Google retira la generación de imágenes en Google Earth por la ola de desinformación

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Google ha retirado la función de generación de imágenes con IA en Google Earth, conocida como Nano Banana 2, tras detectar un aluvión de desinformación gráfica: usuarios crearon desde falsas catástrofes hasta infraestructuras militares inexistentes.
  • ¿Quién está detrás? La compañía Google (Alphabet) lanzó la herramienta el jueves 30 de julio y la desactivó apenas un día después, el viernes 31, tras las críticas y la evidencia de que sus marcas de agua digitales resultaban fáciles de burlar.
  • ¿Qué impacto tiene? El episodio expone la fragilidad de los sistemas de verificación de IA y la velocidad con que la desinformación puede expandirse a escala global, afectando la confianza en los contenidos digitales. Para España, la retirada refuerza la urgencia de mecanismos de autenticación más sólidos, en un momento en que la Unión Europea avanza en la aplicación del Reglamento de IA.

Google ha pisado el freno de emergencia: retiró la generación de imágenes con IA en Google Earth tras una oleada de desinformación. La función, bautizada como Nano Banana 2, apenas duró un día. La compañía la presentó el jueves 30 de julio con un post optimista: «¿Alguna vez has mirado un solar vacío y has imaginado un jardín comunitario?». La promesa era sencilla: cualquier imagen satelital, aérea o en 3D podía transformarse tecleando lo que uno quisiera ver. Pero lo que los usuarios acabaron viendo no eran jardines.

El investigador Henk van Ess tomó la invitación al pie de la letra. En un artículo titulado «How to plant a nuclear plant in Iran», mostró que la herramienta no rechazaba ninguna petición. Refugiados en una frontera, una central nuclear en Irán, un accidente mortal en una calle de Ámsterdam, un hospital con un cráter de bomba en Gaza. Nada era descartado. En un vídeo, el propio van Ess generó imágenes donde “los refugiados invaden las calles” en México. Pronto, otros usuarios empezaron a de de crear escenas aún más preocupantes: un avión golpeando la Freedom Tower, un cráter hundiendo Islandia, la torre Eiffel derrumbada.

Nano Banana 2: cómo convertir cualquier rincón del mapa en una catástrofe

La herramienta aprovechaba modelos generativos de IA para modificar las imágenes de Google Earth, el repositorio cartográfico más consultado del mundo, con más de mil millones de usuarios activos al mes. Bastaba con escribir una descripción y la inteligencia artificial recreaba la escena sobre el mapa real. La idea original era creativa: visualizar cómo podría cambiar una zona, recuperar paisajes históricos o imaginar proyectos urbanísticos. Sin embargo, la ausencia de filtros previos y una moderación casi inexistente abrieron la puerta a la fabricación masiva de desinformación visual.

Google reaccionó señalando que cada imagen generada incluía la marca de agua digital SynthID, diseñada para que cualquiera pudiera verificar si una imagen había sido creada por IA usando la app Gemini o la búsqueda con Lens. Pero van Ess puso a prueba esa supuesta trazabilidad. Pasó uno de los vídeos por Hive, un detector de IA externo, y el resultado fue demoledor: solo un 1 % de probabilidad de ser un vídeo generado por IA y un 0 % de ser un deepfake. El fallo no era necesariamente de Hive —estaba analizando un vídeo real que el investigador había grabado—, sino del propio enfoque: la verificación en origen resultaba casi imposible de aplicar en el uso cotidiano.

Las marcas de agua no bastan cuando la IA puede recrear la realidad con un poco de imaginación y una conexión a internet.

La respuesta urgente de Google y lo que falló en la detección

El viernes 31 de julio, apenas 24 horas después del anuncio, Google actualizó su blog para comunicar que retiraba la función. Literalmente dijo que había visto cómo se compartían capturas de pantalla «que parecen violar nuestras políticas», y que suspendía la herramienta para «implementar barreras de seguridad más sólidas». La compañía subrayó que las imágenes generadas no aparecían en la experiencia principal de Google Earth y que siempre estaban marcadas como creación de IA. Pero el daño reputacional ya estaba hecho.

El incidente revela que ni siquiera las grandes tecnológicas, con sus sofisticados sistemas de etiquetado, pueden frenar la desinformación visual cuando el acceso a la herramienta es universal. La naturaleza abierta de Nano Banana 2 y la velocidad viral de las redes sociales convirtieron en pocas horas un experimento en un riesgo tangible para la credibilidad de los contenidos digitales.

La lógica de Silicon Valley

La historia responde a una dinámica típica de la industria tecnológica estadounidense: lanzar rápido, recabar datos y parchear después. La competencia feroz por liderar la carrera de la IA generativa empuja a compañías como Google a acelerar los lanzamientos. Sin embargo, cuando el producto afecta a la percepción de la realidad —y no a un simple juego de filtros—, las consecuencias saltan a la primera línea. La falta de filtros previos en Nano Banana 2 no fue un descuido, sino una decisión deliberada de ofrecer máxima libertad creativa. El problema llegó cuando esa libertad se usó para fines disruptivos.

Para España, este episodio tiene una lectura doble. Por un lado, miles de usuarios españoles consultan a diario Google Earth, por lo que la confianza en lo que ven en pantalla es relevante. Por otro, el caso alimenta los argumentos de quienes reclaman una aplicación estricta del nuevo Reglamento europeo de IA, que obliga a las plataformas a adoptar medidas de transparencia y control de riesgos. El Gobierno español ya ha defendido en Bruselas un enfoque exigente frente a contenidos generados artificialmente, y lo ocurrido con Google puede acelerar esas discusiones regulatorias. Las grandes tecnológicas saben que el margen para equivocarse es cada vez menor, sobre todo cuando la desinformación puede fabricarse con un sencillo comando de texto.

Ficha del Caso

  • El caso: Google retiró en 24 horas la función Nano Banana 2 de Google Earth después de que usuarios crearan cientos de imágenes falsas (catástrofes, ataques, infraestructuras inexistentes) sin restricción alguna.
  • Datos clave: La función se activó el 30 de julio y se anuló el 31 de julio. Henk van Ess demostró que la marca de agua SynthID no era eficaz; el detector externo Hive solo atribuyó un 1 % de probabilidad de generación por IA a uno de los vídeos.
  • Para España: El caso refuerza la necesidad de mecanismos de autenticación más robustos en la UE y puede influir en la posición española ante la aplicación del Reglamento europeo de IA, mientras la audiencia local de Google Earth sigue expuesta a la desinformación visual.

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