Guatemala revive sus peores recuerdos mientras el Volcán de Fuego aumenta su actividad

Guatemala mantiene activado su protocolo de emergencia después de que el Volcán de Fuego incrementara notablemente su actividad con emisiones de lava, ceniza y gases que obligaron a reforzar las medidas de protección en las comunidades situadas en sus alrededores.

La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) declaró la alerta naranja, un nivel que indica una situación de peligro y que permite acelerar la coordinación entre organismos públicos, equipos de rescate y autoridades locales.

Hasta el momento, unas 659 personas han sido trasladadas desde ocho comunidades cercanas al volcán hacia albergues habilitados en los departamentos de Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango. Las autoridades prevén que más poblaciones puedan ser evacuadas si la actividad del volcán continúa aumentando.

Durante la madrugada, el volcán mostró una intensa actividad con explosiones, columnas de humo, caída de ceniza y expulsión de material incandescente. El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) advirtió de que la evolución del fenómeno debe seguirse con especial atención por la posibilidad de nuevos episodios eruptivos.

El recuerdo de 2018 aumenta la preocupación entre los habitantes

El Volcán de Fuego, con 3.768 metros de altura, es uno de los volcanes más vigilados de Guatemala por su historial de episodios violentos. Su ubicación, entre zonas habitadas de tres departamentos, convierte cualquier incremento de actividad en una situación de riesgo para miles de personas.

La actual emergencia revive el impacto de la erupción del 3 de junio de 2018, una de las peores tragedias naturales recientes del país. Aquel episodio dejó cientos de fallecidos, comunidades desaparecidas y afectó a cerca de 1,7 millones de personas, según los registros oficiales.

Aunque las autoridades han insistido en que las evacuaciones actuales son preventivas, el antecedente de 2018 ha llevado a extremar las precauciones. Los equipos de emergencia han pedido a los vecinos que no esperen a una situación crítica para abandonar las zonas vulnerables.

Además del peligro directo por la lava o los flujos piroclásticos —mezclas de gases, cenizas y fragmentos de roca a temperaturas extremas—, la ceniza volcánica puede provocar problemas respiratorios, afectar cultivos y generar complicaciones para animales y actividades económicas locales.

Guatemala refuerza las medidas mientras continúa la vigilancia

La respuesta oficial incluye el cierre preventivo de vías cercanas al volcán y la suspensión de clases presenciales en varios municipios para reducir la exposición de estudiantes y trabajadores a la ceniza y otros riesgos asociados.

Las autoridades también trabajan en la atención de los animales que quedaron en las viviendas evacuadas, una de las principales preocupaciones de las familias desplazadas temporalmente.

 

El escenario dependerá de la evolución del volcán durante las próximas horas. Los especialistas mantienen un seguimiento constante de las explosiones, la altura de las columnas de ceniza y la posible aparición de nuevos flujos volcánicos.

La situación vuelve a recordar que el Volcán de Fuego no solo representa un fenómeno geológico, sino también un desafío permanente para las comunidades que conviven con uno de los gigantes más imprevisibles de Guatemala. @mundiario