectos recién ascendidos.
Ahí reside probablemente una de las grandes fortalezas del nuevo Dépor. El club que preside Juan Carlos Escotet parece haber entendido que competir en Primera no consiste únicamente en gastar más dinero. También implica construir una estructura coherente, proteger el talento diferencial y sostener un modelo reconocible. Por eso el discurso de Soriano transmite tanta tranquilidad alrededor de jugadores como Yeremay Hernández. El director deportivo insiste en que cuenta plenamente con él para la próxima temporada y desliza la sensación de que el club se siente ahora mucho más fuerte para retener talento. No es una cuestión menor. Durante demasiados años, el Deportivo vivió en una posición de debilidad estructural, obligado muchas veces a vender antes incluso de consolidar proyectos competitivos.
La continuidad de Yeremay tendría además un enorme valor simbólico. Representaría la idea de que el Deportivo puede volver a crecer alrededor de jugadores capaces de marcar diferencias en Primera División y no únicamente actuar como un club de paso o reconstrucción permanente.
Algo parecido sucede con la renovación de Nsongo Bil, convertido ya en uno de los símbolos emocionales del ascenso. Soriano admite que el atacante “se lo merece” y confirma su incorporación definitiva al primer equipo. El caso de Bil ilustra también una de las líneas estratégicas más interesantes del nuevo Deportivo: la exploración del mercado africano mediante cesiones y procesos de adaptación progresiva, apoyados en estructuras como el Fabril y figuras clave como Manuel Pablo.
No es casualidad que Soriano destaque precisamente la paciencia y la aclimatación como elementos centrales del crecimiento de estos futbolistas. En una Primera División donde muchos clubes medianos sobreviven apostando por mercados alternativos e infravalorados, el Deportivo parece decidido a construir una política deportiva menos dependiente del corto plazo.
Juan Carlos Escotet, clave
La otra gran noticia para el deportivismo es que el ascenso ha reforzado la sensación de reconciliación entre el club y su entorno social. La figura del presidente Juan Carlos Escotet aparece cada vez más vinculada a esa reconstrucción emocional. Su presencia junto a la afición, las mejoras en Riazor, la apertura del museo o la voluntad de escuchar las demandas de los seguidores forman parte de un relato institucional muy distinto al de los años más traumáticos de la entidad.
El Deportivo vuelve a parecer un club conectado consigo mismo. Y eso, en el fútbol contemporáneo, no es poca cosa. Naturalmente, el desafío real empieza ahora. Soriano lo admite con crudeza cuando recuerda el caso del Levante UD y la enorme dificultad de lograr la permanencia. Mantenerse en Primera debería considerarse “algo muy importante”, casi al nivel emocional de un ascenso. Tiene razón.
Porque el fútbol español se ha convertido en un ecosistema extremadamente hostil para los recién llegados. Las diferencias presupuestarias son enormes y la permanencia exige inteligencia, estabilidad institucional y capacidad para competir sin complejos. El Deportivo tendrá que asumir probablemente varias salidas, redefinir parte de la plantilla y acertar con fichajes que multipliquen rendimiento antes que nombres.
En ese contexto, Gijselhart aparece casi como una declaración de intenciones. Más allá de su rendimiento futuro, simboliza el inicio de una nueva etapa: la del Deportivo que vuelve a mirar hacia arriba, que planifica desde la ambición razonable y que intenta reconstruir una identidad competitiva en Primera División.
La verdadera noticia quizá no sea un posible fichaje concreto. La verdadera noticia es que el Deportivo vuelve a comportarse como un club de Primera antes incluso de empezar la temporada. @mundiario
